miércoles, 4 de marzo de 2015

Lineal desde Trevelez al Puntal de Vácares, pasando por otros tres miles. Sierra Nevada

Ruta realizada el día 28 de Junio del 2.014.

Fuimos Mª José y yo, Antonio.

Llegamos el día anterior a Trevélez y nos hospedamos en el Hotel La Fragua II situado en lo alto del barrio Medio del pueblo. Cómodo y confortable.

Por ponerle alguna pega, el acceso para el vehículo es muy estrecho y hay que maniobrar algo y, tras la paliza que nos pegamos en la ruta que describiré, el acceso peatonal obligaba a subir una escalerita que resultaba pesada. Pero en general era magnífico, incluido su restaurante del que dimos buena cuenta al final de la ruta.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, salimos directamente del hotel donde nos alojamos. Callejeamos un poco por el pueblo hasta dar con la salida o sendero clásico de subida a las Siete Lagunas que ya comenté en una entrada anterior;





En esa ocasión, pasado el río Culo de Perro y la acequia de Prado Llano, nos dirigimos hacia el Peñón del Globo pero, en este trazado que estamos relatando, lo dejamos a nuestra izquierda y seguimos hacia el Yunque, piedra con esa forma característica que se ve desde bastante lejos.





Entre ambos puntos podría haber un kilómetro y medio más todos los que hay desde Trevélez hasta aquí. Lo comento porque el desnivel que llevábamos superado era de unos mil trescientos metros y bastante desarrollo horizontal (todos los que habéis subido desde Trevélez a Siete Lagunas, sabéis lo largo y pesado que se hace, sobre todo a la vuelta, este trayecto) y, prácticamente, acabo de iniciar mi relato. Sólo intento poneros en la situación que nos encontrábamos en ese momento.



Una vez alcanzado el Yunque (es la primera vez que llego a este punto) nos hartamos de echarnos fotos con esta piedra tan curiosa. Avanzamos algo más y conectamos con la Loma de la Alcazaba, que era el collado al que teníamos que llegar y que veíamos constantemente.



Lo que no imaginamos en ningún momento, incluso sabiéndolo ya que llevábamos planos de la ruta que queríamos realizar, era la enorme extensión que se nos abrió, de forma instantánea, de sopetón, frente a nuestras narices.



De entrada, mi primer pensamiento fue el de que no conseguiríamos llegar a nuestro último objetivo. El Puntal de Vacares, estaba lejos, pero lejos… a tomar por cu…….!!!!

Tras la paliza que ya llevábamos, dos perros asilvestrados que parecía que no nos quitaban ojos desde las colinas y la distancia que aún nos quedaba por recorrer, sinceramente, si no fuese por la cabezonería de Mª José de tirar “palante”, igual me hubiera conformado con ver este magnífico circo que se nos abrió tras superar la Loma de la Alcazaba.


Será difícil explicar las vistas que desde aquí tuvimos, pero lo intentaré.

Al Norte, y muy a lo lejos, estaba el circo formado por los picos Cuartos o la Buitrera, Juntillas y Covatillas flanqueados por la cordal, situada al Oeste, del pico La Justicia, Atalaya y los que queríamos realizar, Vacares, Acucaderos y Goterón, hasta alcanzar la Alcazaba. Por el Este lo cerraba el Cerro Pelado y el Horcajón de Trevélez.

En su interior y por el fondo del valle discurría el río Juntillas que nacía de las lagunas de nombre homónimo.

La Loma del Vacares ocultaba su circo, incluida su laguna y, delante nuestra, al Noroeste, el circo de los Acucaderos con las lagunas de las Calderetas, en su interior, desaguando por el Barranco de las Calderetas hacia el Barranco de Valdeinfiernos, al que también aportaba aguas, mediante el Barranco del Goterón, mediante una preciosa y gran cascada que caía desde una buena altura. Por seguir el recorrido, terminar con los inmensos Tajos del Goterón, situados sobre la misma falda de la Alcazaba.

Las vistas hacia el Noreste también eran vastas e impresionantes, desde la Loma de Piedra Ventana, que nos ponía el límite, a las Lomas de Granados y de las Albaradas, escondiendo barrancos inmensos que confluían y formaban el río Trevélez.

Sobre los planos, y eso que estoy acostumbrado a usarlos, las cosas a veces parecen cercanas, cuando en la realidad no es así. Eso fue lo que me pasó en esta ocasión.

Decidimos continuar y, si había que tirar de frontales, al menos que ya estuviésemos por el sendero de vuelta de las Siete Lagunas. Ese era nuestro propósito.

