martes, 4 de noviembre de 2014

Circular por los Tajos de Sábar

Ruta realizada el día 14 de Abril del 2014.

Fuimos Juan José, Patxi y yo, Antonio, entusiasmados por realizar esta ansiada ruta, pero con una buena dosis de cautela, y un cierto temor, por los comentarios que se leían en los diversos blogs acerca de pasos expuestos, aéreos y verticales de infarto.

Desde Sevilla y por la A-92, tomamos dirección Málaga y, tras bordear la sierra de las Cabras, nos desviamos hacia Villanueva del Cauche tomando dirección hacia El Colmenar. Antes de llegar a este último pueblo cogemos un desvío hacia Alfarnate en una acusada curva y, antes de llegar al núcleo urbano, nos desviamos hacia Alfarnatejo, pueblo de destino. Bordeándolo y pasando el puente sobre el río Sabar, aparcamos el coche junto a una magnífica fuente abrevadero, con un gran caño de agua fría, fresca y riquísima; la fuente del Conejo.


Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra andadura, en principio por un carril de tierra que, en unos diez minutos, nos llevó junto a una barriada atípica o especie de camping, Villa Alta, formada por casas prefabricadas de madera, la mayoría iguales, y con compresores que hacían un ruido infernal para obtener la energía eléctrica. La mayoría de los ocupantes parecían ser extranjeros.


Más al fondo, se levantaba la cordal que formaba la sierra de Camarolos y del Jobo. Espectacular sin duda.

Pasadas las casas, nos salimos del carril para ir por un sendero hacia nuestra izquierda, en el sentido de nuestra marcha.



Sendero claramente marcado que nos introducía, entre rocas y encinas,  a los Tajos de Sabar, pasando entre el límite de las zonas marcadas en el IGN como El Torcal y Matagallar en busca de nuestra primera fuerte apuesta en el lugar, una repisa denominada Malpasillo, conocida por la información encontrada en diversos blog y que, con sus comentarios y alguna que otras fotos expuestas, teníamos muchas ganas de realizar, no, sin fundados temores también.


Terminamos en lo alto del collado limitado por dos cerros de 1,013m y 999m de altitud, éste último, situado al Oeste por su ladera Sur. Es donde se ubicaba el paso que buscábamos.

Nos dirigimos hacia allí y pronto lo divisamos. Se trataba de un pasillo de unos dos metros de ancho con una pared vertical de unos 100m de caída libre. Con la roca seca y con el calor que ese día nos hacía, no era un paso expuesto para nada. A lo mejor mojado o húmedo había que tomar mayores precauciones pero, por supuesto, es una opinión muy particular y que cada uno debe valorar.

Lo pasamos y lo inmortalizamos con numerosas fotos e incluso repetimos el paso reiteradamente para hacer vídeos. Lo disfrutamos.



Continuamos por esa ladera, bajando suavemente, utilizando senderos de cabras difusos en dirección Oeste. Al principio, más despejado y entre rocas y, al final, sorteando algo de maleza, arbustos, de vez en cuando.



Terminamos el descenso realizando una marcada curva, casi a 180º, para terminar sobre una relativa planicie denominada, según el IGN, como El Cuartillo y enfilando nuestro primer objetivo, el Tajo de Gomer.

Durante un buen tramo caminamos paralelos al Arroyo de la Cueva pero a una mayor altitud, campo a través y esquivando la vegetación, hasta que conseguimos salir a zonas más despejadas. Zonas donde se formaban calvas vegetales salvo la hierba que pisábamos y pequeños cúmulos de retama principalmente.


Ya divisábamos los imponentes Tajos de Gomer que se elevaban hacia arriba como unos colmillos inexpugnables.

El terreno poco, a poco, se fue inclinando y la pendiente, lógicamente, incrementando. El esfuerzo se aumentaba y, junto con el calor de ese día, nos hizo sudar de lo lindo.



Alcanzamos la base de una pared rocosa vertical, no sin haber sufrido un gran desgaste por el fuerte desnivel del terreno. Tenía pintados dos puntos morados y una gran flecha verde indicando la dirección a seguir.


Tomamos esa dirección que, entre hitos de piedras, nos dirigía para acceder al siguiente tramo, aún más pendiente que el anterior, antesala de una espléndida subida, tipo pasillo, que bordeaba un tramo de la inmensa vertical del Tajo.

Nos liamos un poco. Perderíamos algún hito, no lo tengo claro, pero el caso es que creo que realizamos un recorrido algo mayor del necesario por el borde rocoso, y con buenas caídas verticales, para acceder a la segunda rampa de gran pendiente con el Tajo frente a nosotros.



Fuimos subiendo con farallones de piedras totalmente verticales a nuestro lado y yo comencé a no tener claro donde se ubicaba exactamente la cumbre del Tajo de Gomer entre tantas formaciones rocosas esbeltas.


