lunes, 18 de enero de 2016

LINEAL DE SUBIDA AL PICO EMPANADAS, DESDE EL CORTIJO DE LOS NACIMIENTOS. CASTRIL

Ruta realizada el día 7 de Diciembre del 2014.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, con ánimo de realizar nuestra segunda aventura en tierras jiennenses pero, tras el “fracaso” del día anterior, que no conseguimos hacer la Cordal de los Agrios y que, cuando llegamos a Castril, vimos las partes más altas de las montañas nevadas, no tenía buenos augurios para esta segunda salida.

Partimos muy temprano de Castril por la carretera que lo une con el pueblo de Fátima. A la altura de la población de Martín nos desviamos hacia nuestra izquierda, según sentido de la marcha,  observando un cartel que indicaba “Parque Natural Sierra de Castril”.

A continuación, seguimos por un carril de tierra que nos llevaría a la Fábrica de la Luz  o al Cortijo del Nacimiento. Se trataba de un largo carril, unos 10Km, que pasa al lado del cortijo de las Tabernillas y, a la altura del Paso de Lézar, había que estar atentos para no desviarse a la izquierda por una bifurcación que subía por la falda Oeste del río Castril. El carril continuaba pasando por varios cortijos más y un camping hasta que llegamos a una inmensa y larga tubería metálica que nos indicó el final del trayecto.

Aparcamos bajo la tubería, ya había varios coches, y nos dispusimos a colocarnos las botas de montaña en los pies y nuestras mochilas a la espalda.

Llevaba cargados dos tracks circulares similares ya que esa era la idea inicial, subir a la Empanada por una zona diferente de la bajada. Pero el proyecto teórico no tuvo el más mínimo parecido con el real, el realizado.

Describiré a grandes rasgos lo que nos ocurrió aunque, a continuación, lo detalle con más minuciosidad.

Es mi primera incursión en la sierra de Castril, no la conocía. Sierra dura, agreste, en la que hay que caminar con cuidado y no realizar demasiadas locuras ni exponerse más de lo necesario.

Elegimos una opción de subida, una de las más clásicas, y llegamos a su cumbre, totalmente nevada, a una hora muy prudente y correcta. El Problema fue luego, a la bajada, para cerrar la circular.

Curiosamente, coincidimos con un grupo de montañeros, en su cumbre, con los que también habíamos coincidido en los coches, pero que ellos lo habían subido por donde, supongo, nosotros íbamos a bajar.

El caso es que disponíamos de una muy buena hora, y eso nos provocó una amplia relajación, contemplando todo lo que nos rodeaba, incluido un idílico lugar para comer.

Tras la recarga de energía continuamos con nuestra marcha. Bajamos una amplia cota por laderas inclinadas cubiertas de nieve donde, Mª José, no se las tenía todas con ella y caminaba con miedo a los resbalones, pero logramos descender.

El track me indicaba por una barranquera muy pendiente y con nieve dura y apenas notábamos pisadas del supuesto grupo que ascendió por aquí. Miré por todas partes, probé varias alternativas, pero siempre tenía la gran incertidumbre de que ella me pudiera seguir.

Seguimos descendiendo y, a la altura del collado de la Cruz, seguimos unas marcadas pisadas en la nieve, aunque ya fuera de track, en una zona desconocida completamente para mí.

La seguimos durante un buen tramo pero se empezaron a distanciar y desviar demasiado de nuestra zona de seguridad, por lo que comenzamos a mirar otras opciones, pero nada accesibles.

El tiempo se iba consumiendo y, no teniendo clara ninguna otra alternativa, tuve que decidir y di la orden ¡!! Invertimos el trayecto realizado y subimos de nuevo al Empanada!!! Trescientos metros de desnivel, otra vez parriba y a to tren, por laderas nevadas de nieve dura, muy pendientes.

Con mucha cautela y atención, recortando lo máximo posible, con ayuda del GPS, logramos coronar, por segunda vez, el pico Empanadas a las cinco y media horas, en Diciembre.

Sabía que contaba con una hora de luz máxima y mi principal objetivo era la de alejarme lo más rápido posible de toda la Loma del Empanadas, de su cuerda. Por supuesto, ya sabía que a los frontales les íbamos a sacar un buen y largo provecho, pero no quedaba otra alternativa.