Bajamos la ladera que formaba el Barranco del Goterón desde la Loma de la Alcazaba por un señalado y marcado, pero empinado sendero de montaña, muy bien realizado aunque, en algunos puntos, se confundía algo por los numerosos recortes realizados sobre el mismo.



Pasamos por debajo de la estribación de los Tajos del Goterón, riscos que alimentaban y surtían, con el tiempo, todas esas piedras sueltas de las que se formaban las laderas por las que caminábamos.



Poco a poco, llegamos a la cabecera de la cascada y nos acercamos al lugar donde caía mediante un bonito salto de agua. En época de deshielo tiene que ser una auténtica maravilla.





Estuvimos un buen rato en este bello lugar e, incluso, nos tomamos unas frutas gozando de este espectacular paisaje.

Decidimos atacar en primer lugar el Puntal del Goterón, así que tomamos dirección hacia la Cañada del Goterón, al principio un gran caos de rocas que nos hizo entretenernos un rato buscando el mejor itinerario para evitar el subir y bajar entre enormes rocas con el desgaste que eso provoca y no perder excesiva cota en el trayecto. Por fin, logramos contactar con un marcado sendero, al principio en la parte baja de la estribación que separa las lagunas de las Calderetas con la Cañada por la que caminábamos y que, poco a poco, nos iba subiendo hacia la divisoria.




Alcanzada ésta, los Tajos del Goterón, que teníamos casi al Sur, eran una autentica muralla rocosa de paredes verticales insalvables. Hacia el Norte, descubrimos las lagunas de las Calderetas que, hasta el momento, permanecían ocultas. Fotos a mogollón a ambas vertientes, sirviendo de fondos fantásticos.





Con las tonterías, nuestro primer objetivo lo teníamos cerca y en lo alto de esta estribación así que, en poco tiempo, lo alcanzamos, no sin antes deleitarnos con las vistas que, de nuevo, se nos mostraban de otra inmensa zona de Sierra Nevada, la del pico Veleta, Los Machos y Puntal de la Caldera, con todos esos enormes circos.









Sobre nuestro primer tres mil, el Puntal del Goterón de 3.071m de altitud, fotos desde todos los ángulos y fondos posibles, observando con curiosidad a esos dos perros asilvestrados que, en esos momentos, estaban persiguiendo cabras monteses, sin la menor oportunidad, cerca de una de las lagunas de las Calderetas.

A nuestras espaldas se quedaban los Tajos del Goterón con la Alcazaba de fondo y, hacia el frente, toda la cordal que nos quedaba aún por recorrer. Al Este, a nuestra derecha, teníamos abajo, las lagunas de la Caldereta y, al lado contrario, toda la inmensa zona del corral de Valdeinfiernos entre otros.

Continuamos hacia nuestro segundo tresmil, Los Acucaderos o Puntal de la Caldereta, por supuesto, con calma e impregnándonos de todos sus rincones. Dudo mucho que vuelva por esta zona, al menos desde el pueblo, durante un largo tiempo así que…. gozándolo completamente y, si se hacía de noche, ya lo teníamos asumido.



Nos subimos a todos los resaltes rocosos que nos encontrábamos, todos puntos de oteo de primer orden, escudriñando todas sus vistas e intentando identificar todo lo que se nos ponía delante. Los fondos para las numerosas fotografías que nos hacíamos eran cada vez más impresionantes. Cada vez entraban en escena picos más importantes y emblemáticos. Nos dirigíamos a puntos de observación cada vez más privilegiados.

Llegamos a los Acucaderos. Se trataba de un espolón que se erguía hacia arriba como un pequeño peñón que, al principio, me intimidó un poco y no vi claro su subida. Además, Mª José se sentó en el interior de un hueco que le daba sombra y me dijo que, para ella, eso ya eran los Acucaderos. Además estaba alerta de los dichosos perros que corrían más abajo.


Pero yo tenía ganas de consolidar ese segundo pico, lo que me hizo buscar algún paso para intentar subirlo. Poco a poco fui venciendo los obstáculos y pronto me encontré en lo más alto.

Los Acucaderos o Puntal de la Caldereta, con sus 3.094m de altitud, conquistado para mi listado de tresmiles de esta Sierra. Una pasada. Preciosas sus vistas. Lástima que bajé pronto por encontrarse Mª José abajo sola y no era plan.



Una vez abajo descansamos algo, picamos algunas cosillas y debatimos la opción de intentar coronar el Vacares. No estaba lejos, pero tampoco cerca, y el acceso era francamente caótico. Todo bloques de piedras, sin un trazado claro. De vez en cuando había algún hito, aunque se perdían o no lo veíamos.


Curiosamente veíamos, desde nuestra posición, un grupo de montañeros en lo alto de nuestro futuro objetivo y se llevaron en él un buen tiempo, el mismo que nosotros en el nuestro intentando aclarar si lo intentábamos o no.

