martes, 23 de abril de 2013

Circular por Trassierra. Baños de Popea


Ruta realizada el 16 Marzo 2013.

Fuimos Pilar, Juan José, Conchi, Pepe, Espino, Eugenio, Mª José y yo, Antonio, el que les escribe.

Realizamos una ruta circular por la zona de Trassierra, próxima a Córdoba capital, pasando por los Baños de Popea y la fuente del Elefante, entre otros puntos a destacar.

Dejamos los vehículos en los aparcamientos de la venta que se encuentra en la misma rotonda donde convergen las carreteras CO 3314 y CO 3402 y, también, donde hay una amplia gasolinera.

En este punto se encuentran las urbanizaciones de Serranía del Sol y la del Cruce.

Cuando todos los componentes de este nutrido grupo estuvimos preparados, esto es mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, comenzamos nuestra andadura tirando entre la citada venta y la gasolinera y dejando, a nuestras espaldas, las carreteras.

Al comienzo el sendero, muy marcado entre un denso y tupido bosque de árboles y arbustos de mediano porte, 


nos conducía mediante infinidad de curvas y en ligero ascenso hasta que se llegó a un punto dónde se descendía continuamente hasta alcanzar un puente de madera que salvaba un riachuelo.

A partir de aquí, tomó sentido ascendente suave hasta alcanzar un collado mirador. Había una especie de asientos para disfrutar las magníficas vistas que desde aquí se podían contemplar.


Todo un inmenso pinar, limitado por el perfil montañoso a lo lejos,cuyas copas  observábamos desde arriba; desde nuestra envidiable atalaya.

De nuevo nos tocó descender un corto tramo flanqueado al principio por unas barandillas de madera.

Conectamos con un amplio paso bordeado de alambrada por ambas partes, con la curiosidad de que estaba plagado de grandes charcos de agua debido a las lluvias caídas en días anteriores llegando, algunos de ellos, de lado a lado del camino, con lo que tuvimos que pasarlos con cierto cuidado e ingenio.


Así, caminando, llegamos a la altura del cortijo del Caño, lugar dónde conectaríamos de nuevo tras realizar la circular programada.



Allí mismo nos tomamos unas frutas y, otros, no perdonaron sus bocadillos o, como alguno dice: “su segundo desayuno”.

El campo estaba muy florido y verde y se notaba que había retenido agua ya que, los pequeños cursos  iban con un gran volumen de agua. Vamos, que parecía que estábamos en otras zonas geográficas diferentes de nuestra querida Andalucía.

Nos encontramos con un cartel que anunciaba “la casa del Coronel”, aunque lo que quedaba de ella eran unas ruinas.



Íbamos en dirección al arroyo Bejarano, como nos indicaban algunos carteles o postes informativos.


Entre un denso bosque nos acercamos al arroyo del Bejarano, lo pasamos y, desviándonos inmediatamente a nuestra derecha, entramos en una zona que nos conducía a un salto de agua tras pasar por una pequeña cancela.



Lugar bello que invitaba a quedarse un rato y contemplarlo. 



Acto seguido invertimos el sentido, volvimos a pasar la cancelita y abrimos otra que se encontraba enfrente de ésta. Caminábamos paralelos al arroyo, es más, lo cruzamos para observar de cerca un antiguo molino.






Los árboles que nos rodeaban no eran pinos. Creo que se trataba de álamos aunque la verdad es que, para distinguir la flora y vegetación no soy el más adecuado, no me quedo con las variedades aunque me lo digan varias veces. Muchos de ellos tenían un engrosamiento en sus troncos que, según me indicó Pepe, se trataba de una enfermedad que les transmitía un tipo de insecto.


Pasamos otros arroyuelos y portillas. La presencia de agua por todas partes era abrumadora, como omnipresente.



Había zonas en las que se veía o intuía la gran cantidad de agua que en muchos puntos debía de haber pasado, bien por existir árboles tumbados o rotos, bien por la maleza colgada a cierta altura de las ramas de los arbustos y árboles.