Es más, si hubiera dado la casualidad de encontrar algún abrigo, no era una idea que me hubiese molestado en ese momento pero, poco a poco, con un uso intensivo del aparato electrónico, fuimos avanzando buscando obsesivamente nuestras propias huellas sobre la nieve.

Terminamos sobre las veintidós horas en el coche, una aventura difícil de olvidar. 

Pero, desmenucemos el itinerario, y vayamos por partes.

Iniciamos el recorrido desde la misma tubería caminando por un marcado carril que nos llevaría al nacimiento del río Castril. A nuestra derecha, teníamos una cordal coronada con piedras y grandes bloques que daban miedo nada más mirarlas. Parecía imposible que se mantuvieran en pie. Una estribación de Sierra Seca.




A la vez, las vistas del desfiladero de Las Margaritas, por donde discurría el Barranco de Túnez, te quitaba el hipo.


Nos encontramos con un cartel informativo sobre un pequeño bosque de almez; por lo visto, y según indicaba en el mismo, “un recuerdo del medievo”. Suena a antiguo.


Comenzamos a encontrarnos con tramos cubiertos por una capa de hielo, indicio del frío que teníamos y del que íbamos a tener.


Fuimos nivelándonos respecto al río Castril hasta tal punto que, prácticamente, estábamos en la misma cota y fue, en ese momento, cuando lo atravesamos por un puente, algo convexo, y de una construcción reciente, dejando el sendero que nos llevaría al nacimiento del Castril.




Nada más pasarlo, invertimos la dirección por la otra orilla, aunque se trató de un corto trayecto ya que, enseguida, comenzamos a subir por la zona de los Nacimientos.

Una zona donde el sendero estaba perfectamente marcado e hitado además de pasar por lugares de gran belleza. Al principio entre retamas, para terminar entre cornicabras que, con ese color rojizo que toma en esas fechas, daban un toque cromático muy atractivo.



El sendero nos iba aproximando a una espectacular barrera rocosa, casi inexpugnable, vertical y difícil de adivinar por donde nos iba a llevar. Pasamos canchales y observé el punto por donde supuestamente regresaríamos, donde cerraríamos la circular. Un desvío marcado mediante un hito no demasiado claro.


De repente, nos vimos subiendo por un magnífico sendero, mediante multitud de zigzags, subiendo de cota rápidamente y sirviendo de lugar de oteo perfecto. El Morro del Buitre, completamente nevado, y las agujas de piedras rodeándonos por varios puntos.




Subida esta “escalera natural”, nos dejó en una planicie donde nos encontramos con el cortijo de la Puerca, al que nos acercamos. Continuamos por claro sendero, siempre en ascenso, hasta alcanzar un fantástico mirador natural situado cerca de la Morra del Calar, en la zona de la Puerca. Tuvimos las vistas nevadas de toda la cuerda del Empanada así como del Salgar de Túnez, ese inmenso barranco por donde circulaba el río Túnez, flanqueado entre el cerro de la Carrasca y el collado de la Cruz, lugar al que llegaríamos buscando una opción de bajada para realizar la circular.






Nos movíamos principalmente entre pinares no demasiado densos y roca caliza de muy variadas formas. Continuamos ascendiendo pero de forma muy suave por una especie de cuerda, no muy clara, que nos llevó a la Serrezuela y a la Hoya del Portacho.



Nos encontramos con las primeras manchas de nieve y los reguerillos de agua, la mayoría congelados. Una vez en la Hoya, completamente nevado.





Accedimos al collado de Portacho donde dudamos, por un momento, por dónde continuar con el trazado ya que, sobrepasado el mismo, se tornaba con gran pendiente entre nieve e hielo y nada clara su continuación. Estuvimos buscando una posible salida, subiendo por canales pétreos y completamente nevados que, por un instante, me dieron muy mala espina para poder seguir con el itinerario. Por suerte, allí coincidimos con otra pareja que subían de forma paralela a la nuestra y estuvimos intercambiando opiniones.






