miércoles, 19 de diciembre de 2012

RUTA LINEAL DESDE LA VENTA MOJÓN DE LA VÍBORA AL CERRO FANTASÍA


Ruta realizada el 8 Diciembre 2012.

En esta ocasión fuimos: Lidia, Pablo, Maxi, Pepe, Juan José, Patxi, Concha, Paco y yo (el que les escribe).

Realizamos una ruta casi lineal por la parte Norte del Parque Natural de los Alcornocales.

Desde la venta del Mojón de la Víbora hasta lo alto del cerro de La Fantasía hay un fantástico mirador natural desde el que se divisaba perfectamente la zona denominada Las Motillas que alberga una compleja red subterránea, de un gran interés espeleológico, con bocas de acceso como Parralejo, Cueva del Agua, Ramblazo, etc…

Llegamos a la venta procedentes del precioso pueblo de Ubrique y, aunque llegamos temprano, no hubo forma humana de tomarnos un café o un té, ya que en este grupo existe el apartado extremo “en contra del desayuno en carretera”. Qué le vamos a hacer!!!.

Dejando la venta a nuestra espalda, con las mochilas cargadas y botas de montaña en los pies, caminamos por la carretera un corto trayecto hacia nuestra izquierda y, rápidamente, vimos una gran cancela con un cartel de “reserva andaluza de caza” a nuestra derecha.

La tuvimos que saltar, pues tenía una cadena con un gran candado pero, al ser de travesaños horizontales, fue muy cómoda de superar.

Continuamos caminando por un carril embarrado para vehículos y con una niebla densa que se disipó rápidamente. Era un ambiente muy húmedo.


Teníamos un cierto nerviosismo ya que la venta estaba abarrotada por multitud de cazadores esperando a que la niebla levantara y nuestro principal interés, en estos primeros metros de la ruta, era obtener una buena y prudencial distancia de estos “pegatiros” de los que yo, personalmente, no me fío nada. Es un poco angustioso caminar por el bosque y escuchar disparos cercanos.

Nos vamos internando en un impresionante y espeso bosque con una amplia gama de verdes, 


agua mezclada con la hierba que pisamos, barro, humedad, cielo cubierto, el sol luchando por participar y, así, caminamos hasta encontrarnos con nuestra primera valla que disponía de ese vado abierto.

El camino se va internando cada vez más en el bosque y, de vez en cuando, pasamos de zonas arboladas a  pequeños y curiosos claros despejados de vegetación.

No existía tronco sin musgo que lo envolviese y una naturaleza, cada vez más salvaje, nos ofrecía un suelo tapizado de hojas secas y multitud de setas variadas sobre las que  nuestros expertos en micología, Lidia y Pablo, nos iban aportando datos y curiosidades.


Nos encontramos con nuestra segunda valla y, tras una breve búsqueda, localizamos la portilla que, por cierto, nos llevó un buen rato abrir, ya que tuvimos que aflojar el nudo que le habían colocado.

Íbamos por galerías formadas por las ramas de los árboles, vegetación exuberante, piedras recubiertas de musgo, multitud de charcos, fango e incluso tuvimos que cruzar dos arroyos que venían algo creciditos y nos hizo agudizar nuestro ingenio.

En un rincón de postal nos tomamos un tentempié tras el paso de nuestro segundo cauce fluvial.




Tras caminar por parajes variopintos, 





cada cual más bonitos, 













salimos a un carril de tierra con un firme bastante bueno y menos enfangado que los tramos anteriores aunque, de vez en cuando, salpicado de charcos.

Atravesamos una gran cancela que encontramos abierta y abarcaba toda la anchura del carril con un  amplio mataburros.


Llegamos a un punto dónde el camino se divide en tres brazos y tomamos el de la derecha 


que, mediante unas pilastras, nos anunciaba que entrábamos en la Dehesa Fantasía 



y que, tras caminar un rato, nos condujo a una nueva cancela que tuvimos que pasar. En ella estaba colocado un cartel que indicaba ganadería brava. Nosotros no vimos ningún animal.


Nada más cruzar la cancela tomamos, campo a través, dirección al cerro Fantasía que se veía desde ese punto pues quedaba a una cota similar a la que estábamos. Tuvimos que bajar, perder algo de altura, ya que entre la cancela y el cerro existía una especie de hondonada.

A estas alturas ya estábamos acostumbrados a doblar  el espinazo constantemente pues, el paso entre la vegetación, así te lo imponía y, por esta zona, no iba a ser menos. El caso es que llegamos a una nueva alambrada que tuvimos la suerte de pasar cómodamente pero casi con el cuerpo a tierra, ya que poseía grandes huecos entre los alambres.



Más tarde, el siguiente reto fue abrir una portilla para, por fin, enfrentarnos a la subida del cerro.

Antes de ello, Juan José y yo, nos pusimos a bichear por una zona de piedras muy resbaladizas por ver esa parte mientras, 



el resto, aprovechó para picar algo y descansar. Cuando nos reagrupamos enfilamos la subida al cerro y, tras caminar por un bosque de árboles leñosos y bajos, llegamos a su cumbre.




Es una pequeña plataforma de tierra dónde destacan dos bloques principales de piedra a modo de miradores naturales con unas vistas espléndidas y amplias.






Es una maravilla estar oteando a todo tu alrededor y ver esas extensas superficies completamente saturadas de árboles. Esperemos que se conserven durante muchos años.

Tras el almuerzo - algunos parece que se han traído todo lo que tenían en la cocina de su casa - emprendemos el regreso, esta vez por otro camino, intentando crear una ruta circular y, de repente, nos topamos con una nueva valla que, para mí, fue la más puñetera de salvar.

Caminamos durante un largo trecho en sentido ascendente, no muy acusado pero constante, pasando entre la vegetación, pinchándonos, rozándonos y empujando en muchas ocasiones.




Pasamos por zonas despejadas de maleza y arbustos 


con superficies de hierba dónde curiosamente se observaban agujeros de unos 3 a 4 cm de diámetro que albergaban el nido de unas enormes arañas parecidas a las tarántulas que se asomaban al pisar junto a ellas.


El cansancio hacía mella. Pisábamos continuamente sobre fango, agua y encima llevábamos el sol, que lució poco, durante la subida. 



Contactamos de nuevo con el carril por el que anteriormente pasamos y aquí, cerramos el bucle.

Seguimos durante un cierto trayecto por el mismo carril de la ida pero, llegado un punto, nos volvimos a separar para realizar otro pequeño trazado circular 


en el que nos encontramos con unos restos de edificaciones. 




Poco después conectamos con el sendero de ida otra vez y, en esta ocasión, no lo abandonamos hasta concluir nuestra ruta.



Llegados a la venta: un té enriquecedor y reconfortante, compra de algunos quesos y embutidos, algún que otro dulce y …. directos a Montellano, dónde nos esperaba nuestro ya clásico bar Rural para reponer fuerzas perdidas y sales minerales con la ingesta de cervezas y tapas variadas o, algunos Seven up o caseras con tres gotas contadas de tinto.

Todos no vamos a ser perfectos, digo yo ¡!

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




EL TRACK DE LA RUTA LO PUEDES DESCARGAR EN EL SIGUIENTE ENLACE:

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