lunes, 22 de septiembre de 2014

Contorneando el Torcal de Antequera

Ruta realizada el día 8 de Marzo de 2.014

Fuimos Pepa, Concha, Rodrigo, Maxi, Patxi, Juan José y yo, Antonio.

Día despejado, sol pleno y buena temperatura, aunque demasiado viento. Todo no se puede tener a la vez, no??

Llegamos desde la autovía de Málaga y nos desviamos hacia Antequera. Tomamos dirección al Torcal, pasamos el cruce que nos subiría al Centro de Visitantes y seguimos por la carretera que nos llevaría a Villanueva de la Concepción parando en un aparcamiento, próximo al cruce anterior, y que, en el IGN, está marcado como Venta del Rosario.


Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro nuevo proyecto caminando desde la parte inferior del Torcal hacia el Centro de Visitantes.


El inicio lo hicimos junto a la carretera para despegarnos, paulatinamente y en suave ascenso, bordeando un inmenso cortijo-corral y casi tocando la carretera que sube al citado Centro.


Conectamos con un corto carril que unía esta carretera con una antigua mina o cantera abandonada. Se veían algunas edificaciones parcialmente derruidas que guardaban relación con la actividad minera.


Dejadas atrás, el camino se convirtió en sendero y fuimos en continua ascensión. Pasamos junto a un amplio y bien construido aprisco y fuimos tomando altitud teniendo perfectas vistas sobre la carretera de subida al Torcal, que nos acompañaba algo paralela a nosotros.


Cuando mirábamos hacia atrás, se observaban perfectamente las antenas que hay en el Camorro de los Monteses, así como gran parte del trayecto realizado.


Delante nuestra, se comenzaba a divisar una formación pétrea la mar de curiosa, un enorme bloque de piedra con otro dadito encima de él, torcido y guardando el equilibrio. Parece mentira las formas inverosímiles que existen repartidas por todo el Torcal. Por ello, evidentemente, lo de su fama mundial.


Tuvimos que subir por una especie de chimenea que ascendía entre la gran mole de piedra y toda la plataforma del Torcal a nuestra derecha. Una vez en lo alto, decidimos fotografiarnos sobre esta estructura de piedra tan espectacular.





Tras la sesión fotográfica, continuamos un trayecto de subida hasta alcanzar completamente la superficie de esta inmensa plataforma que es todo el Torcal de Antequera.


Situados sobre un marcado sendero, nos dirigimos hacia el monumento natural del Tornillo, que cada vez veo más deteriorado. Una pena que las personas seamos tan burros y no sepamos respetar estas formaciones creadas a base de miles de años.



Fotografiados en el tornillo, investigamos algo por la zona y nos asomamos a un mirador natural donde encontramos unos curioso huecos en lo alto de las rocas, como si de abrevaderos naturales se tratasen.




Desde este punto nos trasladamos hacia el centro de visitantes, dejándolo a nuestra derecha. Caminamos unos metros por lo que se llama ruta roja-amarilla pero la dejamos para subirnos a los contornos.

Situados en el mismísimo borde sobre unas plataformas planas, tipo balcones, con unas extraordinarias vistas, nos pusimos el “gorro de exploradores” e iniciamos una búsqueda exhaustiva de todas la huellas de los fósiles que por aquí abundan.








Era como un concurso de ver quién del grupo encontraba más. Con este entretenimiento estuvimos un rato hasta que avistados todos los de la zona continuamos con nuestro itinerario.

Descendimos y conectamos con el sendero oficial que parecía una feria por la multitud de personas que nos íbamos encontrando. A veces teníamos que esperar a que pasaran todos para poder  continuar. Para más inri, caminábamos dirección contraria a las flechas que, de vez en cuando, marcaban la ruta a seguir y siempre saltaba alguna voz diciendo “vais en dirección contraria”. Pero, ¿desde cuando existen sentidos en los itinerarios por el campo??? Pregunto!!

Va, es una broma ¡!

Continuamos encontrándonos formas de las más caprichosas. Entre ellas el “Camello”, columnas inclinadas.



Nos introducimos por el paso estrecho y salimos a una dolina donde, por fin, nos perdimos de los “domingueros” (sin intención peyorativa), y comenzamos a disfrutar de verdad de este entorno mágico, denominado  Torcal de Antequera.


Tomamos dirección hacia la Sierra de Chimenea, siempre rodeados de torretas pétreas, cada una creada por un artista diferente. Nos topamos con otra figura pétrea que bautizamos como el “gran Pollito”.


Veíamos terminaciones rocosas casi imposibles. El equilibrio en su máxima expresión.



Cuando llegamos a un ancho pasillo se dejó ver, al fondo, la sierra de Chimenea, sobre todo su parte más occidental.


Aún tuvimos la suerte de contemplar algunas formas particulares como la que bautizamos como el “dedo”, con sus falanges y todo.


Parece que no se acababa nunca de recorrer el Torcal. Detrás de rellanos rodeados de torres de piedras te aparecían otras de similares características. De torres aisladas se pasaba a paredones completos coronados casi como almenas de castillos.



