lunes, 12 de noviembre de 2012

CIRCULAR DESDE ZUHEROS AL PICO LOBATEJO


Realizamos esta ruta Mª José y yo, el día 10 Octubre 2012.

Aunque es una sierra dónde he subido a algunos de sus picos más emblemáticos, la verdad, es que la conozco poco.

Este día que hicimos el sendero, la sierra en general parecía que escupía agua por todas partes.


Comenzamos a caminar, tras dejar el coche en el aparcamiento que existe a mano derecha, justo al entrar en Zuheros, procedentes de Doña Mencía, justamente dónde se cruza el río Bailón.

Eran las once menos cuarto de la mañana, realmente algo tarde para patear, cuando mochila a la espalda y botas de montaña en los pies, enfilamos el sendero que parte justamente y con acusados zigzag para suavizar la pendiente inicial, encima de los contenedores de basura y de un pequeño rellano que sirve de aparcamiento para unos seis vehículos, justo antes de cruzar el río.

No nos dio tiempo de dar cuatro pasos, cuando nos topamos con la primera fuente del camino,


que tenía un cartel al lado, que indicaba que no se molestara a los animales que iban a beber en ella, curioso, no?

Seguimos subiendo por ese sendero muy marcado, con firme de piedras y en algunos tramos unidas con hormigón, hasta que nos lleva a un punto con unas barandillas de madera con una bonita perspectiva del pueblo de Zuheros y los cortados pétreos de salida del cañón del río Bailón.




Seguimos ascendiendo hasta llegar arriba del sendero y nos deposita en una zona ligeramente horizontal con el cauce del río a nuestra izquierda, que corre por él,


con pequeños saltos de agua, en esta zona, las paredes que nos bordean formando el cañón, están húmedas y en muchas partes de ellas, chorrean como láminas y pequeños chorrillos de agua.

Es todo un espectáculo el haber tenido la suerte de estar en este momento aquí.

Interrumpe el camino un árbol seco que ha caído justamente en él, hay que sortearlo como mejor se pueda.


Llega el momento de pasar a la otra orilla, lo que implica cruzar el Bailón, que lo tuvimos que hacer en cuatro ocasiones más,


que no iba falto de agua, aunque tampoco vamos a exagerar, no iba como en otras ocasiones que he tenido la oportunidad de ver en otros blog, dónde los senderistas lo cruzaba metiéndose hasta las rodillas.

El sendero por el que caminábamos llevaba de forma continua un reguero de agua, había que ir mirando por donde pisabas.

Recuerdo que unos de los cruces del río, tuvimos que mirar varios puntos por donde cruzarlo, pues no estaba nada claro y no existían apoyos de confianza para hacerlo.

Pasamos cerca de la cueva del Fraile,


las paredes tenían muchas oquedades por esta parte,


pasamos la fuente de la Mora.


Tras acabar con los cinco cruces sobre el río, tuvimos que hacerlo también con un arroyuelo, el arroyo Moreno y Zarcilla, cada vaguada que pasábamos traía incorporado el arroyo correspondiente, insisto, agua por todas partes, una maravilla.

En este punto tuvimos la gran suerte de encontrarnos con tres senderistas de Baena, un hombre y dos mujeres, los cuales muy amablemente, nos informaron un poco de la zona y nos aconsejaron tomar un tramo, que aunque no lo tenía cargado en mi GPS, me indicaron que no tenía pérdida y recortaba un poco el trazado que teníamos intención de realizar y sobre todo y más importante, el tiempo a emplear, pues nuestro objetivo final era subir al Lobatejo y ellos nos advirtieron que íbamos justo de tiempo para lo que nos quedaba.

Desde aquí, mando un saludo a esos senderistas con los que mantuvimos una agradable conversación.

Teníamos que seguir y no dejar en ningún momento el curso del arroyo que acabamos de atravesar y hoy era fácil, agua llevaba seguro.



Nos internamos por una zona que al ir avanzando por ella, cada vez era más bella y llamativa,


el arroyo a nuestra derecha y una pared de piedra a nuestra izquierda, nos dejaban un pequeño pasillo por donde caminar, con diferentes obstáculos a salvar, arbustos, rocas, ect.. al final salimos a una amplia llanura, con una pequeña alameda al fondo y una especie de depósito de agua, pero nosotros tiramos a nuestra derecha, cruzando un nuevo arroyo, a partir de aquí no teníamos ninguna referencia salvo la de los senderistas que encontramos y las indicaciones que nos dieron.

Para nuestra sorpresa, el itinerario fue fascinante, era como internarte en un bosque de árboles de pequeño porte,


tapizados con musgo por todas partes, rocas completamente verdes, igualmente tapizadas y un suelo esponjoso al pisarlo, rebosante de humedad y hojas caídas que daban un encanto especial a la zona.

Además el curso de agua que íbamos siguiendo era un arroyo que caía formando saltos de agua, cada cual más espectacular, no por lo grande sino por la forma que el cauce tomaba.



Parece que en algunos puntos el agua se derramaba sobre auténticas coladas, en otros el agua caía casi entubada y lo más sorprendente de todo, es que sobre ese fondo verde y ligeramente marrón por la zona que caminábamos, el curso de ese arroyuelo era marcadamente diferente de color, entre ocre claro y color hueso, como si se depositase un leve velo calcificado en su curso. Muy, muy bonito, de veras.

Tras coronar y llegar a la parte superior del arroyo, observamos que llegamos a un gran llano dónde estaban pastando ovejas tranquilamente, las vistas eran magníficas.


