martes, 12 de septiembre de 2017

Circular de subida al pico Buitre desde la Majada de Lézar. Sierra de Castril

Ruta realizada el día 20 de Junio del 2015.

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio, al pueblo de Castril, donde alquilamos una pequeña casita, pasando la noche del viernes y el sábado, para realizar una circular de subida al pico Buitre.

Partimos muy temprano de Castril, por la carretera que lo une con el pueblo de Fátima. A la altura de la población de Martín, nos desviamos hacia nuestra izquierda, según sentido de la marcha,  observando un cartel que indicaba “Parque Natural Sierra de Castril”.

A continuación, seguimos por un largo carril de tierra que nos llevaría a la Fábrica de la Luz  o al Cortijo del Nacimiento, pero en esta ocasión nos desviamos bastante antes de llegar. Pasado el cortijo de las Tabernillas, tomamos el primer carril, que en ascenso, se desviaba hacia la izquierda, buscando la Majada de Leza, pero dejamos el coche en las primeras curvas del carril, ya que desde allí mismo comenzaríamos la circular.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro proyecto, con idea de subir al pico del Buitre y después terminar realizando una amplia circular, con la posibilidad de pisar alguna que otra elevación de la zona. El día se presentaba caluroso y a más de uno, le pasó factura, siendo la causa por la que recortamos la circular inicial pensada.

Comenzamos como "señoritos", por un amplio carril de tierra que mantuvimos durante un largo trayecto. Primero nos llevó a cruzar el Barranco del Buitre, mediante un puente que lo salvaba y dejaba bajo nuestros pies el curso de aguas transparentes y corrientes, provenientes de la Cerrada de Lézar. Luego con una pendiente mantenida y entre un denso pinar nos llevó hacia la Loma de Lézar, dejándonos observar al mirar hacia atrás, la Cerrada de Lézar y ese curioso plano inclinado calizo, bajo la Majada de Lézar. Posteriormente atravesamos el Barranco Seco.





En este punto tuvimos la oportunidad de abandonarlo, para introducirnos directamente por ese Barranco para terminar saliendo, tras subir una empinada pendiente, cerca de la base de la Morra del Poyo de Ramos, lugar por el que también accedíamos utilizando el carril, preferimos la comodidad, !!! quién sabe en qué fregaos nos tendríamos aún que meter !!!


De nuevo, tras superar el Barranco, nos tocó subir, hasta alcanzar la zona alta de la ladera que formaba la estribación que delimitaba al Sur, el Barranco Seco. Aquí dejamos el carril, que continuaba y se perdía en la lejanía y continuamos por otro de menor entidad que delimitaba campos de cultivo, creo recordar, almendros.

Nuestra pretensión era tomar sentido Oeste, hacia el cerro de Poyo Ramos, en nuestro camino y dirección se nos presentó un vallado que delimitaba una parcela de almendros, la saltamos para posteriormente volver a hacerlo, para dejar el recinto. Por supuesto, cada vez que realizamos este acto, intentamos ser lo más respetuoso posible con el material. Al salir, nos dimos cuenta que podíamos haberlo bordeado, sin necesidad de haberlo cruzado por su interior. En el track lo tengo marcado con los waipoints "portilla- salto de valla bordean"

Continuamos sin sendero definido, entre pinos, encinas, arbustos y plantas de menor porte, subiendo hacia la base del cerro. Vistas espectaculares sobre el embalse del Portillo, La Horquilla, Peña de Lézar y resto de cumbres de esta Sierra.




Alcanzamos un falso llano, exento de todo, sólo un pequeño pasto seco, amarillo anaranjado con piedras diseminadas. Una zona bastante diferente al resto y realmente llamativa, para el lugar en el que se encontraba, era como una enorme terraza.


La cruzamos más o menos paralelamente al Barranco Seco, hasta alcanzar la base de la Morra del Poyo de Ramos, dónde encontramos de nuevo, un claro sendero, que bordeaba por el Norte la citada elevación. Se trataba del Camino de los Madroñales. Senda más rocosa que el anterior tramo y con presencia de árboles y matorral bajo.

Caminábamos por la divisoria que formaban dos barrancos, el Seco al Norte y el del Laude o de Meitíscar, al Sur.







Poco a poco fuimos avanzando y paulatinamente bajando hacia el Barranco del Laude, pasando por pinares más espesos y abundantes, hasta que alcanzamos su cauce en la zona conocida como Los Piornales y Pastizales del Buitre, donde encontramos una roca muy singular en forma de bóveda sostenida por arcos.



