martes, 4 de junio de 2013

CIRCULAR A LA PEÑA NEGRA

Ruta realizada el domingo 5 de Mayo 2013.

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio, el que les escribe.

Procedentes de Sevilla por la A-92, desviándonos por la A-45 dirección Málaga y, posteriormente hacia Villanueva del Cauche y El Colmenar por la C-340, dejamos nuestro vehículo en el arcén de la carretera en un ensanche, próximos al Km 547 y paralelos a la ladera, donde comenzaremos la caminata sobre la peña, desde donde divisábamos varias oquedades en su pared.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro periplo senderista.

La vegetación estaba exuberante, altísima y muy florecida, incluido multitud de cardos junto a los que había que pasar sorteándolos.



Desde la misma carretera iniciamos nuestro trazado y, rápidamente, conectamos con un sendero que, entre la vegetación, se iba abriendo camino de forma zigzagueante y en continuo ascenso. Rápidamente llegamos a una cueva o, más bien, un amplio cobijo que estuvimos explorando.






Ganábamos altura rápidamente y la pendiente era acusada, pero íbamos más preocupados por los tajos que había por allí, según la información que  indicaban los diversos  blogs que habíamos consultados, que de otra cosa. 





Tan atentos íbamos, que no nos dimos cuenta, prácticamente, del esfuerzo realizado y, en un plis plas, nos encontramos con la cruz metálica no sin, por supuesto antes, gozar de las magníficas vistas que se iban dando a la vez que subíamos.




En la cruz, nos encontramos por primera vez sobre la cuerda de la Peña que, ya no íbamos a abandonar en ningún momento.



Las vistas, a pesar de no estar a una gran altura, eran increíbles. Se veía en primer lugar la sierra de las Cabras y, más al fondo, el Torcal con el Camorro Alto como máxima elevación.

Aquí decidimos tomarnos un aperitivo, pues el lugar lo requería. Toda la cordal a nuestra espalda por donde tendríamos que pasar y el final de la misma que terminaba cayendo casi vertical próxima a donde estábamos sentados. Un auténtico lujo que sólo costaba el esfuerzo de llegar. Qué más se puede pedir!!

Tras el refrigerio y disfrutar de ese magnífico mirador, proseguimos con la subida y cresteo de toda la Peña Negra.

Es un lugar no apto para cualquiera. Hay que ir de bloque en bloque sobre piedras, ayudarte de las manos en numerosas ocasiones y con un cortado vertical constante a tu izquierda. Eso sí, también lo puedes evitar si no vas por la mismísima cordal.

No hay que tener vértigo y caminar de forma concentrada y con el pelín de tensión que te mantiene alerta en las situaciones de necesidad sin llegar al pánico, lógicamente.

Tuvimos la suerte de estar en el momento en que la explosión de color de las flores era máxima y, todas y cada una de las terrazas que veíamos, estaban tapizadas de ellas.










Llegamos a un paso, evitable como todos los que pasamos, donde se caminaba por un pretil relativamente ancho bordeado, por un lado, por una gran vertical y, por el otro, con una gran pendiente lateral.

Aquí también la máquina fotográfica echó humo.



Continuamos ascendiendo por la cuerda hasta alcanzar una alambrada. No entiendo bien su utilidad en ese lugar.

La pasamos fácilmente y estaba bastante deteriorada y machacada en varios puntos. 


Mirábamos continuamente hacia atrás ya que se percibía claramente la cresta pasada y era impresionante y abrupta, realmente igual que la que teníamos por delante que nos quedaba por recorrer.






Poco a poco llegamos a su parte superior donde la pendiente se suavizó y nos recibió con una zona, relativamente llana y holgada, donde se percibía el buzón de su cumbre.











Se trataba de una cómoda y privilegiada terraza, un auténtico mirador natural. Se percibía perfectamente todo el arco calizo central, con el Chamizo, Camarolos, ect…

La Maroma espectacular!! Aún conservaba trazas de nieve en su cumbre, un lugar encantador para tomarse unos bocadillos y demás manjares que salieron de nuestras mochilas.




Estuvimos comentando cómo bajar pero la cordal seguía durante un tramo más, así que decidimos continuarla durante el trayecto que pudiésemos por la sencilla razón que nos suele mover en esos casos: “poyaquestamosaquí”.

Para poder continuar por la cordal, nos enfrentamos con nuestra primera bajada empinada del día. La hierba sobre la piedra era como jabón, super resbaladiza, y tuvimos que poner nuestras máxima atención. 



Alcanzado el punto más bajo de este destrepe, nos encontramos en un pequeño collado desde el que nacía una tremenda pedrera, un auténtico canchal que llegaba hasta la parte inferior de las ladera de la Peña por un lado y por el otro se trataba de cortados, pero nosotros continuamos en dirección a la cordal a través de grandes peñascos y buscando los mejores pasos.




Tuvimos que pasar de nuevo otra alambrada, aunque igualmente que la anterior, sin problemas.







Vamos avanzando por la arista rocosa hasta alcanzar con nuestra vista una impresionante chimenea que nos depositaría debajo de la Peña si la tomáramos.

No teníamos claro si encontraríamos paso factible para bajar si continuábamos y llegábamos a su final completo, así que optamos por intentar bajar por esa empinadísima chimenea.



Al principio se bajaba relativamente bien pero a mitad de recorrido se convirtió en un canchal y la bajada se complicó algo más.







Pero el objetivo lo cumplimos y, una vez en tierra firme a la sombra de un majuelo, nos tomamos algo de frutas y chocolate para reponer las energías gastadas.


En este punto decidimos bordear la Peña dejándola a nuestra derecha ya que el sendero era claro y cómodo. Nos llevó a una gran portilla que, tras abrirla, dejamos cerrada como la encontramos y continuamos por el marcado sendero hasta encontrarnos con una valla que tuvimos que saltar.







A partir de aquí y ya sin claro sendero, más bien de cabras, continuamos la marcha.

La vegetación era tan frondosa, tupida y alta que, en algunos momentos, sólo se nos veía el cuerpo. 

Recuerdo muchísimos cardos. Con lo que pinchan los joíos!!




Pasamos por zonas de barbechos con plantas como de avenas junto con multitud de otras de crecimiento espontáneo.




Pasamos por el borde de una zona sembrada aparentemente con trigo o algo similar la cual rodeamos y caminamos por su periferia hasta alcanzar por fin la carretera.

Una vez en ella, nos trasladamos durante un corto trayecto hasta alcanzar nuestro coche.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




SI QUIERES EL TRACK DE LA RUTA, PINCHA SOBRE EL SIGUIENTE ENLACE:



2 comentarios :

  1. Menuda pendiente se intuye en la gráfica!!! Da miedo mirarla!!!

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    1. Hola viquiló, ni te das cuenta, vas más pendiente de los posibles cortados que del esfuerzo a realizar.
      Un abrazo

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