Delante nuestra teníamos un cinturón de cortados, aparentemente de difícil acceso y hacia nuestra derecha, dirección a El Chaparral, la vista podía abarcar muchísima más distancia y varias elevaciones, incluido una especie de cortijo cercano, creo que se llama el cortijo del Barranco Marchiniega.


El terreno que pisábamos era fangoso, corría agua por toda esa zona, subimos un poco más para conectar con un carril y al momento nos desviamos a nuestra izquierda para seguir subiendo por otro carril algo deteriorado por haber pasado bastante agua por él, dejándole un marcado surco longitudinal.


Nos dejó en una pequeña plataforma cimera, La loma de los Pozuelos,


dónde existía una valla con una angarilla que tuvimos que abrir para seguir avanzando, desde allí tuvimos la primera visión del pico a subir, una enorme elevación que destacaba claramente del entorno que lo rodeaba.


Continuamos en suave descenso, casi llaneando, hasta llegar a unos riscos por los que tuvimos que pasar, existe una valla en este lugar pero tiene un tramo totalmente tumbado por el que pasamos.

El sendero va descendiendo de forma más acusada hasta llevarnos a la vaguada


por la que regresaremos de vuelta.

Nos encontramos en la misma base de la falda del Lobatejo, así que ná, a piñón parriba,



la parte superior del pico está provista de losas de bloques de piedras, salteadas por toda su cumbre,




nos hizo un viento fuerte y frío, hubo que abrigarse y ponerse guantes, unas fotitos, comida ligera y pabajo, que son las tres y veinte y aun queda camino por recorrer y en estas fechas los días son muy corto. Además, no tengo claro, cuánto tiempo nos supone lo que nos queda.

Bajamos de su cima casi por el mismo camino que el de subida, hasta conectar con la vaguada, dónde un marcado camino nos esperaba,


lo seguimos durante un tramo hasta que se convierte en un sederillo difícil de seguir, que pasa entre un pequeño bosque de árboles y matorrales, pero que gracias al GPS  nos íbamos orientando, hasta llevarnos a nuestra segunda angarilla del día.

Pasamos por una zona que nos ofrecía los primeros colores del otoño, hojas verdes, amarillas, rojizas


 y cuando nos dimos cuenta nos encontramos con las ruinas de un cortijo, creo que el de Don Manuel Ruiz,


situado cercano a otro cortijo mayor y aparentemente en uso, ya que tenía varias paredes realizadas con bloques de hormigón de construcción más moderna y relativamente nuevas.

Seguimos caminando en ascenso y llegamos a la altura de un pozo,



tras rebasarlo nos encontramos con otro portillo,


una vez superado, el carril, pasa junto a un grupo de quejigos


y un poco más arriba nuestra última angarilla del recorrido, recuerdo que ésta, en lugar de una cuerda, tiene un alambre reliado para fijarla y por fin llegamos a la parte superior de la senda.


Nos queda un caminar entre piedras aisladas y tierra, cómodo y rápido, sobre terreno llano y horizontal hasta llegar al último impedimento artificial de la ruta.

Una alambrada o valla sin angarilla, o al menos no la vimos, pero si tuvimos la suerte de poder franquearla por el único paso natural que había, unos bloques de piedras que hacía la vez de valla.

Desde este punto,


creo que se trata de la Fuenblanca, se observaba un medio valle a nuestros pies, con un carril muy marcado por dónde vimos pasar un todoterreno, también había un cortijo en lo alto de una pequeña loma, creo que era el cortijo Moreno.


Hacia él nos dirigimos, pasamos junto a la fuente de la Zarza,


que estaba rebosante de agua y sus aguas invadían el carril por el que caminábamos.

Cruzamos de nuevo el arroyo del Moreno y Zarcilla, que por esta zona se trataba de un gran cúmulo de aportes de agua por todos lados, pero fácilmente vadeable.


El resto del recorrido perdió cierto interés respecto al anterior, ya que íbamos por un auténtico carril, paso una moto más tarde, perdió el encanto, aunque el entorno seguía siendo precioso y rodeado de pequeños regueros de agua constantemente.


También lo estropeó algo más, los sonidos secos y cortantes de las escopetas de algunos cazadores que había por los alrededores, por desgracia, nos acercábamos a la civilización.

Luego enlazamos con la carretera comarcal, que procede de la Cueva de los Murciélagos,


anduvimos sobre ella unos cincuenta metros para seguir por un sendero con dirección a Zuheros, que aunque aun no lo veíamos, se intuía cerca. Si se percibían los grandes tajos del comienzo de la ruta, durante un trayecto caminamos paralelos a la carretera algo por encima, hasta que nos dejo literalmente sobre ella.


Cerca, aunque en sentido opuesto hacia dónde íbamos, al pueblo de Zuheros, se veía un mirador al que no pude resistirme ir y ver sus vistas,



creo que se conoce con el nombre del Tajo Capitán, impresionan y da algo de vértigo, ¡¡ menuda altura tiene !!.



Ya sólo quedaba seguir la carretera que nos conducía a Zuheros, que por cierto, se puso a llover suave en ese momento y entramos en sus calles,


al lado de una especie de depósito de agua y cerca de la Ermita de los Remedios, por la parte opuesta a la que teníamos el coche sobre las seis y cuarto, un día redondo y completo.

Tuvimos la suerte de ver el pasaje en una de sus calles, curioso recoveco para pasar de una calle a otra paralela.


El tiempo aguantó lo suficiente para podernos cambiar de calzado y ropa limpia, tomar las últimas piezas de fruta y coger el coche de vuelta a casa sin demasiada y abundante lluvia.

Datos de interés de la ruta:



El track de la ruta se encuentra en el siguiente enlace:

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