martes, 16 de septiembre de 2014

Secretos pintorescos en la sierra de Grazalema

Ruta realizada el día 27 de Febrero de 2.014.

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio.

Es la tercera vez que realizo, por esta zona y en corto tiempo,  un itinerario muy parecido.

En esta ocasión nos propusimos encontrar bellos rincones y elementos naturales llamativos, por ello lo de bautizarla con el nombre de “ruta de los secretos pintorescos cerca de Grazalema”.

Dejamos el vehículo en el Puerto del Boyar y, con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos el recorrido, dirección al Salto del Cabrero, por el ancho camino o carril de tierra.

El primer objetivo que me propuse en esta ruta era el de encontrar la conexión entre este sendero y el que baja de las Jauletas o el Coargazal que, en las dos ocasiones anteriores, siempre terminé pasando una valla, por debajo, tras soltarle los dos alambres inferiores y, vuelta a colocarlos una vez superada.

Así que, pasada la pequeña portilla inicial, justo al lado de donde dejamos el coche, caminamos por el carril y, al poco tiempo, tuvimos que abrir una amplia cancela que cortaba, completamente y a lo ancho, el camino “Camino de San Fernando”. Superada esta nueva cancela continuamos, por el mismo camino, hasta alcanzar el cortijo de Albarrán que cruzamos mediante dos coquetas cancelitas que atravesaban el cercado de cabras por su mitad.




Continuamos caminando en ligero descenso por el claro y marcado sendero oficial del Salto del Cabrero. 

Recorridos unos 750 m aproximados desde el cortijo, a la altura de una vaguada poco clara por las numerosas encinas que te impiden tener una visión despejada, nos desviamos del sendero principal a otro de menor rango y algo más difuso marcado con un tímido hito.

A medida que nos adentrábamos, se veía mucho más claro y nos llevó, directamente, a la ansiada angarilla que tenía ganas de encontrar. Primer objetivo conseguido.

Segundo objetivo o secreto: la cueva de los dos Ojos!!! Así la bautizamos…

Aquí estuve en la primera de mis incursiones por esta zona pero, mis compañeros, no la conocían. 


Pasada la portilla anterior, continuamos siguiendo un sendero que nos iba subiendo por la citada vaguada. Había que prestar atención puesto que se unía con otros y daba confusión. Por eso, terminé en las rutas anteriores en mi “valla preferida de la zona”, pero teniendo claro a donde queríamos llegar, no tuvimos problemas ni nos perdimos.

Alcanzamos una nueva portilla que tuvimos que superar para tener junto a nosotros el cerro calizo, situado al Norte, donde se ubicaba la cueva buscada. Sólo nos quedó una rápida trepada hasta introducirnos en ella. Fotos desde todos los ángulos y con todos los fondos posibles y para arriba del todo del cerro, que nos recibió con una estrecha y vertiginosa cumbre-cordal.





La recorrimos, aunque había zonas en las que “mejor no tener vértigo”. Corta pero intensa, en algunos pasos había que extremar la precaución.





Tras bajarnos del cerro y haber conseguido nuestro segundo “secreto” de la ruta, invertimos nuestro trazado, bajando de nuevo por la vaguada, hasta que nos desviamos para dirigirnos hacia el montículo opuesto al que estuvimos respecto a ella.

Entre pequeñas encinas con sus troncos cubiertos de líquenes, igual que partes de las rocas por las que pasamos, nos topamos con una barrera rocosa que tuvimos, de nuevo, que trepar.


No fue difícil o, al menos, eso nos pareció, ya que parece que, últimamente, es lo que más hacemos y lo estamos tomando como costumbre y parte de nuestras rutas.

Pero lo mejor fue al llegar arriba. Nuestro tercer objetivo “secreto”, ante nosotros y allí en lo alto. Una impresionante pileta labrada en la roca, con bastante profundidad y con dos caños que la alimentaban, labrados sus conductos también sobre la roca caliza.






Se trataba de la pileta perfecta. Tenía todo los detalles y lo curioso, además, era su ubicación.

Qué diablos hacía esa pileta allá arriba???

Nos realizamos fotos a punta pala. Era un lugar curioso y precioso. Tercer reto conseguido!!

