lunes, 23 de junio de 2014

Circular de subida al Peñón del Toro, Sierra Margarita y al pico Labradillo

Ruta realizada el día 25 de Enero del año 2.014.

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio.

Antes de nada, comentar que aunque se trata de una ruta de extrema belleza, también es de gran dureza, larga y tiene diversos puntos donde no hay que bajar la guardia, un resbalón podría ocasionar graves consecuencias.

También comentar que se pasa por fincas privadas y hay que contar con los permisos de sus dueños.

Procedentes de Sevilla, pasamos a la altura de Puerto Llano hacia Algodonales y antes de llegar, nos desviamos hacia Zahara de la Sierra. Justo antes de entrar en el pueblo, nos desviamos a la derecha hacia Prado del Rey por la comarcal CA-8102, estacionando el vehículo en un ensanchamiento casi enfrente del cortijo del Álamo.

Allí mismo estuvimos hablando con varios de sus dueños, que muy, sí, repito, muy amablemente, nos indicaron posibles trazados a coger para llegar a nuestros objetivos y en ningún momento, todo lo contrario, pusieron pega alguna a que pasáramos por sus propiedades. La verdad es que estas acciones te reconfortan y vuelves a creer algo más en la ya olvidada, cordialidad, confianza, humanidad y comprensión.

Desde aquí, mi agradecimiento.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra ruta pasando entre las viviendas del cortijo así como de sus corrales, donde nos pasó una anécdota. Pasábamos junto a un corral repleto de ovejas donde había un gran perro guardián, un mastín joven de color blanquecino que en ningún momento emitió un solo ladrido, pero que nos iba siguiendo paralelamente a nuestro caminar por el interior del vallado. Nosotros relajados, hablando sobre el gran animal, que menos mal que estaba al otro lado hasta que, de repente y casi sin darnos cuenta, se coló por un roto del vallado y se nos puso al lado. Imaginaros el susto que nos llevamos!!! Aceleramos el paso y, justo al sobrepasar el vallado, el perro se dio la vuelta y se volvió a introducir por el hueco.

Durante un rato nos quedamos blancos hasta que poco a poco fuimos tomando color. Un perro que se nos pone al lado que “ni cruje ni muge”, haciendo perfectamente su labor de guarda. Pasamos cierto “acojone”!!! Que el perro parecía un caballo!!!

Bueno, paso al relato. Caminábamos por un carril embarrado, paralelos al arroyo del Álamo, por la parte baja de la falda de El Parralejo, lo cruzamos y, en subida, llegamos a una edificación, tipo cortijo, algo en ruinas.




Continuamos en ascenso, pasando por las zonas de las Majadillas y tomando altura. Las vistas desde aquí comenzaban a ser amplias y bellas. Hacia nuestro lado el embalse y pueblo de Zahara con su torre sobre el cerro, y de fondo los tajos de Lagarín y las Grajas eran de impresión.





 Alcanzamos la parte superior de esta primera larga subida, según el IGN conocida por las Casas. Nos tomamos un respiro y gozamos de las espléndidas vistas que nos rodeaban.



Se trataba de una zona despejada de vegetación y sin ningún obstáculo significativo, eso sí, terminamos junto a un vallado que tuvimos que llevar paralelo a nuestra derecha.

El trazado requería seguir subiendo pero, esta vez, sí tuvimos que atravesar parte de maleza compacta e incómoda. Durante un corto trayecto, fue algo selvático y laberíntico.

Aparte de la maleza nos tocó trepar por zonas rocosas. Las rocas plagadas de musgo verde y el cortado que se iba intuyendo a nuestra izquierda a medida que ascendíamos, iban dando un aire aventurero a la ruta. 

Como leí en algún blog, este itinerario se puede considerar multiaventura.







Accedimos a nuestra siguiente plataforma pétrea tras ir caminando y apoyando manos, progresando sobre la ladera que se iba tornando algo vertical. Las vistas cada vez más llamativas. Oteábamos a mayor altura.

