martes, 25 de marzo de 2014

Circular por la Sierra de Gallinera (Crestería). Carcabuey

Ruta realizada el día 29 de Diciembre de 2.013

Fuimos Juan José y yo, Antonio.

Partimos temprano procedentes de Sevilla. En Estepa, nos desviamos hacia Puente Genil, Lucena, Cabra y tomamos hacia Carcabuey, población que atravesamos para luego, por la comarcal que la une con Rute, pararnos y aparcar el vehículo en el punto kilométrico 17 de la comarcal CO-220 (un kilómetro antes de la aldea de los Villares), en un ensanche de la carretera junto al arroyo de Fuentecastilla y unas ruinas de una antigua edificación.

Se trataba de un día frío aunque, por estas tierras, los he tenido bastante peores.

Nos colocamos las mochilas a la espalda y botas de montaña a los pies, dando comienzo a nuestra ruta totalmente desconocida para ambos y con la incertidumbre de saber si iba a ser de nuestro agrado, ya que la elegimos el día que hicimos la circular de la sierra de Rute, semanas atrás, cuando la vimos desde la lejanía, llamándonos la atención por su orografía.

Se trata de una cordal, no demasiado grande, que sobresale de entre un mar de olivos. Junto a ella se encuentran las tres emblemáticas de las sierras Subbéticas, sierra Bermeja, Alhucemas y la Horconera. Y otra sierra, similar a ésta, como es la sierra de Pollos, posible excursión a tener en cuenta en un futuro.

Caminamos unos metros por la carretera bajando por un carril de tierra que nos condujo al arroyo, el cual tuvimos que atravesar. Todavía permanecía la escarcha en la hierba pero el día auguraba un sol radiante y un cielo limpio y despejado, con una ausencia total de viento.


Vimos un aporte, nacimiento o fuente, que daba aguas al arroyo. Allí mismo existían tres grandes mangueras captando sus aguas, para repartirlas a otros puntos.

Prácticamente, en ese momento iniciamos nuestra subida por la cresta o cordal de roca caliza para lo que tuvimos que hacer uso de las manos desde un principio hasta casi la altura de la primera elevación visible de esta sierra (marcado en el track con Fin trepada)


Se trataba de pasos que, aunque carentes de un peligro visible, te exigían un esfuerzo continuado. Teníamos tiempo. Suponíamos que esta cordal no nos iba a llevar todo el día como solemos estar acostumbrados así que, escudriñábamos todos sus rincones y no parábamos de hacer fotos.



Fuimos tomando altura y mirando hacia atrás. Contemplábamos la sierra de los Pollos, posible objetivo para otro día y, a nuestro lateral, el cortijo de la Gallinera, con ese resto de muralla que lo bordeaba. Por supuesto, acompañándonos en todo momento, sierra Bermeja, majestuosa.



Descubrimos rincones atractivos y simpáticos, como el de una magnifica e impresionante oquedad en forma de hornacina y, poco a poco, alcanzamos nuestro primer balcón natural.




Aquí terminó nuestra fase de trepada y comenzó la de senderista-cabra, como nos gusta ser, hasta que coronamos la primera de las tres elevaciones principales de las que se compone esta sierra Gallinera.



Tras fotografiarnos con todos los fondos posibles y gozar de las bellas vistas, continuamos por su divisoria.

Comenzábamos a intuir y observar que la cara N era más abrupta y con buenos y grandes cortados mientras que, la S era algo más suave y con bastante vegetación, pero eso a nosotros nos daba igual, pretendíamos ir “por arriba del tó”, por la mismísima línea que dividía las dos vertientes.



Los collados que unían las diferentes elevaciones eran suaves, no se perdía demasiada cota de una elevación a otra y nuestra siguiente meta era el pico Gallinera que, aunque aún no divisábamos su poste geodésico, si se veía el promontorio rocoso donde se enclavaba.



La cordal no tenía desperdicio. Se disfrutaba en cada paso, era divertida, acertamos de pleno en realizarla, nos estaba llenando. Había formaciones rocosas muy peculiares y balcones naturales a cada paso.









Ensimismados con tanta variedad de estímulos nos encontramos con el poste geodésico en nuestro campo de visión de sopetón pero, en ese corto trayecto, aún nos dio tiempo de fotografiar bellos rincones. Se trataba de una ruta muy atrayente donde no te encontrabas con pasos similares. Todo era muy diferente y cambiante.





Fotos sobre su cumbre más elevada, pico Gallinera, con sus 1.095 m de altitud, picar algo y tomar el sol durante un breve intervalo de tiempo, gozando de sus espléndidas vistas a todo su alrededor. Junto a él había una serie de tajos verticales prácticamente inexpugnables.




Carcabuey a vista de pájaro, con su castillo en lo alto del cerro.


Continuamos con nuestra ruta descendiendo de esta cota para alcanzar el próximo y último collado, previo a nuestra última elevación de la cordal. De nuevo rincones diferentes e interesantes, cobijos en las paredes que dan a la cara N, piedras con diez mil formas diferentes.




Vistas hacia la parte trasera, la cordal recorrida, y hacia delante lo que nos quedaba por recorrer:  impresionante!! No me canso de decirlo.



Poco a poco, tras bichear todo a nuestro paso, alcanzamos la tercera cumbre, con vistas hacia Rute y su sierra, así como a otras mucho más lejanas.








Encontramos una especie de banco de piedra que te permitiría echar una buena siesta pero que utilizamos para almorzar y comernos nuestros bocatas y frutas.




Este último peñón lo bordeamos para bajarlo en lugar de complicarnos la vida destrepándolo por algunos pasos delicados.


De repente, nos fuimos introduciendo en un inmenso matorral en el que la piedra fue perdiendo protagonismo y lo adquirió el suelo terroso. Terminábamos la cordal caminando entre romeros, aulagas, sabinas, enebros, matagallos, tomillos, .... buscando los mejores pasos sin sendero definido.



Al final de esta bajada nos encontramos con un bosque de árboles cuyas ramas y troncos formaban una barrera natural entre la ladera de sierra Gallinera y los campos cultivados de olivos, donde terminamos.


Por ellos, se nos empezaron a embarrar nuestras botas y sin perder excesiva cota, entre olivos, fuimos avanzando hasta conectar con el camino que nos llevó directamente hasta el cortijo de Mirasivienes, que pasamos junto a su fachada. Proseguimos por el mismo hasta alcanzar el cortijo de Molejón, que tenía un curioso pozo en sus proximidades.









Continuamos otro trayecto más hasta que, al final, lo abandonamos y, campo a través, de nuevo entre el olivar, alcanzamos el punto donde por la mañana vadeamos el arroyo de Fuentecasilla y llegamos al coche.


Cambio de botas y algo de ropa, y directos a Tomares a reponer la energía y sales perdidas.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=6429325

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