De repente los vimos bajar hacia nuestra dirección y nos quedamos fijándonos más o menos por donde realizaban el recorrido (yo no disponía de track, aunque fuese orientativo). AL final terminaron pasando frente a nosotros pero a unos veinte metros por debajo.

No lo pensamos más, miramos el reloj y decidimos acometer la empresa completa. No fue fácil ya que el recorrido en ningún momento se veía completo. A medida que avanzabas y resolvías las diferentes opciones de paso, te encontrabas con otras. De hecho, tuvimos que rectificar en ocasiones. Pero con paciencia y teniendo como referencia nuestro Puntal, poco a poco, nos íbamos acercando hasta, por fin, lograrlo.




Hubo un detalle que nos cortó el rollo un poco. Justo en la cumbre, vimos un par de botas que intuimos que serían de un montañero que estaría descansando un rato, incluso una pequeña siesta merecida, pero se trató de las botas de un montañero que, de alguna manera, murió y le colocaron sus botas, unas flores de plástico y, no sé si alguna placa, en esta cumbre. Aunque eso se trate de un símbolo realizado de todo corazón en recuerdo de un amigo, compañero o familiar, lo cierto es, que es dejar basura en un entorno privilegiado.









Yo, sinceramente, no estoy de acuerdo con este tipo de homenajes póstumos porque se podrían llenar las cumbres de este tipo de símbolos y, para el resto, creo que no es lo que más no gusta encontrar en un lugar después de un gran esfuerzo, con todos mis respetos hacia el difunto y compañeros. Todavía recuerdo cuando realicé el barranco de Gorgas Negras, en la Sierra de Guara, que tienes que pasar en el inicio del barranco por un montón de placas de personas que, supongo, se habrán ahogado o habrán tenido algún percance fatal y, sinceramente, no es lo más idóneo para comenzar un barranco. Sin embargo, veo que se están quitando de muchas cumbres, cruces que llevan muchos años y que, sin ser religioso, ni creyente, es algo que entiendo menos que esté ocurriendo.

Desde luego, será difícil entendernos y más utilizar unas normas coherentes para todos, comenzando por lo de coherente, je, je…

Bueno, nos realizamos las fotos atestiguando el tercer tresmil conseguido, Puntal de Vacares con sus 3.144m de altitud, y cerrando toda esa zona oriental de Sierra Nevada, con todos sus tres miles realizados y conseguidos.



Desde este pico, teníamos unas excelentes vistas de su laguna perfectamente dibujada, casi circular, con su color azulado resaltando sobre los alrededores, y de la cordal hasta el Puntal de los Cuartos.


Llevaba un track con vuelta hacia Trevélez por el propio río homónimo, pero veía que se trataba de una enorme circular donde la noche estaba asegurada en su regreso y se trataba de una zona completamente desconocida para mí. Pasaba por tomar toda la Loma del Vacares completa y luego, por la acequia del Vacares, desviarnos hacia el río Trevélez.

Pensé mejor, que aunque regresaríamos por el mismo camino de ida, era más conocido y, sobre todo, tenía seguridad de ser bastante marcado y claro, así que tomamos un poco la Loma del Vacares, aunque pronto la abandonamos para bajarla por la propia ladera hacia una de las lagunas de la Caldereta, campo a través, pero entre rocas con buenos apoyos y buscando los mejores pasos.





Pronto llegamos junto a la primera laguna y bajamos en diagonal la Cañada de las Calderetas, casi en dirección Sur, cruzando el Barranco de las Calderetas para pasar justo al final de la estribación por la que, por la mañana, habíamos subido hacia el Puntal del Goterón.



Sólo nos quedó subir un corto desnivel (aunque no tengo claro eso de corto desnivel a esa altura de recorrido ya que, cualquier cuestecita, costaba sudores), para enlazar y conectar sobre el trazado realizado hacia la ida. Algo antes de la cascada del Barranco del Goterón.





Ya, el resto del recorrido, fue por el mismo camino “eterno” de vuelta.






Aunque llegamos con luz al pueblo, no sol, solo tuvimos tiempo de ducharnos y salir a tapear, de noche. Tuvimos un día magnífico y plenamente aprovechado.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

2 comentarios :

  1. Esta vez lo de las fotos sí que te lo has currao de verdad.
    Ya sabes que a mí lo de los tres miles me afectan mucho, así que no me das demasiada envidia.
    Pero una preciosidad de artículo y colección de fotos.
    Juan José.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, bueno... algo de cuentitis hay en ello, todavía me quedan varios tres miles por realizar y cuento contigo

      Eliminar