martes, 18 de marzo de 2014

Circular al Cerro Coros y lineal al Monte Prieto

Ruta realizada el día 28 de Diciembre del 2.013.

Fuimos Mª José y yo, Antonio.

Prácticamente, puedo afirmar que mi nueva etapa senderista nació cuando realicé la circular corta al cerro Coros hace ya algunos años. Cuando recorrimos mis tres hijos, mi mujer y yo esta circular.

Se me apetecía volver y recordar esas preciosas vistas pero, con la experiencia de hoy en día, me propuse un trazado algo más largo para escudriñar rincones de la zona que no conocía.

Dicho y hecho, procedentes de Montellano y dirección hacia Algodonales, nos desviamos hacia Zahara de la Sierra y cogimos la carretera que se dirigía hacia el puerto de las Palomas.

Una vez en el puerto, aparcamos el vehículo en el llano que hay para ello y, colocadas las mochilas a la espalda y las botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra ruta.

Al otro lado de la carretera, justamente enfrente, existían unas escalinatas y peldaños para subir al mirador del puerto de las Palomas.

Nosotros iniciamos nuestro recorrido por un marcado sendero que, tras abrir una portilla, nos va conduciendo a media ladera por la falda del cerro Coros.

El día comenzó frío y nublado, además de húmedo. Todas las vistas estaban tapadas y sólo nos permitía ver el camino a seguir.





Poco a poco, el día se iba abriendo y, aunque con bastante lentitud,  nos mostraba parcialmente diferentes zonas, como el embalse de Zahara.


Las nubes fueron tomando altura y las vistas mejoraron sensiblemente. Los Tajos de Lagarín y las Grajas, aparecieron frente a nosotros.


Cuando el sendero se bifurcó, en lugar de coger el superior (que nos llevaría a realizar la circular del Coros) tomamos por el descendente que enfilaba con dirección a esa cordal-estribación de Monte Prieto y los Espartales.


Si mirábamos hacia atrás veíamos como aún, el Coros, se intentaba desprender de las nubes que todavía le impregnaban.


Las vistas comenzaban a ser amplias sobre el embalse y sus alrededores, aunque siempre con un límite nuboso por encima.


Tuvo que pasar un buen rato hasta que las nubes dejaron definitivamente de acariciar las laderas del cerro Coros e incluso tuvimos rachas donde la niebla parecía no querer marcharse de aquí.




Intentamos subir a todos los miradores naturales que nos íbamos encontrando en el camino.

En nuestro caminar nos encontramos con rebaños de ovejas con sus crías y pasamos junto a una pequeña charca que utilizarían para beber y bañarse, supongo.






Desde lo alto, fuimos testigos de una carrera de montaña que se estaba realizando por uno de los muchos senderos que existían por debajo nuestra (no hay más que ver, sobre el mapa de IGN, la multitud de senderos marcados que existen por esta zona).


Continuamos, en descenso, buscando el último mirador posible de esta estribación. Caminábamos ligeramente por debajo de la propia cordal. Caminos con espacios abiertos y amplias vistas.


Nos adentramos separándonos del sendero principal en un punto donde existían unos cúmulos rocosos muy llamativos y, entre rocas, plantas y arbustos, nos fuimos introduciendo hasta coronarlos. Era llamativo que, hasta arriba de esas rocas, existía un hito de hormigón de los clásicos que representan al monte público. Curiosamente, había multitud de ellos por todo el recorrido.






Regresamos por nuestros pasos entre el ramaje hasta alcanzar de nuevo nuestro sendero patrón.


Siempre caminando con vistas excepcionales, llegamos a pasar por debajo de las rocas que anteriormente habíamos coronado.



El sendero tomo una mayor pendiente descendente y nos hizo pasar por debajo de un farallón rocoso que había tenido un derrumbe, y no de demasiado tiempo atrás. Daba algo de “yuyu” pasar por la zona. Para más inri, volaban sobre nuestras cabezas un buen grupo de buitres.



Poco a poco fuimos dejando atrás esta delicada zona y, de repente, tras el camino que seguía hacia abajo sin freno, nos topamos con lo que yo había leído en algún blog, “La Puerta”.



Se trataba de un hueco o paso en una pared rocosa a la que había que desviarse para acceder  así que, aquí, abandonamos nuestro sendero principal para atravesar la Puerta a lo desconocido. Un punto muy curioso y llamativo en este recorrido.




A partir de este momento la pendiente se suavizó, se normalizó, casi llaneamos, pequeñas subidas y bajadas hasta que alcanzamos el punto final de nuestro recorrido, por supuesto, también marcado con un hito de monte público, un auténtico y maravilloso mirador natural sobre el embalse de Zahara, el propio pueblo y los tajos de Lagarín y las Grajas, entre otros.





Nos quedamos un buen rato contemplando tan bellas vistas pero teníamos pensado aligerar en la ruta e intentar comer en Grazalema, así que nos dimos la vuelta y, de forma rápida, volvimos por nuestros pasos.



Alcanzado el punto de la bifurcación donde nos tiramos hacia abajo (desde donde procedíamos en estos momentos), tomamos la otra vía, que iba bordeando al cerro Coros.



Cuando nos encontrábamos por su cara Sur comenzó lo más impactante de la ruta, tajos de vértigo, lugares de residencia de un numeroso grupo de buitres.








Aunque el sendero que seguíamos nos depositaba en la cordal para después, a media altura ,coronar su cumbre, preferimos ceñirnos a toda su cordal y recorrer todos sus recovecos.

Era la zona de la verticalidad pura, cortados a pico, salientes de uso exclusivo de los buitres. Un lugar privilegiado para los amantes del vértigo.

La verdad es que estuve la mar de distraído durante todo ese trayecto.



Una vez que tuve en mi punto de vista el objetivo buscado, el poste geodésico del Coros, me limité a ir directamente hacia él por una especie de plano inclinado tapizado de hierbas verdes, con alguna que otra roca desperdigada, mientras gozaba de las inmensas y amplias vistas que desde aquí se contemplaban.



Una vez en su cumbre llamaba la atención el cerro de las Lomas, final de la estribación de la sierra de las Cumbres.


En lo alto, nos encontramos aparte del citado poste con 1.328m de altitud, un pluviómetro y una casetilla. 

Supongo que como puesto de control de algunas antenas.




Mientras bajábamos y nos empapábamos de las últimas vistas del embalse y del pueblo de Zahara con su torre en primer lugar, decidimos completar la cordal dirigiéndonos hacia el último saliente de 1.278m de altitud, donde también existía un aparato para sacar datos y estudio del viento de la zona, un anemómetro totalmente vallado y con un candado anti cacos.




Desde esta elevación tiramos campo a través utilizando las sendas de las cabras hasta dar con una vivienda tipo aljibe con una fuente y sus piletas. Una vez aquí, sólo nos restó bajar por el carril que nos llevó, tras pasar una portilla, al aparcamiento donde estaba nuestro coche.



Cambio de calzado al resguardo del viento y del frío reinante y, rápido y veloz hacia Grazalema, al bar de Zulema II regentado por Salvador, a tomarnos unas ricas raciones acompañadas de sus cervezas correspondientes.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





 Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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