Desde nuestra posición, ya veíamos nuestro cuarto objetivo, muy a lo lejos y en lo alto,  dentro de nuestro campo de visión: el túnel del Horgazal.

Ya lo conocíamos todos de sobra pues hemos estado varias veces pero, en esta ocasión, pretendíamos cruzarlo por su interior desde nuestra posición.

Dejamos la pileta continuando en la dirección a la que accedimos, entre un pequeño y corto paso algo laberíntico entre rocas. Llegamos a una explanada algo amplia que, de forma suave, iba ascendiendo pero, pronto, el terreno se tornó en fuerte pendiente y, entre rocas y pequeñas encinas, fuimos subiendo por una elevadísima pendiente. A veces los tramos inclinados tenían piedrecitas y resultaban algo resbaladizos.



Una mirada atrás y se contemplaba la pileta en su característica ubicación. Todavía no tengo claro, por qué se colocó ahí, una pileta que costaría mucho trabajo el realizar.


El túnel, cada vez lo teníamos más cerca. Aunque el esfuerzo de subida era alto, el pasarlo por su interior lo era aún más.





Llegados a su base, con una trepada y poniendo atención para no resbalar ya que se trataba de una zona húmeda con las rocas algo mojadas, accedimos a su interior y pasamos al otro lado. Como una “puerta espacial” que te pasa de un lugar a otro.




Bueno, pues nuestro cuarto objetivo “secreto” de la jornada, conseguido!! A por el quinto.

Aquí discutimos un poco la continuación del trazado. Yo quería ver y recordar un simpático arco (quinto secreto) que vimos en un itinerario que realizamos hace ya algún tiempo por esta zona, realizando una circular completa, mientras que, Juan José, pretendía alcanzarlo por la cordal del Coargazal y vuelta por la misma. Al final, decidimos en realizar el pequeño bucle.

Bajamos por el sendero, marcado mediante multitud de hitos, que une el Llano del Charaván con la boca del túnel, sendero muy entretenido en el que tienes que ir de hito en hito y no perderlos en ningún momento de vista, cosa que le ocurrió a una pareja de senderistas que vimos desde lo alto de la cordal cuando estábamos cerrando la vuelta.

Una vez casi en el final de este simpático itinerario, antes de alcanzar los Llanos, nos salimos dirección hacia el arco. Para ello, Juan José es un infalible guía y, tras trepar y pasar por algunos puntos cubiertos de vegetación, dimos con nuestro quinto “secreto” de la ruta.

Un precioso arco calizo situado junto al inicio de la subida a la cordal del Coargazal.



Tras la sesión fotográfica, nos apartamos unos metros, dejando el arco a nuestra izquierda, para subir por una corta chimenea. De nuevo a trepar, es lo nuestro!! Una vez arriba, nos encontrábamos sobre la magnífica cordal que cada uno pasó a su ritmo y a su manera.



Vistas impresionantes, auténticas rocas calizas con sus fisuras, grietas y cuchillares, y un goce auténtico de caminar por donde sólo las cabras lo hacen.

Fue, haciendo esta cordal, cuando localizamos a los senderistas que mencioné anteriormente. 

Llegamos a pasar justamente por encima del túnel, completando el bucle. Continuamos por la misma cordal, dirección hacia Jauletas, hasta encumbrar sobre el Coargazal, nuestro sexto “secreto” junto con su bella cordal. Una vez en lo alto, vimos otra cordalita caliza sugerente y paralela a la nuestra, algo más al Este y, como por ella jamás habíamos estado, decidimos pisarla y recorrerla.










Terminada ésta bajamos por un mar calizo, bajando de la mejor forma posible que pudimos, para conectar con el pequeño llano que divide el Jauletas del Coargazal. Acto seguido conectamos con el sendero de los Carboneros para, una vez en su parte más alta, desviarnos hacia las laderas pétreas del Jauletas y, por su cresta, acceder a su hito cimero.








Este sería nuestro séptimo “secreto”: la preciosa cordal y la cumbre del Jauletas.

En lo alto comimos, contemplando bellas vistas a todo nuestro alrededor y un grupo de cabras montesas que teníamos abajo.