Nos esperaba ahora una magnífica rampa de losas de piedras calizas que subimos guardando el equilibrio por su gran pendiente y manteniendo, en todo momento, la valla a nuestra derecha. A nuestra izquierda se encontraba una gran caída vertical.






Una vez arriba, la visión del Peñón y de Sierra Margarita era “en dos palabras: Im-presionante". Sobre el Peñón los buitres nos observaban, confundidos, como a bichos raros ¿Qué hacen esos aquí?


Toda la cuerda del Peñón de los Toros describe una planta semicircular y con el promontorio de Sierra Margarita al fondo. Producía una visión espectacular muy montañera.



La valla que nos acompañó un buen recorrido paralelamente, en este punto, se retiró perpendicularmente a nosotros sobre la pequeña estribación de la loma del Peñón de los Toros, donde ahora nos encontrábamos, dejándonos libre hacia nuestro destino.

Se intuía una cordal complicada y abrupta, pero lo que no pensé en ningún momento es que íbamos a pisar literalmente los riscos donde oteaban y descansaban los buitres leonados, de hecho, cuando llegamos a esos lugares, estaban plagados de deposiciones y plumas de estos animales.

Antes de emprender la caminata hacia la cordal del Peñón, nos sentamos y disfrutamos de las vistas que nos regalaba el entorno acompañadas de unas ricas frutas. Algodonales a los pies de la sierra de Líjar, el embalse de Zahara con su torre sobre el cerro, toda la sierra del Pinar con el Cornicabra delante de ella. De película ¡!!





A partir de este punto, la adrenalina saltó completa. Una cordal exigente, llamativa, espectacular. Los buitres volaban por debajo nuestra, pasaban como aviones a poca distancia, se unificaban más arriba y vuelta a empezar. Era emocionante contemplar esta maravilla.

Habíamos tenido la osadía de quitarle durante algunos minutos sus tronos de vigilancia.


 Se trataba de una zona caótica de bloques de piedras por los que trepábamos para seguir avanzando por esta impresionante cordal que es el Peñón de los Toros.




Formaciones rocosas de lo más variadas y curiosas. Terminada toda esta Loma, la visión completa del Margarita nos llamó poderosamente la atención. Se veía un pico difícil de coronar, cubierto completamente de vegetación.







Terminada la Loma del Peñón de los Toros, nos topamos con un vallado que, buscando alguna portilla, nos llevó a una zona relativamente llana. Continuamos siempre con un vallado lateral y entre una espesa vegetación.




Teníamos espléndidas vistas sobre toda la garganta Verde y de los Tajos de Lagarín y las Grajas, así como, más al fondo, del cerro Malaver.

Al comienzo, descendimos hasta el collado que separa la Loma del Peñón de los Toros con la falda de Sierra Margarita pasando por rincones muy curiosos y por un sendero relativamente bien visible y fácil de seguir, con espléndidas y amplias vistas.






Luego nos tocó subir de nuevo. Al cabo de un tiempo tuvimos que dejar el sendero para subir por una empinadísima ladera cuya primera parte era un pedregal inmenso, que superamos cada uno como mejor pudimos, y el resto, en severa pendiente y con un firme terroso ligeramente embarrado que hacía que al pisar no tuviéramos una total seguridad de anclaje.




Así progresamos lentamente hasta alcanzar la cresta del Margarita, zona rocosa y abrupta. Junto a nosotros teníamos el circo formado por el Cornicabra y el cerro Pilar, la laguna del Perezoso a nuestros pies y se divisaba la Mesa de Ronda la Vieja, donde se encuentran los restos de la ciudad romana de Acinipo, con toda Sierra Nevada al fondo. Un auténtico espectáculo para los sentidos.

Pasamos por planchas rocosas con exageradas pendientes que, con el uso de las manos y realizando algunas trepadas, pudimos superar. Ya veíamos el poste geodésico del Margarita, estábamos muy cerca, pero aún nos reservaba alguna sorpresa inesperada.



Para acceder al promontorio rocoso donde está ubicado, había que vencer unas caras calizas que supongo que en épocas de lluvias o simplemente mojadas sería un obstáculo casi insuperable, pero tuvimos la suerte de que el día era magnífico y la roca estaba seca, con un inmejorable agarre, lo que nos llevó a realizar la última trepada de esta cordal, algo más expuesta.

