jueves, 28 de mayo de 2015

Lineal de subida al Cuvicente y Jultayu, posterior bajada hacia el ref. de Ario

Ruta realizada el día 24 de Agosto del 2.014.

Segundo día en tierras asturianas y segunda etapa montañera proyectada.

Seguimos siendo los mismos, Mª José y yo, Antonio.

De nuevo nos levantamos bastante temprano para poder subir a los lagos de Enol antes de que, en Covadonga, cierren el acceso a los vehículos. Una vez en el aparcamiento del lago de la Ercina, nos dirigimos al restaurante de al lado donde desayunamos.


Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra segunda ruta bordeando parte del lago, dejándolo a nuestra derecha dirección al refugio Vega de Ario.



El entorno es de suma belleza y, estaréis de acuerdo conmigo, un andaluz aquí en el norte, alucina. Un verdor exuberante, aguas cristalinas y rodeado de inmensos picos, … qué más se puede pedir??. Así me sentí en el comienzo de este trazado.

Enseguida pasamos junto a unas pequeñas cabañas, primero la Veguina y, a continuación, El Brazu, algo más alejadas. Aquí se les nombra, según tengo entendido, como majadas.


El camino, perfectamente marcado, recorría una especie de vaguada formada por la estribación del pico Braña de Sotres y la Sierra los Cantos. A la altura de la zona de El Empadoriu alcanzamos otra majada, en esta ocasión la de Las Bobias que, en ese momento, estaban ocupadas y usadas por el pastor de un enorme rebaño de cabras. De una de ellas salía un humo por debajo del muro, como de tener encendida alguna especie de chimenea, en otras, eran las propias cabras las que aparecían observándonos por los huecos de la pared a tipo de ventanas.




Por supuesto, durante todo el trayecto ¡¡las omnipresentes vacas!!, muchas de ellas acompañadas de sus crías y, también, la figura del burrito, apareció en escena.



Continuamos con el itinerario y rápidamente alcanzamos la majada de La Redondiella, que dejamos a nuestra izquierda algo alejada a nosotros, y lugar por donde tiramos el pasado año para alcanzar la Peña Ruana.



Así continuamos, dirección al refugio Vega de Ario, comprobando como el verdor de las hierbas iba siendo paulatinamente sustituido por el gris de las calizas.

Llegados a la altura del collado del Jito, extraordinario balcón de parte de los Picos de Europa, desde donde observamos, con gran expectación, los dos picos objetivos de nuestro itinerario.



En este lugar existía una especie de mesa redonda, con una tapa circular en piedra donde estaban talladas, de una forma poco marcada, diferentes direcciones que indicaban la ubicación de diversos picos emblemáticos de la zona.



Decidimos ir primero hacia el Cuvicente, con lo que tomamos dirección Sur, desviándonos de la trayectoria que traíamos.

Se trataba de un mar calizo que teníamos que cruzar, con sus elevaciones y jous o depresiones y, aunque llevaba track para orientarnos, lo cierto y verdad es que los ojeaba poco y buscaba más los hitos de piedras que divisábamos de vez en cuando. Aunque, en ningún momento, noté un claro, cómodo y eficaz sendero por este tramo.




Se trataba de un terreno en el que ibas caminando y te introducía en diferentes y alternantes sube y baja en los que, rápidamente, perdías el objetivo de tu vista y podías desorientarte fácilmente.

Subimos la ladera final del pico por el contorno, siempre que era posible, de una inmensa pedrera o canchal de incómodas rocas sueltas.




La antecumbre del Cunvicente no es, en realidad, más que un insignificante hombro que se une rápidamente a la cumbre real. El problema es que esta unión es un estrecho pasillo que, para el que tenga vértigo, puede ser un gran obstáculo ya que, a ambos lados, tiene buenas verticales, aunque la de la cara Sur gana por varios centenares de metros y es de mayor verticalidad.

Yo, aunque las verticales me dan mucho respeto y algo de vértigo, pasé el pasillo. El problema lo tuve al querer proseguir para alcanzar su cumbre. Hablo de menos de diez metros, donde no vi claro el paso (después en el refugio, su dueño, malagueño por cierto, me comentó que se trataba de un “pasin” donde había que pegar el estómago a la pared) y desistí.







Igual lo podría haber pasado si hubiese indagado algo más y tras armarme de confianza pero, como todavía teníamos que alcanzar el Jultayu pasando por toda su cordal y regresar hasta el Jitu por ese mar de piedras, no quise gastar mucho más tiempo (espero que haya quedado convincente la excusa¡!)

Nada, a diez metros escasos de la mismísima cumbre del Cuvicente nos quedamos sentados y nos tomamos unas frutas; para mí, como si lo hubiese conseguido aunque, con el resquemor de no haberme fotografiado sobre el hito cimero.