Regresamos un tramo por nuestros pasos para, en un punto de la cordal, desplazarnos hacia el Sur bajando del macizo del Jauletas en la misma alineación que en la subida.

Pasamos por una zona espesa de matorrales y arbustos pero siguiendo líneas rocosas y utilizando el track del itinerario que ya realicé por esta zona. Pronto lo recorrimos.

La verdad es que este trayecto estaba muy cambiado respecto al que realicé hace algunas semanas ya que, parece ser que los operarios del Medio Ambiente estuvieron por aquí y han dejado zonas francamente despejadas. Para mi gusto, le han quitado el encanto a esta zona que era un bosque espeso donde tenías que sortear obstáculos y buscar los mejores pasos. En este trazado, no nos tuvimos que preocupar demasiado en localizarlos.




Salimos a un amplio valle, una planicie relativamente llana, y siguiendo un marcado sendero, nos llevó, a través de una especie de puerta natural, a una sutil vaguada que alinea la zona del Pajaruco con la plataforma del Simancón.


Anduvimos por ella unos 300 m, aproximadamente, dirección hacia el Simancón, para abandonarla y comenzar de nuevo otra subida, buscando la zona de El Hoyo, a la altura de una encina situada en medio de la vaguada con la característica de que su tronco no lo tenía vertical sino horizontal.


También, como referencia, existía una higuera, que salía literalmente de las paredes de roca, por la zona donde comenzamos la ascensión.


Esta subida la realizamos con intuición montañera. No existía ningún tipo de sendero que nos guiase.

Se subía por grandes lozas calizas, así como grandes bloques que hacían de auténticos obstáculos para la progresión.



Poco a poco, probando por aquí y por allá, logramos dar con el enorme arco calizo y toda la zona de alrededor que no era otra cosa que El Hoyo, octavo “secreto” de la ruta que hoy comparto.


Formaciones rocosas de lo más extraño: arcos, grietas por las que te permitían ver parte del exterior y, en conjunto, una zona donde el ambiente calizo destacaba por su grandiosidad.













No existían salidas claras de este laberinto, es más, muchas opciones de las que probamos terminaban en paredes verticales prácticamente insuperables. Durante un buen rato estuvimos explorando por la zona y buscando una posible continuidad, pero al final, salimos de allí por el mismo sitio que lo hice en la ocasión anterior.

Salimos por la única vaguada posible. Dejando los paredones del macizo del Jauletas a nuestra izquierda, dirección a la Pinaleta, pronto contactamos con un marcado sendero que nos ayudó a salir de aquella llanura plagada de vegetación y árboles.



Una vez ya sobre zonas algo más despejadas y próximos a la Pinaleta, nos tomamos un respiro y planteamos el resto del itinerario a realizar.

Nuestra idea inicial pasaba por contemplar un noveno “secreto”: la cordal del Morrocano, pero, tanto por fuerzas como por la posibilidad bastante plausible de quedarnos sin luz solar, desistimos de esta idea ya que había que tomar dirección al Dornajo, subir a la meseta donde se encuentra el Morrocano y volver por el mismo borde de la plataforma del Simancón para acabar por la zona del Puerto de las Presillas.

Así que tomamos la vía más directa y alineada con el Puerto de las Presillas caminando por lugares cómodos y otros no tanto, por lo alto de las rocas, no sin antes subir a un último promontorio rocoso del que nos bajamos enseguida por el fuerte viento reinante y el frío que paulatinamente iba entrando.





Tuvimos que abrir una última portilla para acceder al Puerto de las Presillas y, desde aquí, descender por el sendero hacia el Puerto del Boyar. Nos acercamos antes a ver la fuente que hay en el nacimiento del Guadalete.









Una vez en el coche, tras el cambio de calzado y alguna prenda y con el cuerpo algo cortado de no haber realizado todo el itinerario previsto, nos fuimos a nuestro pueblo de adopción, Montellano, a ahogar algunas “penas” y reponer energías y sales minerales.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




El perfil ha salido con esos dos surcos porque por dos ocasiones se me apagó el GPS y tuve luego que cortar y unir a mi trazado, parte del track, de uno de mis compañeros.

Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace de Wikiloc:

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