sábado, 5 de diciembre de 2015

Circular por la Sierra de Peñarrubia. Teba



Ruta realizada el día 8 de Noviembre del 2014. 

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio, a descubrir la Sierra de Peñarrubia. Tras bichear el IGN, descubrimos estas elevaciones y, al informarnos algo, preveíamos que podía ser interesante.

Ante todo, quiero agradecer desde aquí, a los habitantes y propietarios de tierras de esta sierra, el no poner ningún cercado ni obstáculo para poder caminar por ellas. Casi me atrevería a decir, de las muchas que he realizado, que es la primera ruta donde ni siquiera he visto vallas, aunque no hubiese que saltarlas, para realizar el itinerario programado.

Procedentes de Sevilla, por la autovía hacia Málaga, nos desviamos, a la altura de Osuna, hacia el Saucejo, luego Armagen y, con dirección hacia Campillos, nos desviamos hacia Teba, donde dejamos el coche próximo al tanatorio y polideportivo, situado en una zona alta de la localidad, junto a unas naves industriales.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro trazado, directamente y campo a través, hacia la cumbre del cerro de la Camorra.

Era una ladera cómoda de caminar entre rocas y matas, principalmente de esparto.

A medida que ganábamos altura las vistas sobre el propio pueblo de Teba, su castillo de la Estrella y el cerro de San Cristóbal, usado como pista de lanzamiento de parapentes, iban siendo espectaculares.
Próximos a la cumbre del cerro, vimos cómo se transformaba en una especie de planicie amplia donde un cúmulo de piedras hacía las veces de poste geodésico.






Cerro de la Camorra, con sus 739m de altitud, conseguido. Vistas magníficas a 360º entre las que se destacaba el embalse del Guadalteba y del Conde del Guadalhorce, toda la cadena montañosa de la zona del Chorro y, curiosamente, también la Laguna de Fuente de Piedra, que jamás había visto con esa perspectiva, así como las lagunas cercanas a Campillos.



Descendimos de la cumbre, por el borde Sureste, siguiendo la amplia cordal y con unas claras vistas de lo que aún nos quedaba por realizar, la Majadilla de Antequera en primer lugar y la sierra de Peñarrubia por detrás.


Bajamos de la mole de la Camorra por el único lugar viable, cerca de la Cuesta de los Frailes, hasta conectar con un camino de tierra que, de seguirlo hacia nuestra derecha, nos dejaría de nuevo en el pueblo de Teba.



Nosotros lo abandonamos y, aprovechando senderos de cabras que luego se transformaron en una senda algo más clara, nos dirigimos en sentido inverso, siguiendo y atravesando, en última instancia, el curso de un arroyo que vertía sus aguas en el río de la Venta.


Caminábamos junto a unos paredones verticales que delimitaban el macizo de la Camorra, por su parte más Sureste.

Una vez alcanzado el río, justamente al pasar un aislado y enorme ejemplar de pino piñonero, nos dedicamos a seguirlo paralelamente por un claro sendero, dejándolo a nuestra izquierda.


Se trataba de un cauce muy estrecho colmatado por plantas de porte alto, de semillas (creo que se denominan) de estilo plumero o carrizo.



Siguiendo el curso de agua, nos metió de lleno en la increíble entrada del Tajo del Molino; una estrechez por donde el río ha ido excavando, con el transcurso de los años, un desfiladero limitado por dos altas y verticales paredes.




No te esperas ese tajo en esta sierra. Es un corte radical que divide en dos la sierra de Peñarrubia; según el IGN, Majadilla de Antequera al Oeste y Peñarrubia al Este.

Avanzamos por su interior, siguiendo el curso del río de las Ventas, y nos topamos con un antiguo molino que disponía de tres entradas de agua con las ruedas de piedras esparcidas por sus alrededores.




En las paredes se veían unas entradas cilíndricas, como bocas de cavidades, que se adentraban hacia su interior.


Tuvimos que andar con cuidado por el borde del río ya que se trataba de roca pulida y resbaladiza; un paso en falso y te pegabas un remojón que, en esta época, te debe de espabilar de un tirón!!