Por fin llegamos al pasillo que comenté anteriormente, con pared a nuestra izquierda y vacío a nuestra derecha y, de nuevo en fortísima pendiente, nos obligó a realizar otro esfuerzo extra que, junto con el día tan “calentito” que nos tocó, nos obligó a perder muchas sales minerales por nuestros poros.



Alcanzada su parte superior fue cuando nos dimos cuenta de que la imponente pendiente que nos quedaba era la mayor, tanto era así que, para acceder a la cumbre, empleamos las manos en numerosas ocasiones por la verticalidad del terreno.






Las vistas, excepcionales, te daban aire, así como el darte cuenta  de que, poco a poco, se iban salvando todos esos escollos e ibas consiguiendo el objetivo de encumbrarlo.

Mirabas hacia abajo y casi no te creías que fuese posible el poder llegar hasta allí por la inclinadísima pendiente pero, al final, conseguimos alcanzar la parte superior, contemplando nuestra primera pequeña cresta que formaba este primer Tajo.



Directamente nos dirigimos hacia el buzón metálico que yacía en su cumbre, colocado por el grupo de montaña malagueño ANDAZ, en el 95, donde se indicaban los 1.129m del Tajo de Gomer.



Contando este relato, me he dado cuenta de que no tiramos hacia la parte opuesta de la cumbre por su cordal practicable, que hubiese sido también muy interesante por sus vistas. Para otra ocasión será ¿?..umhh… tantas e intensas pendientes…no sé, no sé…

Tras picar algo en esa impresionante cumbre, rodeados de cortados a pico por todas partes - la verticalidad en estado puro -, decidimos bajar para acometer los dos Tajos siguientes. En esos momentos coincidimos con un grupo de tres montañeros cordobeses que tenían un propósito o proyecto parecido al nuestro aunque, tras una corta conversación, no llegamos a verlos de nuevo en el resto del recorrido. Desde aquí les mando un cordial saludo.

En el regreso, la bajada fue por el mismo camino (por decir algo) que el de ida; salvo que, en esta ocasión, pillamos mucho mejor el sentido de los hitos de piedras al final de la inmensa mole pétrea del Tajo de Gomer, siendo algo menos expuesta la salida.

Para mí, el Tajo más montañero con diferencia de los tres que visitamos. Verticalidad, pasillos, pendientes extremas y pasos expuestos.

Alcanzada la flecha verde que nos sirvió para orientarnos en el sentido de subida a este Tajo, nos dirigimos hacia el segundo objetivo montañero del día.

Mediante hitos, fuimos bordeando al Tajo de Gomer, sorteando también bastante y espesa  vegetación.


Alcanzamos un sendero bastante marcado que subía, de nuevo, en acusada pendiente aunque, no tanto como las anteriores.

Recorría la vaguada formada entre los Tajos de Gomer y el del Fraile. La vegetación arbórea aparecía, en este tramo, muy dispersa y se caminaba por una hierba, muy verde y tupida, cómoda de pisar.


Frente a nosotros nos llamaba la atención un peñón rocoso individual, como un mini tajo, al que nos dirigíamos. Las paredes abruptas, verticales e inexpugnables del Tajo conquistado, a nuestra derecha y, a nuestra izquierda, la ladera algo más permisiva de nuestro tercer y último Tajo a conquistar, el del Fraile.


El día, entre el calor y el recorrido con las continuas pendientes positivas y negativas, era un rompe piernas. Se trataba de una ruta muy dura, de exigente esfuerzo físico pero, a la vez, gratificante al máximo; de continuas subidas de adrenalina, de conquistar lo que en principio, parecía imposible, de lograr objetivos que, según desde donde se contemplasen, se dirían infranqueables.

Continuamos subiendo por el senderillo hasta alcanzar el collado que, desde el inicio, observábamos. 

Llegados a él tuvimos que bordear un corto tramo rocoso, final de la ladera del Tajo del Fraile, y subir de nuevo por una torrentera seca que nos dejaba sobre una plataforma también inclinada que formaban el Fraile con el Tajo de Doña Ana, nuestro segundo objetivo.

Superamos un primer vallado, por unos vanos sin alambrar, y, luego, un segundo,  sin ninguna complicación.

Casi a la altura de ese mini peñón rocoso, tipo aguja, nos paramos debajo de una gran encina que proyectaba una apreciada sombra que aprovechamos para almorzar y, alguno que otro, para pegar una cabezadilla, una pequeña siesta.

La estampa del Tajo de Gomer era espectacular, una mole rocosa intratable, salvo por las cabras montesas que tuvimos la suerte de ver en directo. Vimos un grupo de cabras que en pocos segundos pasaron de la parte inferior a la parte más alta del Tajo, burlándose del abismo, saltando de rocas inaccesibles a otras peores con paredes de 200m verticales. Tras ver esto, nuestra aventura era un juego de niños y de los pequeñitos.




