jueves, 14 de noviembre de 2013

Circular Benaocaz Navazo Alto casa Fardela El Pajaruco Benaocaz

Ruta realizada el 5 de Octubre del 2013.

Fuimos Mª José y yo, Antonio.

Tras un suculento desayuno, de los que no se lo salta ni un galgo, en la venta de la carretera junto al desvío de Montellano, tomamos dirección a Benaocaz y, una vez en el pueblo, dejamos el coche en la parte más alta urbanizada.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro recorrido, subiendo por una empinada calle donde dejamos las últimas viviendas de esta localidad a nuestra espalda.

Realmente, este itinerario era una excusa para salir al campo, ya que no se puede estar yendo a Granada constantemente, tanto por el gasto económico como por el desgaste físico y, no sólo por lo exigente del terreno, sino por la distancia en kilómetros que nos conlleva el desplazamiento.

Comento esto porque todavía hace una calor insoportable en las sierras que nos rodean, las más cercanas a nuestra provincia de Sevilla que, junto con las moscas que no se cansan de intentar posarse en tu cara o labios y las frondosas nubes de mosquitos que hay que atravesar continuamente, a veces te hacen dudar de salir a esta sierra o irte, casi obligado, a esa cota mágica donde el frescor de los vientos supera al calor producido por la temperatura de esta tierra andaluza. Está claro que hablo de Sierra Nevada.

Pero no ¡! En esta ocasión queríamos realizar una buena y amplia circular descubriendo zonas que aún no conocíamos. Nos armamos de valor y de espíritu de sacrificio y nos pusimos en marcha.


Rápidamente alcanzamos una zona donde, en varios blogs, había leído que existen formaciones rocosas que tienen nombres de lo más curioso como el yunque o el diente de dragón. Se encontraban junto a un depósito de aguas de Benaocaz.



Los majuelos con sus rojos frutos estaban en pleno apogeo de coloración. Pasamos junto a una zona preparada para el ganado principalmente de cabras que, desde cualquier roquedo, nos observaban con sumo interés.


Caminábamos dejando a nuestra derecha, y en sentido ascendente, un gran murallón vertical que nos delimitaba la vista y el espacio. Al lado contrario, hacia atrás, se veía todo el pueblo casi a vista de pájaro y varias sierras a lo lejos junto con otras elevaciones más cercanas.






De frente, íbamos en dirección a un collado, en forma de  “U” acentuada y abierta, que disponía de una angarilla que había que abrir para seguir caminando.





Hasta alcanzar este punto, el terreno se tornó ascendente y bastante acentuado. Una vez superado el collado, se nos abrió un bello paraje formado por una zona relativamente horizontal y llana que conectaba enseguida con una buena pendiente que nos llevaría directamente a la base de la sierra del Caillo para, posteriormente, subir a su cota principal, el Navazo Alto.



Las vistas hacia atrás cada vez eran más soberbias y magníficas. Benaocaz se había quedado al fondo, abajo y a lo lejos, junto con toda la sierra de la Silla que la flanqueaba.





Pronto nos encontramos con el gran promontorio calizo que no era otra cosa que las paredes del pico. Justo antes de comenzar a subirlo nos encontramos con la sima del Cao, con un impresionante pozo de entrada de unos 15m aproximados según mi propia estimación.


Casi sin darnos cuenta, nos encontramos en el poste geodésico del Navazo, que en esta ocasión estaba con colores de la bandera española (parece que hay una guerra de pintadas en este poste geodésico ya que he subido en varias ocasiones y lo he visto de los dos colores, colores de la bandera republicana y de la española). En una ocasión mi hijo se apoyó en el poste, menos mal que fue con la mochila a la espalda y resultó que estaba recién pintado.





Las vistas desde aquí, además de amplias y bellas, me trajeron al recuerdo esa impresionante ruta que realicé junto a mi amigo Juan José siguiendo toda la cordal de la sierra del Caillo.

Ahora nos tocó el momento de iniciar la bajada por el sendero clásico y marcado que va hacia el pueblo de Villaluenga que, al llegar a su collado, nos desvió hacia los Llanos del Navazo Alto, un polje amplio cubierto de hierbas comenzando a surgir junto con cúmulos de rocas alternados por esta extensión y conjuntos, también aislados, de encinas.


Cada vez que paso por esta zona, intento dar con la sima de Cacao, la cual he bajado en cinco ocasiones hace ya algunos años, pero nunca doy con la boca. La próxima, no paso sin localizarla aunque me tenga que quedar todo el día dando vueltas por la zona.




Tras cruzar diagonalmente esta llanura continuamos nuestro itinerario a través del Puerto de los Navazos para entrar en otra extensión, relativamente llana, más alargada que la anterior. Se trataba de una especie de plataforma mucho más elevada que los Navazos Hondos que se encontraban más abajo a nuestra derecha, hacia el este de nuestra posición y limitada hacia el oeste por una pequeña cordal rocosa.