Al final, regresamos de nuevo al Portacho y, con sumo cuidado, fuimos bajando y bordeando la ladera Norte del cerro de la Carrasca. Era muy difícil seguir un rumbo ya que nos movíamos entre un pinar en ladera, bastante inclinada, con bastante matorral y colmatado de nieve. Poco a poco, y con mucha cautela y atención, logramos alcanzar el siguiente collado, el del Salitre.






Este collado era como un puente que dividía a izquierda y derecha o, mejor dicho, al Suroeste y al Noreste, dos grandes barrancos. Cada uno nacía a sus pies. Un lugar increíble.



En esta zona la nieve estaba desparramada sin llegar a cubrir el terreno completamente, lo que nos dio la opción de poder seguir durante un corto trayecto el claro sendero pero que, próximos a la Morra de los Tres Mojones, de nuevo lo perdimos y tuvimos que hacer nuestros pinitos en el lugar.

Tuvimos que subir por la inclinada ladera, por la máxima pendiente, para intentar dar de nuevo con la ansiada senda.


Por fin, superada la Morra, nos encontramos con una “autopista”. Toda la Cuerda de las Empanadas o Loma de los Tres Mojones, por supuesto, completamente llena de nieve pero con bastantes menos obstáculos que en el trayecto anterior.




Un terreno con bastantes menos árboles, algunos parecían que no podían aguantar más, pero con bastante matorral de bajo porte que se podía ir esquivando al caminar. Desde luego todo en color blanco pero sobre una orografía mucho más liviana, extensa y roma, donde se tenían unas vistas amplias por donde dirigir tus pasos.





Terminada esta Cuerda, en la que nos estuvo acompañando todo el tiempo un vallado lateral donde hasta los alambres estaban congelados, llegamos a la última subida que nos encontraríamos antes de coronar nuestro pico.

Una subida que, sin ser demasiado exigente, por las condiciones climatológicas en las que la cogimos, si nos hizo sudar un rato. Mucha nieve, donde cada paso se hundía hasta el empeine, y bastante viento frío además de ir sorteando continuamente diferentes barreras al caminar. Pero eso sí, una chulada.












Llegamos al poste geodésico del Empanada. La pareja con la que subimos, a cierta distancia pero casi a la par, ni se paró y continuaron bajando para realizar su circular. Según nos comentaron, iban con cierta prisa porque dejaron a su perrita en el automóvil y querían regresar lo antes posible.

En el hito cimero, nos encontramos con el grupo de montañeros que salieron tras nosotros pero que realizaban la circular en sentido contrario al nuestro. Allí estuvimos hablando y fotografiándonos, muy relajados, ya que la hora era muy buena y la circular que nos quedaba era de menor longitud que lo realizado hasta entonces.





Buscamos un bonito lugar donde comimos gozando de las espléndidas vistas que teníamos alrededor. A esta cota todo estaba nevado y los regueros congelados.




Decidimos continuar con nuestro trazado y bajamos toda la ladera Sureste del Empanada. Si había nieve arriba, en esta zona mucho más. La ladera era bastante pendiente y la nieve más bien dura. Bajamos con mucha precaución.



El track me mandaba siguiendo el curso de un arroyo que descendía vertiginosamente y con todas sus laderas colmatadas de nieve. Tengo que decir que mi experiencia en nieve es nula y, por ello, le tengo mucho respeto. En este momento me acordé de mis compañeros de ruta salmantinos que me hubieran dado bastante confianza en esta zona.

Mª José no estaba por la labor de aventurarse por allí, así que optamos por acercarnos hacia el Collado de la Cruz en busca de las numerosas pisadas que deberíamos encontrar en la nieve, según nos indicó el grupo que nos encontramos en la cima, que sería el recorrido por el que ellos llegaron y nosotros regresaríamos.

De hecho, las encontramos (no sé si la de ellos, claro, je, je...) y las seguimos durante un buen trayecto pero observaba que cada vez se alejaban más del track que tenía cargado, que no conocía nada esta sierra y que la hora iba avanzando sin encontrar una clara salida.

Llegamos a la cabecera de otro arroyo de los que alimentan al Barranco de Túnez, aún más abrupto y vertiginoso. Lo exploré un poco pero no lo tenía nada claro. Escudriñamos otras alternativas pero, con lo agreste de ese terreno, de esta sierra en general, no vi conveniente probar fortuna.