A quién le gusten las emociones esta es una magnífica ruta, eso sí, superando su grandes dificultades.




Sólo nos restó caminar entre rocas y vegetación baja hasta alcanzar el poste geodésico. Vistas a 360º, magníficas y por supuesto nuestro tercer objetivo de la jornada, el cerro del Labradillo, “qué más lejos, no podía estar todavía ¡!!” Nos entraron las dudas de si lo podríamos conseguir. Principalmente por no tener claro por donde bajar del Margarita sin perder demasiado terreno, cota y longitud y, segundo, porque realmente parecía lejano, además de tener que superar una elevación intermedia que se levantaba entre nosotros y el Labradillo.




Pero como estos retos son los que nos gustan, tras picar algo arriba y decidir el mejor descenso que, cual iba a ser si no, era bajar por la misma ladera con alta pendiente y campo a través y sin tener nada claro entre la espesura de la vegetación si nos íbamos a encontrar con algún cortado que nos pusiera fin al invento, para allá que nos pusimos a descender, agarrándonos de las propias plantas del camino para no salir rodando cuesta abajo y, poco a poco, logramos descender utilizando senderillos de cabras hasta que, sin perder cota, nos dirigimos hacia el collado evidente, el Puerto de Alhucema. Allí contactamos con el carril o camino de tierra que, de seguirlo, nos podría llevar a la salida del barranco de Bocaleones.





Nosotros lo cruzamos en dos ocasiones transversalmente para subir directamente al cerro intermedio en el que, mediante senderos difusos, superamos la fuerte pendiente inicial para ir, poco a poco, suavizándose a medida que alcanzábamos su cumbre. De un principio herbáceo pasamos, en su cumbre, a una parte completamente rocosa.




Al final resulto un atractivo pico, ya que formaba una ligera cordal rocosa muy entretenida de patear. 


Terminamos caminando de nuevo junto a un vallado que dejamos a nuestra derecha y. a nuestra izquierda, las inmensas paredes cortadas a pico de la sierra del Pinar con el pico de los Mellizos y del Águila en primer plano.



Superado este escollo, llegamos a una especie de planicie, antesala de la nueva subida hacia el Labradillo. Caminábamos entre encinas de buen tamaño.


Aquí tuvimos que superar, con la ayuda de una gran roca donde estaba instalado un vallado que nos permitió entrar en la mismísima falda del Labradillo, un lugar donde todas las rocas estaban cubiertas de un auténtico manto de musgo. Los árboles iban siendo menores pero mayor en su número y, a medida que caminabas, te encontrabas en un bosque cada vez más denso, tanto es así, que tuvimos que ir sorteando ramas todo el camino, principalmente cuando nos encontrábamos próximos a su parte superior.







Terminamos en un cúmulo de rocas, creyendo que se trataba de su parte más alta. Era difícil orientarse en esa maraña vegetal pero, al subirnos en ellas y observar toda esa meseta que forma el pico además de comprobar los GPS, nos dimos cuenta que aún no habíamos llegado a nuestro destino.

El Labradillo es un cerro cubierto por una enmarañada vegetación, sobre todo en su corona superior, principalmente formada por arbustos de mediano porte y, de vez en cuando, te encuentras pequeñas zonas despejadas, como pequeñas islas desnudas de vegetación entre la selva espesa. Era muy curioso.


Deambulamos por su parte central buscando llegar a unas elevaciones rocosas que intuíamos que fuesen su parte más alta. Pasamos varios vanos exentos de vegetación y otros completamente colmatados.

En uno de los claros nos encontramos con un ciervo muerto, comido por los buitres, pero con el pelaje bastante entero además de toda su imponente cornamenta.


Entre plantas y arbustos progresamos hasta que, por fin, contactamos con el promontorio calizo, cumbre del cerro, lugar de grandes cortados. Espectacular!! Un auténtico mirador sobre el pueblo de Benamahoma y toda la sierra del Pinar, como la más cercana.