Continuamos por el cauce seco del barranco, pasando bajo el refugio de los Prados, pequeña casetilla enclavada en un lugar paradisiaco, donde pastaban relajadamente varios equinos.


Alcanzamos el collado e invertimos el sentido de marcha, para acceder a lo alto del pico Buitre, pasamos por una fuente abrevadero o tornajos y fuimos bordeando en leve subida, por el Sur, la elevación, hasta que situados prácticamente debajo, tiramos dirección Norte para encumbrarlo.

En el inicio de la subida, coincidimos con un numeroso grupo de cabras domesticas, cuyo patrón común, es que eran todas blancas. Rápidamente pisamos la cumbre y nos fotografiamos junto a su poste geodésico, allí descansamos algo y valoramos el resto de la ruta que pretendíamos realizar, ya que la calor iba en aumento y proporcionalmente la pérdida de sales a través del sudor.








Este pico era como un torreón pétreo sobre el que se situaba el Poste geodésico, con unas vistas amplias a todo su alrededor y poseía junto a él, a una cota algo inferior, como una segunda elevación, que mientras mis compañeros se tomaban un refrigerio sentados en el escalón que formaba el poste, yo me acerque a verlo. Contemplándose desde lejos el pico Buitre, como más impactante y altivo. 

Toda su ladera Noroeste era un inmenso canchal de piedras sueltas, donde algún que otro ejemplar de pinos, resistía como podía esa marea de piedras que se les venía encima.

Esa misma ladera creaba, según el IGN, Los Chorreadores, zona abrupta que formaba la cabecera del barranco del Buitre.



Regresamos por el mismo camino de ida, pasando de nuevo junto al rebaño, que descansaba tranquilamente en los diferentes huecos de las rocas para refugiarse del sol. Pasamos otra vez los Tornajos y llegamos al collado. Desde allí, circunvalamos la cabecera del Barranco del Buitre, pasando por lugares muy curiosos, con formaciones rocosas de las más diversas, dirección hacia el Cerro de la Pinaílla, con idea de proseguir hasta la Loma de las Cabrillas, pero en el transcurso de este trayecto, varias bocanadas de calor, nos hicieron desistir en esa idea y recortamos por la vía más rápida.








Antes de comenzar la subida al citado cerro, comenzamos a ladear, perdiendo bastante cota, ya que divisamos un sendero perfectamente marcado, a lo lejos, por la zona de las Perchas, bajo el cerro de la Pinaílla. No nos importó perder cota, ya que tuvimos que pasar bajo unos riscos que nos impedían el paso, ya que el sendero hallado se situaba a una cota inferior a la nuestra.

Este tramo lo hicimos campo a través entre un alto pinar, superando varios pequeños barrancos, hasta que alcanzamos al principal aporte que abastecía al del Buitre en sus inicios. Cruzamos su cauce seco, que algo más abajo, se tornaba mucho más agreste, precipitándose de forma considerable, buscando el Barranco principal del Buitre, hecho que comprobamos algo más adelante cuando nos asomamos a un risco que se introducía a la cota del sendero por el que íbamos, sobre el barranco. Observando desde lo alto, la gran y profunda hendidura que producía el barranco en esta sierra.








Previamente, pasamos junto a un cobijo que parapetaba del sol, a un rebaño de ovejas que pegadas unas a las otras, pasaban el tiempo, de forma estática.




Proseguimos por el magnífico y montañero sendero, que nos llevaba por el borde del barranco, gozando de unas magníficas vistas, entre las que estaba una curiosa  y enorme roca en forma de cencerro, o al menos, así la bauticé yo.






Continuamos por el largo sendero, con un objetivo a alcanzar delante y a lo lejos, un enorme espolón vertical pétreo, como un menhir de nuestros antepasados, pero a lo bestia, igual se trata del Picón de las Monteses, como indica en esa zona el IGN, mientras seguíamos gozando de las espléndidas vistas que desde él disponíamos, entre ellas, la Cerrada de Lézar, al fondo del impresionante barranco del Buitre.



Aprovechábamos los pocos regueros de agua existentes para refrescarnos algo, para poder proseguir. 

Terminamos alcanzando esas elevaciones lineales pétreas anteriores, con diversas formas extrañas.