Cargadas las pilas, nos enfrentamos con el resto de pendiente que aún nos quedaba. Pasamos junto al peñón rocoso; ganas de intentar subirlo me entraron pero, sin saber que nos quedaba por delante, no era el mejor momento y recuerdo que parecía bastante inaccesible. A continuación, había una segunda elevación a cuya altura nos desviamos en sentido contrario al mismo para comenzar a subir al segundo Tajo.





El firme era rocoso, formado por multitud de rocas calizas bordeadas por bastantes plantas muy verdes; hierbas, cardos y especies de cebolletas silvestres.

A medida que íbamos subiendo, el verde iba menguando hasta casi alcanzar su cordal donde la roca caliza era la reina total y la vegetación pasó a un segundo orden cubriendo sólo pequeños espacios.

Una vez en la cordal nos dedicamos a caminar por ella hasta alcanzar el punto más alto de los Tajos de Doña Ana.

La verticalidad hacia el Sur era casi absoluta, siendo un lugar de oteo fantástico, con vistas muy amplias sobre el embalse de Viñuelas y diferentes sierras, así como sobre una amplia línea de costa, aunque el día ofrecía bastante calima.

Disfrutamos durante un largo tiempo de las magníficas vistas así como de diferentes rincones para espectaculares fotos.










Pero aún nos quedaba un tercer Tajo así que bajamos, más o menos, por el mismo camino de subida, pasamos entre los dos peñones que dejamos anteriormente de lado y alcanzamos el valle formado por el segundo Tajo conquistado y el tercero a formar parte del historial de nuestras botas.




Dejamos atrás unos apriscos realizados en piedras y nos empleamos a fondo para subir nuestra última pendiente del día.

Llevábamos una valla lateral en la subida por la ladera. Buscando el mejor paso para superarla y, una vez hallado, la cruzamos y continuamos en pendiente junto a retamas, principalmente, por su parte inferior y arbustos en su parte superior.


Pronto alcanzamos su cresta, no sin antes haber pasado por encima de un vallado machacado y tumbado a media-alta ladera. También por la mismísima cordal existía un vallado, en la divisoria, que nos acompañó todo el tiempo hasta conseguir encumbrar sobre el Tajo del Fraile.




Desde él, se tenían inmejorables vistas de los alrededores. Se observaba perfectamente la superficie aterrazada existente en el fondo de la vaguada entre nosotros y el Tajo del que procedíamos, el pueblo de Alfarnatejo a vista de pájaro y la multitud de sierras existentes, e incluso la larga cordal rocosa por la que a mí se me apetecía bajar, ya sin track de orientación ni de apoyo.




Tras deliberarlo con mis compañeros de aventura, decidimos realizar una vuelta circular bajando por la cordal, dirección a la sierra del Enmedio (sierra que realizamos un tiempo antes para conquistar su punto más alto, pico Vilo, y desde donde investigamos esa posibilidad)

Bueno que os voy a contar, esto de realizar crestas nos encanta así que, por un perfil calizo, comenzamos a caminar de roca en roca. Destrepes por aquí, por allí, salto aquí, apoyo allí y, poco a poco, fuimos recorriendo la cresta cimera y comenzamos a bajarla sin tener claro, en ningún momento, si nuestra aventura iba a ser truncada por una vertical insuperable.





Pasaron, por delante nuestra, otro grupo de cabras aunque, en esta ocasión, iban por terreno llano corriendo como balas.


Continuamos bajando por la dorsal que, aunque cada vez se ponía más abrupta y vertical, siempre nos daba una escapatoria para poder seguir descendiendo. Vimos a nuestra derecha unas naves de techos verdes, como almacenes de hierro, y percibimos la carretera comarcal MA-4102 y el carril de tierra paralelo a ella por donde pretendíamos regresar y, cuando vimos demasiado conflictivo continuar, además de poseer una buena escapatoria, no lo pensamos y dejamos la dorsal pétrea para, campo a través, conectar con la ladera que bajaba del Tajo del Fraile que, aunque con bastante pendiente, estaba tapizada de verde y tenía pocas rocas esparcidas y aisladas.









Entre plantas y arbustos fuimos bajando, buscando los mejores pasos, hasta alcanzar la parte inferior donde nos encontramos con un campo de almendros que cruzamos y, enseguida, conectamos con nuestro camino de tierra que marchaba paralelo al río Sabar y a la citada carretera. Algo más adelante, lo cruzamos por unos poyos colocados para la ocasión aunque, por el propio cauce también se podía. Llevaba muy poca agua, llevándonos directamente a la carretera donde, mediante un cartel, se indicaba el nombre del camino “camino de Tallón” y “Alto del Fraile”.





Ya sólo nos quedó continuar un corto trayecto por el borde de la carretera y desviarnos por el camino donde teníamos aparcado nuestro vehículo, junto a la fuente del Conejo.



Cambio de calzado y alguna prenda, y a Montellano a reponer sales minerales y presumir de la fantástica ruta montañera realizada.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




 Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:






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