Las vistas, descomunales e indescriptibles!! Casi gasto el “carrete”. Caín a unos 1500m por debajo nuestra, los picos de Europa a tiro de piedra, una serie de picos dentados y espectaculares difíciles de olvidar, y unos desniveles que te quitaban el hipo.

Iniciamos el descenso hacia el Jultayu. Primero bajamos para, de nuevo, comenzar la subida. 








Bajamos siguiendo la propia cordada, buscando lo mejores pasos y siempre con la duda de si llevábamos el mejor trazado y con la posibilidad de tener que rectificar.

Entre bloques, unos menores y otros mayores, fuimos descendiendo y continuamos con unas inolvidables y llamativas vistas, siempre con temor de encontrarnos algún obstáculo insalvable.

Acercándonos a la unión de ambas cordales, la majestuosidad del Jultayu y esa elevación inclinada nos dejó atónitos. Tiré varios “carretes más”, una auténtica maravilla.

Todos los fondos para las diferentes fotografías eran espectaculares, no me cansaré de escribirlo. Entorno montañero 100%

Comenzamos a subir por la cordal, ahora del Jultayu, y lo primero con lo que nos encontramos, y de forma sorpresiva, fue con la Ventana del Jultayu, un hueco que atraviesa completamente de lado a lado, la cresta.

Yo había leído algo sobre ella en algunos blogs pero, lo cierto y verdad es que en ese momento ni me acordaba de ella, con lo que el asombro y sobresalto fue especial.









Continuamos con la subida y, el pico, lo veíamos como de perfil, con su cara Sur, la de nuestra derecha, cortada a pico y la otra con una gran pendiente lateral, aunque no impedía un cómodo caminar.

Últimos metros y por fin alcanzamos su cumbre. Encima del Jultayu por segunda vez!! En esta ocasión no vimos la cruz metálica que encontramos la otra vez. La primera vez que subí aquí, también con Mª José, el pico sobresalía sobre un extenso mar de nubes que se extendía, al Norte del mismo, sólo dejándonos ver la parte Sur, la zona de Caín.

En esta ocasión nos permitió ver a todo su alrededor, como un mirador natural de primer orden, cosa que aprovechamos perfectamente mientras comíamos en su cumbre.












No andábamos muy bien de tiempo así que descendimos, al poco tiempo de estar un rato en el hito cimero, por un sendero bastante bien marcado que ya no recordaba de la anterior ocasión. Al principio con multitud de hitos señalizadores y, algo más abajo además, marcado por el propio surco del sendero.





Bajamos de una forma más cómoda a la realizada en el ascenso, siempre entre rocas rodeadas por pequeños mantos verdes de hierba y con dirección al refugio.

Se hizo algo pesado y largo, este trayecto, por el cansancio acumulado pero, siempre amenizado por las increíbles vistas de alrededor.

Tuvimos la suerte de ver, además de vacas, por supuesto, un grupo de rebecos que corrían como locos al vernos pasar. Las piedras, las saltaban y esquivaban más o menos como nosotros, ja, ja..



Tuvimos una visión clara del refugio, recorrido más de la mitad del trayecto de bajada del pico, pero, al poco tiempo, volvimos a perderlo de vista por los diferentes desniveles del terreno.

Enlazamos con otro, y mucho más marcado, sendero, mediante dos señales indicadoras. Una  indicaba en la dirección de donde procedíamos, Canal de Trea, y otra, en chapa oxidada, nos daba la dirección hacia el Ario.


Todavía tuvimos que sortear un mar de rocas calizas con sus respectivos jous hasta, por fin, alcanzar una superficie exenta de rocas y colmatada del verde característico asturiano.





Llegamos a lo que quedaba de la majada de Vega de Ario, unas paredes que formarían lo que sería una de las casas de esta zona y, enseguida, alcanzamos la fuente Las Jallellas, con su curioso tirador del grifo que estaba colgado de una especie de percha, teniéndolo que acoplar en el grifo para poder beber.


Acto seguido, alcanzamos el refugio donde nos tomamos unas refrescantes cervezas, a precio de oro, que sentaron de maravilla. Un descanso y charla con los que estaban alrededor, además de fotografiar y dar de comer a un grupo de gallinas que picoteaban en nuestras cercanías.




Sólo nos quedó seguir otro marcado sendero que nos llevó sin pérdida, de nuevo, al Jito. El resto del camino fue por el que trajimos en la ida.


Este trayecto lo realizamos a paso ligero para evitar que la noche nos pillara aunque, ya en el vehículo, nos quedamos sin luz diurna.










Cambio de calzado y a nuestro hotel para ducharnos y tomarnos una merecida cena regada con sidra, por supuesto, y a preparar y decidir nuestra tercera ruta.


DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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