Si mirabas a los lados, observabas que se prolongaba por todas partes esta vasta extensión de piedras. Es lógico que uno se pueda perder perfectamente por aquí si no viene con los medios necesarios.

Capté la luna entre torres de piedras y la inmortalicé con una bonita foto, al menos, eso me pareció a mí.


Llanos verdes de hierbas contrastaban con torres y bloques grises de rocas calizas. También observamos como la propia naturaleza luchaba contra los elementos, una planta trepadora, atrapada por la roca, huecos y puentes de piedras por multitud de sitios.



Bautizamos otra forma, el “Orangután”.



Por fin salimos del amasijo de rocas para encontrarnos con un paisaje totalmente diferente y mucho más despejado de rocas, aunque con el omnipresente vallado de todos los campos  y de todas la sierras, por desgracia.

La superamos por puntos de fácil acceso y sin deteriorarla. Había una portilla, pero cerrada con candado incluido.


Continuamos dirección al camino denominado “Cordel de Antequera”, pasamos próximos al Caserón de Majada Larga y conectamos tras superar otra valla con el citado carril.

Ya por él, dirección al Puerto de la Escaleruela, pasamos dos cancelas y, al lado del Cortijo de los Navazos, casi a la altura del puerto y del final de la cordal del Camorro Alto, nos salimos para internarnos de nuevo en el mar de rocas.



Tomamos un marcado sendero que se introducía en el Torcal pero, antes, buscamos un refugio del aire para tomarnos los bocatas y frutas entre otros entrantes.



Caminábamos por una plataforma intermedia entre el Alto Torcal y el Torcal Bajo. A nuestra derecha contemplábamos las grandes paredes verticales estratificadas que delimitaban el torcal Alto.


Las vistas hacia el Norte, no tenían ningún tipo de barrera y era amplias y profundas. Se observaba en primer término, el Indio de Antequera y, más lejanas, la sierra de Rute y las Subbéticas.


De nuevo, ante nosotros, se presentaban las formaciones más típicas del lugar, los “molletes” apilados unos encima de otros. Curiosas planchas de bellas formas.


Nos encontramos con otras huellas de fósiles y recorrimos rincones de extrema belleza siempre rodeados de rocas estratificadas, algunas en forma de mesas redondas.




Encontramos un refugio cuyo nombre estaba labrado en una roca cercana, del año 1978, y disponía, al lado, de una especie de dolmen circular pero muy bajito. Ignoro su utilidad. También contaba con una pileta labrada en su interior y otra en su exterior. La inscripción ponía “Juan Conva…”, no logré entenderlo completo.




Decidimos subir a la parte alta y contemplar el “Sombrero” o “Champiñón” de cerca, con lo que tuvimos que salvar un desnivel de 150 m en un corto trayecto además de caminar sobre un extenso canchal de piedras sueltas. Nos pusimos en marcha y, en poco tiempo, estuvimos arriba, no sin un fuerte esfuerzo por nuestra parte. La llegada a la piedra en cuestión fue por un lapiaz que tuvimos que sortear de la mejor manera posible.



Una vez en la emblemática piedra, fotos a mogollón haciendo, más de uno, las clásicas tonterías que a todos se nos ocurren con un pedrusco similar. Aquí también dimos con huellas de amonites.








Continuamos con la subida, pero ya muy suave porque, prácticamente, estábamos arriba. Exploramos por la zona, nos metimos entre las piedras y descubrimos otra amplia zona de auténticas torres de “molletes de Antequera”. Algunas de ellas se habían volcado y daban un aspecto muy singular a este entorno.


Poyaquestabamosaquí, fuimos como las cabras, de roca en roca, hasta terminar en lo alto de todo el Torcal, el Camorro de las Siete Mesas, con un poste metálico oxidado como poste geodésico.


Tras las fotos, descendimos para ir buscando el regreso e ir cerrando la amplia circular.



Nos acercamos para ver el coqueto y reformado refugio-abrigo de Juan  Ramos. Fósiles de amonites de nuevo y, en la lejanía, sobre los riscos, por fin, dimos con las cabras montesas que hasta ahora no habíamos hallado.




Ya de regreso, y sobre el marcado sendero oficial, nos tropezamos con sima Rasca, que años atrás realicé en mis tiempos de espeleólogo, incluso intenté localizar la ubicación de, al menos, dos simas más que sabíamos que estaban por allí pero no dimos con ellas, la sima Azul y la Mujer.


Con la luz del sol ya muy baja en el horizonte, fotografiamos otros tornillos algo alejados y, haciendo gala del zoom de la cámara, con resultados francamente buenos.



Dejamos a nuestra derecha el Centro de Visitantes, algo abajo y alejado de nosotros, y continuamos hasta conectar con la carretera de subida, que atravesamos para terminar sobre el sendero que nos sirvió de acceso por la mañana.


En esta ocasión no lo soltamos en ningún instante hasta que nos llevó directamente a la carretera de subida al Torcal y, de ella, hasta los coches.



Prácticamente llegamos sin luz ninguna y completamos un magnífico día de campo reponiendo las sales minerales en Tomares.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




 Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace de Wikiloc:





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