Llegamos a la altura de un cartel indicativo con el siguiente rótulo: “Bejarano Calzada romana”, pero,la verdad, no vimos ni rastro de ella. ¿Se la habría llevado la crecida de las aguas, je, je..?


Entre maleza y árboles, aunque con el sendero bien definido, nos topamos con un antiguo molino, “el molino del Molinillo”, que escudriñamos por todas partes, por abajo, por su interior y también por arriba del mismo.






Continuamos con nuestra aventura por el, realmente entretenido sendero, siguiendo, de forma más o menos fiel, el curso del arroyo Bejarano. Unas veces a su nivel y otras veces a unas cotas superiores.

El caudal iba en aumento constante por los diferentes aportes de regueros que le llegaban de todas partes. Había puntos donde te podías acercar a su curso para contemplar la formidable belleza del lugar.





Distraídos con tanta belleza alcanzamos una zona en la que había varias cuevas donde, según tengo entendido, se extraía cobre principalmente. Yo, con mi pasado de espeleólogo, no pude resistir la tentación de entrar y bichear un rato, aunque sin demorarme en exceso para no entretener a mis compañeros.





Continuamos con nuestra ruta y conectamos por fin con el río Guadiato que estaba hasta las “trancas” de agua. Es increíble los metros cúbicos que transportaba, aunque se veía sobre los árboles muchísimos ramajes y maleza colgada a una altura superior a la nuestra, lo que nos daba una idea de cómo debió ir.







Allí decidimos hacer la parada del almuerzo y tuvimos la compañía continua de un simpático pajarillo que parecía no tenernos el más mínimo de los respetos. Nulo miedo a los humanos!! Un insectívoro que se dejó fotografiar de todos los ángulos posibles.


Tras reponer fuerzas continuamos con nuestra principal actividad del día, pasar diferentes cursos de agua, unos más complejos que otros, hasta que llegamos a un paraje de suma belleza: “los Baños de Popea”.








Se trata de una zona donde hay varias construcciones, de relativa buena conservación, ubicadas a lo largo del curso de este otro arroyo que vierte sus aguas también en el río Guadiato.











Dispone de un espectacular y gran salto de agua que cae por un precioso tobogán natural a una majestuosa poza que, si no fuera por la fecha y temperatura que hacía, te obliga a zambullirte en sus aguas.

Lugar idílico donde los troncos de los árboles y rocas del curso del arroyo están tapizados, prácticamente en su totalidad, de ese musgo esponjoso verde que le da al entorno un toque mágico y diferente.







Tras gozar un buen tiempo de este maravilloso lugar retomamos el sendero, caminamos paralelos a este nuevo arroyo y pasamos por una especie de presa que facilitaba que se depositase y remansara el agua.


Así, siguiendo el camino, nos fuimos desentendiendo del arroyo para ir a buscar nuestro siguiente objetivo:" la fuente del Elefante" que, tras pasar entre fincas, propiedades privadas y preciosas, llanuras plagadas de flores, y encontrarnos con un canal artificial construido para la conducción del líquido elemento, nos llevó a ella.






Se trataba de una fuente estanque por donde pasa el arroyo del Molino. Según el cartel informativo, se trataba de una estatua en forma de elefante de la que manaba agua que caía al estanque de época romana.
También existían carteles para llamar la atención de no molestar a los anfibios que se suponía que allí encontraríamos pero no vimos ninguno, ni siquiera una simple rana.



Ya sólo nos quedaba caminar un corto trayecto para alcanzar el punto del itinerario donde cerraríamos nuestra circular, a la altura del cortijo del Caño, para, posteriormente, caminar por el mismo camino de ida pero en sentido contrario hasta llegar a nuestros vehículos.




Ya en la venta, tras cambiarnos de calzado y alguna ropa, dimos por finalizado una fácil, bonita y pintoresca ruta en las cercanías de la ciudad de Córdoba.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




En este enlace te puedes descargar el track de la ruta:

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