Tuvimos que pasar a su otra orilla aunque, algo más adelante, lo volvimos a cruzar por una especie de pequeña presa.




Pasamos por debajo del viaducto de la carretera MA-5404, dejando atrás el impresionante tajo, y llegamos a una estación automática de alerta sobre la calidad de las aguas.


Se trataba de un manantial o surgencia de aguas que utilizaban como lugar de baño y área recreativa (supongo que en verano, je, je..), ya que encontramos en la zona mesas, bancos y una piscina, con compuertas, preparada para ser llenada aunque, en el momento que pasamos por allí, estaban abiertas. Igual que le entraba el agua, salía de ella.


Continuamos con nuestro itinerario caminando por un corto tramo asfaltado, entre viviendas o dependencias relacionadas con la estación, que nos llevó a la carretera que antes cruzamos por debajo,  para visitar la cueva de las Palomas.



Un corto trayecto ascendente, con escalones de madera y barandillas, nos llevó a su boca dónde nos encontramos una estructura metálica, que era la escalera de acceso a su entrada, pero que disponía de una reja con candado que impedía el paso. Allí estuvimos charlando un rato con tres espeleólogos que utilizaban el entarimado metálico para practicar el descenso y ascenso por cuerda.


Regresamos por nuestros pasos pero, en esta ocasión, sin llegar de nuevo a la carretera, fuimos caminando a media ladera, por sendas de cabras, entre vegetación de pequeño porte como palmitos y otras variedades de plumíferas, buscando los mejores pasos. Curiosamente, en esa fecha, el suelo estaba minado por una especie de gusanos que, a nuestro paso, se enroscaban como de forma automática; unos miriápodos o milpies.



A la altura del cortijo del Tendedero, alcanzamos una especie de depósito cilíndrico donde vimos varios coches aparcados; supongo que de escaladores, pues se veían algunos practicando en las paredes cercanas.


Continuamos otro corto tramo bordeando un campo de cultivo. Encontramos como una toma de agua pero tapada mediante una placa atornillada y, al momento, una casetilla, como de bombeo, con un poste con un transformador junto a ella. Justo antes había como un pequeña presa, o más bien un muro, para retener las correntías de los arroyos. Por ahí nos metimos, por el mismo cauce seco de la Cañada de Gonzalo Gil.




Esta cañada era el cauce seco de otro arroyo estacionario que subdividía, por segunda vez, toda la sierra de Peñarrubia, pero con menor entidad.

El Tajo del Molino, que cruzamos de Norte a Sur, ahora lo haríamos de Sur a Norte.

Se trataba de un barranco muy entretenido, “pequeñito, pero juguetón”. Lo pasamos verdaderamente bien salvando los numerosos obstáculos que nos iba presentando al ir progresando por él.

A medida que nos internábamos en él, las paredes se iban tornando cada vez más altas y verticales aunque nunca como en el Tajo anterior. Aunque se vislumbraba que se trataba de un barranco en plena formación supongo que, con el paso de miles de años, podría ser similar al anterior aunque, a diferencia de aquel, no disponía de un curso de agua regular.







Terminado el encajonamiento nos encontramos con un olivar, en la zona de los Rufianes, que rodeamos por su borde. Pasamos junto a una especie de cuadras o corrales para ganado y, finalizado el olivar, nos dispusimos a subir por las laderas empedradas, salpicadas de matorral, aunque de cómodo caminar.



Todo este trayecto, hasta alcanzar el poste geodésico del Castillón, fue campo a través. Al principio entre losas pequeñas de piedras hasta que, poco a poco, se fueron transformando en grandes bloques.
Llegamos a pasar una zona de arbustos y rocas aterrazadas que le dieron un toque muy bello al lugar. Al final conseguimos alcanzar el poste cimero y, junto a él, había un recinto vallado que contenía unas antenas, un aerogenerador y unas placas fotovoltaicas.






Respecto a las vistas, se trataba de un balcón privilegiado con vistas a los embalses y todas las moles de la Sierra del Valle de Abdalajís, así como la sierra de la Chimenea, con el Camorro Alto y toda la zona del Torcal de Antequera.