Sobre la roca había una inscripción tallada de los años 70. Allí nos tomamos unas almendras disfrutando de las maravillosas vistas y pensando en la larguísima vuelta que aún nos quedaba por realizar y, lo malo es que ya eran cerca de las cinco de la tarde, lo que sabíamos que supondría llevar los frontales encendidos durante un largo tiempo.




Con premura, nos preparamos para la vuelta y atravesamos todo el Labradillo como si ya lo conociéramos de toda la vida y eso que cambiamos un poco el itinerario de vuelta, que a la postre, nos dimos cuenta que fue bastante más cómodo y fácil.

Una vez que volvimos a pasar junto a la gran charca, y superada de nuevo la valla por el mismo punto, nos relajamos algo más ya que conectamos con un carril que habíamos observado desde lo alto mientras bajábamos del cerro intermedio (el anterior al Labradillo) y éste nos conectó directamente sobre el principal.




Todo el regreso lo hicimos a marcha militar, a un fuerte ritmo, aunque no por ello no gozamos de los elementos bellos que nos fuimos encontrando por el camino como los grandes quejigos o la visión de unas nubes paradas por las pantallas de los picos de la sierra del Pinar y alguna que otra florecilla o setas curiosas.





El camino nos llevó, siempre en descenso, por la vaguada formada por Sierra Margarita y el cerro de El Portezuelo y, durante un trayecto,  paralelo a la Garganta de la Laja, hasta que se nos unió con el principal que une Benamahoma con Zahara de la Sierra.



Por él caminamos y nos llevó a una cancela, que tuvimos que abrir, pasando junto a la laguna del Perezoso y en la cual existía un cartel que indicaba la prohibición de paso a los ciclistas. Curioso, no?



Pasamos junto al aljibe y a las ruinas del cortijo de los Albarranes y, en este punto, por recortar una amplia curva que realizaba el carril, nos metimos en un berenjenal. Tuvimos que pasar entre zarzas para volver a recuperarlo, salimos arañados por todas partes y lo peor de todo fue el tiempo precioso que nos quitó. “Ná, la ideas de alguno del grupo que no quiero mencionar aquí”.



De nuevo sobre el carril, anduvimos un buen trecho hasta que en una curva acentuada cercana al cortijo del Peñón de los Toros, nos desviamos del mismo.

Al principio, con una alegría inusitada viendo que continuábamos por otro carril, prácticamente ya sin luz, pero que se fue marchitando al comprobar que, a medida que íbamos andando, se iba transformando en sendero.

Nos colocamos los frontales, la noche nos pilló, pero menos mal que el sendero por el que caminábamos era de los de toda la vida que aparecen marcados en los mapas y que era muy marcado y relativamente fácil de seguir ya que, con las luces de los frontales, ese apartado no es cómodo de realizar.


Por suerte, el sendero discurría paralelo al arroyo de la Cañada del Álamo, que es el que nos iba a llevar directamente al cortijo por el que entramos por la mañana.

Estuvimos más de una hora caminando con los frontales pero nuestra mayor preocupación en esos momentos era el recuerdo de ese peaso de perro que nos iba a estar esperando, y encima llegando de noche. Durante un cuarto de hora estuvimos discutiendo la colocación de cada uno cuando pasáramos a la altura del corral, a ver a quién de nosotros el perro le daría el primer bocao. Para mayor inri, los dueños estarían metidos en el cortijo, así que .... solos ante el peligro.

Pues nada, llegó el momento. A la altura del corral, el perro que nos ve!!! Por supuesto no ladró, que eso ya fastidia y, como antes, se salió del vallado, se nos pegó literalmente, más bien se metió entre nosotros, y con los co… de corbata, nos acompañó hasta que terminó el vallado, donde se dio la vuelta y se volvió a introducir por el hueco.


Pasamos el cortijo, ladraron otros perros que tenían atados y llegamos, por fin, al ansiado coche donde nos relajamos, nos tomamos nuestros últimos buches de líquidos, cambio de calzado y ropa y flechados para Montellano a reponer de todo.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace de Wikiloc:

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