Al final de la misma nos paramos bajo la sombra de una enorme encina donde picamos algo de comer. Nos encontrábamos junto al Puerto de la Víbora, pero a una cota inferior. Tras la recarga de energía tuvimos que subir una pequeña y corta pendiente que rápidamente nos llevó a una angarilla situado en el mismo Puerto desde el que divisamos toda la amplia zona de Fardela, así como la magnífica elevación rocosa que determina y forma uno de los laterales de la Cuesta de Fardela.





Caminamos bajo sus paredes hasta que nos desviamos directamente hacia la Casa de Fardela, la cual, estuvimos fotografiando y observándo.



Proseguimos atravesando un vallado fácilmente superable con vanos, muchos de ellos tumbados, moviéndonos cerca de la zona de los Santos Lugares. Este tramo lo hicimos sin un sendero claro, nuestra intuición nos llevaba más que los senderos sobre el terreno.


De repente llegamos a una barrera rocosa culminada por un vallado que la recorría en toda su longitud y no se veía nada claro por donde continuar, así que pase el vallado por una zona cómoda y me encaramé en lo alto del promontorio.

Tenía claro la continuación de nuestra ruta, de hecho, estaba a unos ciento cincuenta metros de nosotros. El problema es que no se veía por donde conectar hasta que, tras bichear por todas partes, logré encontrar un senderillo.


Lo seguimos. Se trataba de un sendero marcado y claro, aunque por otro lado daba la impresión de estar en desuso. Curiosamente el vallado anterior lo cortaba completamente. La verdad es que no tengo nada de claro su existencia.

El caso es que nos unió con el sendero que deberíamos haber traído si no nos hubiésemos desviado a ver la Casa de Fardela.

Al momento, tuvimos que pasar una angarilla que sólo se abría por debajo del vallado, permaneciendo fija la parte superior. He pasado pocas de este tipo y nos fijamos en los carteles que tenía colgados donde daba informaciones de tratarse de una finca privada y un camino particular.


Caminábamos con las paredes que forman las Jauletas a nuestra derecha. Hacia el Norte y a nuestra izquierda, aunque sin llegar a verlo de momento, el cauce del arroyo de las Piletas.

Se trataba de una vaguada algo ancha donde, al mirar hacia atrás, se divisaba al fondo toda la plataforma formada por el Simancón y el Reloj, con los Navazuelos Fríos en primer plano.


A medida que íbamos avanzando, las formaciones rocosas que nos acompañaban eran cada vez más retorcidas y extrañas. Nos aproximábamos a un balcón espléndido al final de esta vaguada con unas excelentes vistas sobre el Pajaruco.








Rápidamente fuimos describiendo una amplia curva dejando de lado El Pajaruco y cruzando mediante un puente, realizado con tablones de madera, el arroyo de los Pilones que, en ese momento, estaba seco. 



Próximo, se encontraba un cortijo que albergaba un amplio corral para el ganado de vacas y cabras que abundaban por la zona.


La ruta tomó un rumbo casi perpendicular al trazado anterior dejando a nuestras espaldas las formaciones rocosas de las Jauletas.

La dirección que llevábamos nos obligó a cruzar también el arroyo Pajaruco, no sin antes detenernos en una curiosa fuente abrevadero formada por unas cinco largas piletas a distintos niveles donde calmaban la sed las vacas de la zona.



Para salvar el arroyo, en esta zona tuvimos que superar otra pronunciada aunque corta pendiente que, tras trepar ligeramente una cornisa pétrea, nos condujo a una terraza natural a cierta cota del curso fluvial, por decir algo; porque de agua, nada de nada.


Continuamos por el marcado sendero y a la altura del cruce con el último cauce, el del arroyo del Señorito, tuvimos unas fantásticas vistas de los Chozos, de turismo rural, que edificaron por la zona hace ya algunos años.


Poco a poco fuimos viendo las primeras edificaciones del pueblo de Benaocaz, con lo que fuimos cerrando y terminando la amplia circular trazada.



Entramos por encima del camino que se dirige hacia el Salto del Cabrero. Pasamos junto al restaurante que hace varios años se llamaba “el Refugio”, actualmente, mudado algo más abajo.

Siempre por la parte más alta del pueblo, lo íbamos atravesando longitudinalmente hasta llegar a las casas derruidas que formaban el conjunto del barrio Nazarí donde, tras las obligadas fotografías, llegamos por fin al lugar donde dejamos nuestro vehículo por la mañana.





Cambio de calzado, calcetines y camiseta y para Montellano "duntirón", a reponer sales minerales y tomarnos un merecido y gran serranito como nada más que aquí saben servir.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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