jueves, 24 de julio de 2014

Circular de subida a la cordal de Alhucema y posterior subida a la Tiñosa

Ruta realizada el día 22 de Febrero del 2.014.

Fuimos expectantes,  a esta atractiva ruta, Patxi y yo, Antonio.

Procedentes de Sevilla, llegamos a la altura de Estepa donde nos salimos de la autovía para tomar dirección Puente Genil, Lucena y Rute. Desde este último y por la comarcal CO-8212, llegamos a Las Lagunillas. 

Justo al principio de la pedanía, tomamos un carril de tierra en buen estado, a nuestra izquierda, que pasaba junto al cortijo de Petrolino y nos dejaba cerca del de Alto de Torres.

Recomiendo llegar a Las Lagunillas mejor desde Priego de Córdoba, mucho mejor carretera. Es decir no ir a Rute, sino Carcabuey y Priego directamente.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra ruta a la vez que otros senderistas con los que, en pleno aparcamiento, coincidimos aunque la mayoría iban a realizar la subida a la Tiñosa directamente.

En el lugar del aparcamiento hay un sendero bastante evidente que tira paralelo al arroyo de Cañatienda, casi perpendicular directa a la cordal de la Loma de las Chozas (Alhucema), y otro que parece un camino, que va como dirección al arroyo de la Fuente de la Higuera bordeando la falda de los dos primeros promontorios rocosos visibles desde nuestra posición situados casi al Oeste, incluso descendiendo suavemente.


Esto nos llevó a una pequeña confusión ya que pateamos ambos algunos metros pero, cuando nos dimos cuenta de donde realmente queríamos ir, nuestro rumbo era como trazarle una bisectriz a los dos anteriores, nos obligó durante un corto espacio, tomar campo a través hasta conectar con un sendero relativamente claro que, aunque sólo usamos un tramo, nos ayudó a orientarnos un poco ya que, realmente, la subida la hicimos campo a través y en fuerte pendiente.



Fuimos subiendo la ladera en diagonal, con gran desnivel inicial y dirección Oeste, hasta conseguir llegar a la pequeña cordal de nuestro primer objetivo, un mirador natural rocoso que sobresalía llamando la atención.
Al principio, por la parte baja, entre encinas y matorral; a media ladera, el matorral era el amo y, próximos a la pequeña peña, el ambiento rocoso y algunas plantas de esparto, tomaban protagonismo.



A medida que íbamos tomando altura, las vistas eran cada vez mejores. Detrás se nos quedaba la sierra de Rute, realizada anteriormente, con el embalse de Iznájar, al lado el cerro del Grajo, y a su opuesto, la magnífica sierra de la Horconera con la Tiñosa esperándonos en ella.

Situados sobre la pequeña cordal, nos dirigimos directamente al saliente, una peña rocosa con una cruz metálica como poste geodésico.





Desde aquí, las vistas de las dos sierras entre las que estaba situado eran de impresión, La Horconera y la Alhucema que, cada vez, nos daba más respeto. Se intuían buenos cortados y no tan claros pasillos para caminar por ella.

De este balcón pasamos enseguida al siguiente que estaba próximo. Buenas vistas sobre el cortijo Alto de Torres así como de nuestro aparcamiento.

Desde este punto intentamos no perder altura y mantener la curva de nivel para dirigirnos hacia el Puerto donde se iniciaba nuestra cordal prevista pero, pronto, encontramos un claro sendero que nos llevaría a ese lugar.

Pasamos junto a una especie de monolito natural parecido al Roque del billete de las mil pelas antiguas, pero en chico.


Antes de llegar al citado collado, y caminando por laderas muy inclinadas, decidimos atacar y subir directamente a la cordal del Alhucema. Recuerdo que los primeros pasos fueron muy dubitativos, sin tener nada de claro si la elección de camino realizada nos iba a deparar algunas sorpresas, pero … buscando por aquí, tirando por allá, de repente nos vimos en la mismísima cordal.




Vencido este primer escollo, “sólo quedaba seguirla a todo lo largo”.


Ascendimos por ella hasta alcanzar, más o menos, su cota máxima y manterla entre los 1.420 y los 1.450. Sin palabras. Espectacular!!! Las laderas caían a nuestros pies a izquierda y derecha, no teníamos ningún obstáculo frente a nosotros, es más, nosotros éramos lo más altos del lugar. Un entorno aéreo.







He de advertir que este trazado no es aconsejable a cualquier persona, principalmente a los que sufran vértigo. Además en toda la cordal, desde mi punto de vista, existen dos pasos delicados que hay que ir con bastante cuidado. El resto no es que esté exento de peligro, sino que creo, humildemente, que nuestra experiencia es un grado y el paso entre bloques y búsqueda del paso idóneo, ya lo tenemos superado.

Aunque os digo que la tensión por lo desconocido, de qué es lo que nos encontraremos más adelante, nos llevó jadeando más de lo habitual.

Este itinerario, si me lo podéis permitir, era el disfrute de los sentidos. Tuvimos un día magnífico, ni pizca de aire, soleado sin ser excesivo, limpio y claro. La crestería de Alhucema era alucinante, se veía espectacular, se escuchaba la suave brisa y el canto de algunos pájaros, se olía el aire puro, se disfrutaba del trago de agua fresca y se sentía el gozo de estar realizando una espléndida ruta montañera.





Cada paso era una aventura, un reto. No paramos de subir y bajar piedras, de mirar a un lado y a otro, de echar fotos … cada rincón y pasos te lo pedían. Menos mal que hoy en día no hay carretes, en su contra, baterías.