La verdad es que utilizamos esta magnífica atalaya como lugar de avituallamiento y oteo, gozando de todas sus vistas durante un buen tiempo. Por supuesto fotos a mogollón, como le correspondía a este lugar.

Tras hartarnos, en los dos sentidos, nos dirigimos hacia el otro extremo, situado algo más al Noreste de donde nos encontrábamos, para acercarnos algo más al borde de esta estribación.

Siempre campo a través y entre grandes rocas, llegamos al extremo más oriental de esta sierra donde tuvimos otro magnífico balcón para fotografiar los pocos rincones que se nos hubiesen escapado en esta amplia y gratificante ruta.






Tocaba regresar a nuestro punto de inicio y, prácticamente, no dejamos en ningún momento la cordal de esta porción de sierra de Peñarrubia hasta contactar con el lugar donde salimos del barranco de la Cañada de Gonzalo Gil. Insisto, campo a través todo el camino aunque nada dificultoso para toda persona acostumbrada a caminar fuera de senderos.

A partir de aquí, seguimos campo a través por un firme de piedras, arbustos y matorral bajo pero que te permitía caminar cómodamente. Caminábamos por lo alto de la loma de la sierra de Peñarrubia, más o menos paralelos al trayecto que realizamos a la ida y a media ladera.

Decidimos aprovechar el momento ya que, al ir caminando de nuevo dirección al Tajo del Molino pero por la parte superior, nos podíamos asomar a ese balcón mirador que debería ser espectacular y vertiginoso. Por supuesto, lo hicimos, claro está ¡!

Todo el Tajo a nuestros pies. Tremendas paredes vistas desde arriba. Un lugar de infarto ¡!






Bajamos del mirador flanqueando la pared oriental y buscando las mejores opciones. En esta ocasión, recuerdo que pudimos caminar por un marcado sendero que nos llevó al punto donde iniciamos nuestra entrada en los Tajos, a la ida.

Aquí nos planteamos varias opciones. Una, regresar por donde comenzamos sin necesidad de subir de nuevo a la Camorra; otra, la de volver a pasar por el Tajo y probar suerte en no resbalarnos por las piedras pulidas y, como tercera opción, que es la que más me gustaba pero que implicaba un fuerte esfuerzo a esta altura de ruta, la de subir por un amplio pasillo, pero con un gran desnivel, que nos dejaría en lo más alto de la zona de la Majadilla de Antequera.

Antes de comenzar la fuerte subida, nos tomamos algo de líquido y algunas frutas para recobrar algo de energía y, sin pensarlo mucho y cada uno a su ritmo, fuimos ascendiendo esa dura cuesta.

Al mirar hacia atrás, las perspectivas que se iban viendo eran increíbles. Sudando a chorros pero entusiasmados con la idea de realizar una completísima excursión por toda la sierra de Peñarrubia, nos iba llevando hacia arriba casi sin esfuerzo.




Conectamos con un marcado sendero que transcurría paralelo y junto a la vaguada que formaba el cauce seco del arroyo que nacía en la parte superior, hacia donde nos dirigíamos.


Yo me salí un tramo del sendero con objeto de mirar y observar la vertiente Sur de ese lugar, viendo, en primer plano, la aldea de Huerta de la Cueva además de otras vistas como la del embalse y el macizo de Ortegicar.

Llegamos al collado, la parte más alta en la que estuvimos de esta zona, y conectamos con un carril de tierra cuando iniciamos el descenso. Pasamos una bifurcación, tomando la de la derecha y ya no lo abandonamos hasta que nos llevó directamente a la carretera, pasando previamente entre algunas fincas que quedaban a uno y otro lado del carril.



Luego fueron unos 500m de carretera y, ya en Teba, callejeamos por algunas calles hasta llegar al coche, por supuesto sin luz, de noche. Como siempre, vaya ¡!!


Cambio de calzado y veloces hacia un bareto a reponer sales minerales.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de esta ruta, pincha en el siguiente enlace:

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=11580502

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