martes, 27 de enero de 2015

Circular de subida al Cerro del Trevenque. Sierra Nevada

Ruta realizada el día 24 de Mayo de 2.014.

Fuimos de nuevo Mª José y yo, Antonio. Nos gustó mucho la zona que pateamos la semana anterior y decidimos volver por los alrededores para realizar la ruta del Trevenque.

Bueno,  hicimos lo mismo que en la ruta anterior de subida al pico Huenes: levantarnos muy temprano, tomar la autovía desde Sevilla a Granada, llegar a la Zubia, pasar Cumbres Verdes y aparcar cerca del cerro de Sevilla.

Para esta ruta, arrancamos desde el mismo punto que para la anterior con la diferencia que tomamos otro camino inicial.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro recorrido (dejando a nuestra izquierda el carril que tomamos para dirigirnos hacia el puente de los Siete Ojos) para subir al Huenes. Después, tomamos el que nos conducía a los Arenales del Trevenque y también a la propia Cuerda del Trevenque.


Al comienzo del trazado, vimos al fondo y a nuestra derecha, hacia el Oeste, el gran barranco que formaba la Boca de la Pescá e, inmediatamente, algo más abajo nuestra, sobre la misma ladera, el Canal de la Espartera, una acequia que la recorría hasta llegar a la Toma del Canal de las Espartera, donde se unía con el río Dílar.





Tras continuar durante un buen trayecto el carril terroso, nos encontramos con una extensión amplia y llana de terreno donde había un cartel informativo sobre la creación de los Arenales del Trevenque y unas barandillas de madera para contemplar ese paisaje.



Este fue el punto donde comenzamos el trazado circular, el nexo de unión. Aquí nos cambiamos al carril que nos llevaría a la Cuerda, dejando el que seguiría la trayectoria de la Cañada Real de Padul al pico Veleta.

Sobre la cuerda, a veces sobre el carril y a veces atrochando, fuimos caminando en suave ascenso y, poco a poco, nos fuimos aproximando a las laderas del Trevenque.

Con vistas en todo momento de Sierra Nevada, Alayos y el macizo del Huenes, entre otros, fuimos avanzando por la cordal, por un carril y senderos arenosos muy marcados. Poca vegetación arbórea y pequeñas plantas diseminadas a lo largo del recorrido.





Pasamos por barrancos laterales muy pronunciados y encontramos, a lo largo del recorrido, piedras muy erosionadas de muy caprichosas formas, aunque las de tipo aguja eran las que más se repetían.




En una curva del camino, aunque mirando el plano del IGN parece que el carril terminaba allí,  nos desviamos hacia nuestra izquierda por un recorrido marcado por un hito de piedras. El sendero, en ascenso más acusado, muy marcado y formado por piedras sueltas, nos dirigía alineadamente a la base abrupta del Trevenque.





Nos subía por una pequeña estribación, totalmente árida, sin ninguna planta superviviente (el reino del polvo y las diminutas piedras) hasta que, más arriba, sobre la misma cordal, comenzaron a aparecer árboles aislados y pequeños matojos que volvieron a dar el toque de color y vida a este último escollo.





El final de la subida fue entre piedras de considerable tamaño y con formas de las más extrañas. Durante un momento, parecía un paisaje lunar o extraterrestre.






Alcanzamos un collado que nos daba vistas hacia el lado contrario al que subíamos, ya todo de ambiente calizo pero claramente erosionadas por la acción del viento, lluvia y nieve que por aquí abunda y, rápidamente, subimos a su cumbre.





Sobre ella, gozamos de sus extraordinarias vistas, nos fotografiamos con todos los fondos posibles y picamos algo.






La anécdota de lo que nos ocurrió, durante ese tiempo que estuvimos en lo alto, fue la visita inesperada de una cabra montesa que, al ruido de las bolsas de plástico, se nos acercaba con mucha cautela, siempre dejándonos un margen de distancia de seguridad pero, a la que estuvimos contemplándo a menos de diez metros de nosotros durante toda la estancia en la cumbre del Trevenque. Cuando te acercabas, se retiraba pero, al momento, aparecía por otro rincón insospechado. Evidentemente fotos a punta pala y desde diferentes puntos de vistas.







 Tras la estancia prolongada en esta cima desde la que se vislumbraban muchas elevaciones de alrededor, además del entretenimiento esporádico recibido, decidimos emprender el regreso pero realizando una circular por el barranco del Búho.

Para ello, descendimos el mismo camino que utilizamos a la ida de subida al pico, hasta conectar con el punto donde dejamos el carril para iniciar la subida. Continuamos bajando por esa estribación, donde estaban acostados dos inmensos machos monteses, que tardaron bastante en levantarse y alejarse del camino como pensando: “estos dos, podían haber tirado por otro lado”.






Acto seguido, se frotaron los lomos con unos arbustos, como en el despertar de una no tan relajada siesta como les hubiese gustado.


Dejamos atrás el Trevenque y su marcado sendero de bajada, y comenzamos a ver los primeros pinos de nuevo.


Ya sobre el lecho del barranco, ramblas le llaman por aquí, continuamos caminando por un firme de piedras sueltas entremezcladas con arena. Un entorno seco pero atractivo.



En general, parte del regreso se realizaba por la propia rambla y otras partes por la Real Cañada de Padul al Pico Veleta.


Casi sin darnos cuenta, alcanzamos de nuevo las barandillas de madera con las que nos tropezamos a la ida, donde estaba ubicado el tablero informativo sobre los Arenales del Trevenque.


Por continuar de regreso, por un trazado diferente que a la ida, continuamos por la Real Cañada anterior hasta conectar, unos metros antes, con el inicio del sendero.





Llegamos al coche donde nos cambiamos y regresamos a Sevilla.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





 Si quieres el track del recorrido, pincha sobre el siguiente enlace:

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