Así que decidí una vuelta por el mismo camino. Nos tocó, de nuevo, subir al Empanada por esa inclinada ladera donde la nieve estaba mucho más dura de como la pillamos en la bajada. En algunas zonas incluso le partía planchas de hielo a Mª José para que subiera más cómoda, ya que iba subiendo bastante agobiada.

Llegamos, de nuevo, al vértice geodésico a las cinco y media de primeros de Diciembre. Primero alegres por alcanzarlo de nuevo y regresar por una zona algo más conocida, pero luego, con la incertidumbre de ver cómo nos íbamos a encontrar la bajada del mismo y, por supuesto, tener claro que tiraríamos de frontal bastantes kilómetros, varios con nieve y sin tener clara la senda.




La verdad es que la nieve, en esa bajada, estaba bastante bien y, a un fuerte ritmo, nos quitamos casi toda la Loma. Finalizando ésta, tuvimos que colocarnos las luces.

A partir de este momento, fue una odisea. Como loco iba mirando el GPS “salvador” y buscando nuestras propias huellas. Tuvimos suerte de encontrar, en la mayoría del trazado desde la Morra hasta el Collado del Salitre, el sendero. Casi mejor que en la ida.

Pero nos esperaba el tramo que más me preocupaba, la ladera del Cerro de la Carrasca, donde, a la ida, tuvimos que atravesar al menos dos barranqueras con su lecho helado además de internarnos por el bosque de pinos subiendo por su ladera inclinada. Pero no sé qué ocurrió, sería por el estado de súper concentración, tensión y ganas de no fallar ni un ápice en cada paso que, cuando me di cuenta, ya nos encontramos en el Collado del Portacho.

El cruce de esos barrancos helados, ni los vi o se derritieron, cosa que dudo!!! Respecto a la orientación por el bosque, fue siguiendo nuestras propias huellas como un perro Pachón. En el Portacho respiré profundo y tranquilo, quedaba bastante ruta aún pero lo peor había pasado.

Seguimos a duras penas por el camino de ida. En ocasiones nos quedábamos bloqueados entre piedras que, de día, no hubieran supuesto mayores problemas pero, por suerte “y por el aparatito”, salíamos de todos esos atolladeros.

Una vez alcanzado el cortijo de la Puerca y, por lo tanto, el inicio de esa zigzagueante bajada, es cuando la tranquilidad me envolvió definitivamente. Ya sólo era cuestión de caminar por un trazado muy marcado, sin lugar a pérdida, hasta alcanzar nuestro coche a las veintidós horas de la noche.


Tras cambio de calzado, nos dirigimos hacia Castril, a nuestro hospedaje, donde tuvieron la amabilidad de prepararnos unas raciones y unas cervezas que nos supieron a gloria celestial.

 DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:



3 comentarios :

  1. Hola , ya he sacao tu blog algunas cimas y algun que otro trak , vaya aventurita la de la Empanada , nosotros hacemos cada sabado una cima distinta y lo que pasa cuando no conoces el terreno te llevas alguna que otra sorpresa de vez en cuando , queria saber como esta el carril que lleva al pricipio de la ruta , si es apto para turismos o solo para todoterrenos .El viernes santo subimoas al Buitre que te la recomiendo si no la has hecho y la apista esta de pena , acabo de hacer un blog , te mando el enlace por si ves alguna cima que hayais hecho.

    un saludo

    miguelycumbres.blogstop.com.es

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  2. Hola MIGUEL CRUYFF, cuando hice el pico, el camino estaba estupendo, de hecho, había varios turismos aparcados en la zona, sólo los últimos 30 metros están peores, pero tampoco demasiado malo.
    El Buitre ya la realicé, fantástica.
    El problema es que llevo un atraso en incorporar rutas al blog, tremendo. Al menos, 45 rutas me quedan por meter (un año y pico) y al ritmo que salgo al monte, me cuesta mucho ponerme al día. Pero bueno... de eso se trata, no?

    Un saludo

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  3. Pues si , la verdad es que se necesita mucho tiempo a mi me ha llevado casi dos años ponerlas todas , y claro con este ritmo.... y si no salimos es por darle un respiro a las rodillas .....

    un saludo

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