Tajos verticales y algunos no tantos. Poco a poco fuimos llegando a su punto más alto, que bautizamos con el nombre de pico Alhucema mientras no se me indique lo contrario. !!Es que somos creativos con esto de los nombres¡¡

Continuamos otro tanto, subiendo y bajando piedras, así como sorteando pasos, algunos de ellos complicados, hasta que la cordal cambió de dirección. 







Prácticamente la parte cañera terminó aquí y, aunque continuó algo, ya se trataba de promontorios entre lomas terrosas, por supuesto bellas y atractivas. Fue aquí, donde obtuvimos una bella estampa de toda sierra Nevada completamente blanca, colmatada de nieve.

La cordal comenzó a alternar rocas con lomas redondeadas. En las zonas de umbría aún se conservaban planchas de hielo sobre algunas rocas y nos permitimos el lujo de subir a un pequeño peñón rocoso antes de abandonar las piedras definitivamente.




La cordal volvió a cambiar de dirección, paralela a la primera parte, la más abrupta, y, definitivamente, se convirtió en loma con algunas que otras alineaciones rocosas. Bajamos algo para, posteriormente, subir de nuevo al cerro siguiente y, tras éste, descendía a una especie de collado situado a la altura del puerto de Mahina.


Entonces debatimos si seguir adelante por la cordal o bajar al Puerto para acometer la subida a la Tiñosa. Como nuestro compañero de fatiga, Juan José, no pudo venir por asuntos de fuerza mayor, optamos por bajar para tener la excusa de realizar completamente la cordal de cabo a rabo, como a nosotros nos gusta.

Así que no lo pensamos mucho y tiramos pendiente abajo, de forma pronunciada, aprovechando que el terreno no incordiaba demasiado teniendo en cuenta que era bastante inclinado el descenso.

En poco tiempo estuvimos sobre tierra firme, en el mismo Puerto Mahina. Allí nos tomamos unas frutas para recargar energías para la subida que se avecinaba.

Tranquilamente, pero sin pausa, emprendimos la subida. Describimos como se ve en el track un acusado pico al inicio de la subida que pudimos evitar, no desviándonos. Creí que por ahí se trazaba un itinerario más cómodo y suave pero, al final, no tuvimos claro si mereció la pena.


Caminábamos por las laderas con gran pendiente lateral y, después, el sendero se tornó zigzagueante entre una zona rocosa para salir de nuevo a laderas inclinadas y, en continuo ascenso, pasamos junto a los animales a los que les gusta este tipo de terreno además de nosotros: las cabras!!  y, pronto, divisamos y exploramos la inmensa boca, cobijo de las muchas cabras que por aquí debe de haber. El suelo tenía varios centímetros de grosor acumulado de excrementos de las mismas.

Aunque era impresionante  y desde ella se obtenían preciosas vistas, no estábamos cómodos allí por lo de las posibles garrapatas que pudiesen haber.

Fotos hacia el interior y desde el interior para afuera, y a continuar con el trazado. Bajamos algo para, de nuevo, recuperar la cota perdida y, por supuesto, continuar aumentándola.





Nos movíamos por lugares con rocas de formas caprichosas y se me antojó subir encima de ese amplio cobijo. Rápidamente estuve sobre el mismo aunque no pude llegar a su máxima cota por culpa de una espesa vegetación que impedía el paso.

Bajada de nuevo y a continuar hasta la Tiñosa que ya se observaba desde nuestra posición, una larga loma ascendente interrumpida por el Morrión, pico previo a la Tiñosa.


Sierra Nevada, parecía al lado. Seguíamos viendo formas caprichosas de las rocas. Mirando hacia atrás, en primer plano, quedaba el montículo bajo el que estaba el gran cobijo y, más al fondo, la espléndida cordal recién conquistada.





Un último esfuerzo y, por fin, sobre el hito cimero, el poste geodésico del pico Tiñosa, máxima altura de Córdoba con sus 1.568 m de altitud.

En esta ocasión, con una banderita andaluza pequeña y metálica, como si hubiesen pintado uno de esos carteles que indican coto privado de caza. La anterior vez que subí, ondeaba una inmensa bandera de España, no entiendo la guerra política en los picos, pero no es el primero que observo.

Mientras Patxi se puso a picar algo, yo me dediqué a dar una vuelta por los alrededores y me asomé a unos atractivos cortados que había cerca.


De vuelta en la Tiñosa acabamos con el resto de alimentos que nos quedaban y marchamos de regreso, al principio por el mismo camino de ida, pero pisando y fotografiándonos sobre el Morrión y, antes de llegar a la altura del gran cobijo, nos desviamos del trazado anterior para tomar dirección hacia el cerro de la Cruz, al que casi llegamos pero que no subimos. Todo ello fue campo a través y entre matas de aulagas fáciles de esquivar.





Situados en el collado previo al cerro bajamos por la pendiente, directamente y sin sendero alguno, aprovechando los leves senderillos de las cabras y, en descenso continuado, alternando rocas, planchas y losas rocosas, terreno algo resbaladizo debido a la multitud de piedrecitas y tierra suelta, hasta que llegamos a lo alto de un pequeño cortado que tuvimos que mantener un tramo buscando como salvarlo.



Había que estar atentos y caminar con cuidado porque un tropezón en esa zona podría ser peligroso.

Vimos una oportunidad de salvar esta barrera “destrepando” entre algunas rocas y por fin salvamos el escollo. Sólo nos restó bajar, al principio, con una pronunciada pendiente entre árboles y, más tarde, sobre una larguísima loma con matorral bajo cómodo de caminar.


La bajada era larga y alineada con el Caserío de Cañatienda, al cual llegamos y estuvimos explorando.


Atravesamos el arroyo que alimenta al de Cañatienda y conectamos con el carril que directamente nos llevaría hacia el coche, pasando junto al cortijo de Alto de Torres.


DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace de Wikiloc:

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