Ahora nos tocó pasar bajo el circo de Loma Alta, bajo los Calarillos, cuyo contorno y perfil era enrevesado y abrupto, sería casi imposible realizar esa cresta o cordal. Circo que formaba el Barranco de Zunjillo, otro tributario del Buitre. Una zona caótica de rocas, por la que el sendero se perdía y aparecía luego, creando cierta confusión.


Seguimos entre diferentes pináculos de piedras que salían aislados del terreno con formas retorcidas y llamativas, cuando enfilamos hacia una elevación que nos encontramos en nuestro camino, que nos hizo sudar, ya que tuvimos que ascenderla hasta cierta cota, para posteriormente bordearla por su base. Al consultar el mapa, me cercioré de que se trataba del cerro del Calarejo y no quise perder la oportunidad de pisarlo.

Mis compañeros hartos de piquitos, se sentaron, tomando un refrigerio mientras yo retrocedí algo, ya que lo habíamos pasado, y en poco tiempo estuve sobre él. Fotografías mías y de mis compañeros, para atestiguarlo.








Desde esta elevación se observaba perfectamente la loma longitudinal por la que íbamos andando, con el embalse al fondo. Más adelante, unos riscos en forma de terraza que también daban al barranco del Buitre y como colofón, la Cerrada de Lézar, ya más cercana.

Es una zona impresionante y montañera.

Bajé del cerro, me reuní con mis dos compañeros de fatiga y reemprendimos la marcha, alcanzamos la zona aterrazada, que era algo inclinada y cortada a pico sobre el barranco, lugar calizo cien por cien, con vistas inmejorables, lugar de oteo por excelencia sobre el embalse y sierras de alrededor.






Pasado este sector, nos encontramos con una ladera bastante despejada de piedras y vegetación, que en clara pendiente descendente, nos llevó a nuestra siguiente posición, que no podía ser otra cosa, que otra elevación caliza y afilada, a la que de nuevo, abducidos, fuimos atraídos para coronarla.













Tras esta última incursión, nos quedó una prominente bajada, por un lugar que si no fuera porque llevábamos track con diferentes recorridos por ese lugar, no nos creeríamos que por allí había salida.

Recuerdo la anécdota de ese día, que fue, que una cría de cabra de color negro, balaba como una loca y al vernos, se vino desde un lugar bastante alto, flechada hasta nosotros, como queriendo que le ayudáramos a encontrar a su madre, muy próxima a nosotros, pero sin llegar a darnos una total confianza a poder tocarla, nos acompañó durante un rato, hasta que se hartó. Pensaría que no era lo más acertado acompañarnos.



Esta larga y pendiente bajada nos llevó cerca de la Majada de Lézar, prácticamente cerrando la circular emprendida por la mañana, pero decidimos acercarnos a la misma Cerrada de Lézar, dónde un letrero nos indicaba Fin de Sendero. Nos introducimos un poco en la misma, donde nos protegimos del sol y aprovechamos para quitarnos botas y calcetines y refrigerar nuestros destrozados pies.












Tras un buen descanso, y con los pies nuevos, tomamos dirección hacia el cortijo de Lézar, pasamos junto a él, donde tuvimos la oportunidad de contemplar dos ejemplares de pavos reales albinos. Dimos con el carril, que pasaba por la parte superior de la enorme placa caliza inclinada, situada junto a la majada y que por la mañana, en el inicio del recorrido, pudimos observar desde lejos, para poco más adelante dar con el vehículo que dejamos en una de esas curvas.






Ducha en el pueblo de Castril y un buen lote de cervezas merecidas, que nos hizo realizar un recorrido de vuelta a nuestro alojamiento con más de alguna curva extra.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





 Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:


NOTA:

Con este blog solo quiero dejar constancia de algunas de las salidas que hago, normalmente acompañado de mis amigos, por las Sierras por las que me muevo. Sólo pretendo aportar mi experiencia personal, en el momento puntual de realizar mis itinerarios, que como comprenderéis pueden ser cambiantes en cuanto a climatología y estaciones del año y no es mi intención que las explicaciones, comentarios y fotos que acompañan a cada una de las entradas de este blog sirvan de guía para otros montañeros, ya que no tiene por qué ser ni la mejor opción de ruta, ni las mismas condiciones del tiempo, ni tampoco los tiempos empleados.
Deseo que os guste, sea de vuestro agrado y os sirva la información.

Gracias por vuestra visita.