martes, 4 de febrero de 2014

Un ocho por Pto. Boyar, túnel de Horgazal, Coargazal, Jauletas y el Hoyo

Ruta realizada el día 1 de Diciembre de 2013.

En esta ocasión me fui sólo a la sierra ya que no pude tirar de ningún compañero ni familiar (unos porque no podían y otros porque no querían) así que, procedente de Benamahoma, aparqué mi vehículo en el Puerto del Boyar.

Con mochila a la espalda y botas de montaña en los pies, inicié mi ruta de exploración ayudado de varios track cargados en mi GPS.


Llegué hasta la angarilla o portilla situada en los alrededores del puerto de las Presillas donde, algunas decenas de metros antes, hay un poste indicativo que señala varias direcciones menos la que va a la casa del Dornajo. Se trata del mismo recorrido realizado en la ruta anterior.


A partir de este punto fui descendiendo por una vaguada dejando a mi derecha todas las paredes calizas que quedaban  alineadas con el Peñón Grande de Grazalema y que terminan junto al cortijo de Albarrán.


A medida que descendía por un sendero bien marcado y claro, iba descubriendo lugares por los que no había pasado aun y que no me podía haber imaginado. Pequeños poljes hundidos y escondidos entre una vegetación exuberante entre grandes encinas y, lugares bellos y solitarios de poco tránsito.



A cierta cota se vislumbraba toda la mole del Coargazal así que, sin perder demasiada altura, me dirigí hacia él tomando un sendero que iba en esa dirección. Me metí en una zona de encinas jóvenes sobre un firme que, al principio, era de tierra y que, paulatinamente, iba cediendo el paso a las rocas calizas. Zona algo boscosa.



Poco a poco, y en ascenso, comenzaron a espaciarse los árboles y caminaba por un lugar más despejado, con encinas de mayor porte y con el macizo del Coargazal a mi derecha.


Una vez alcanzado el collado me vi sobre los Llanos del Charaván. A un lado el Coargazal y al otro, algo más retirado, el macizo del Simancón  con el Navazuelo y el pico del Pescador o Tajo Ladeado en primer término.




Pronto, fui acercándome para ir subiendo por la única vaguada posible.

Se trataba de un sendero algo más difuso pero con muchos hitos de piedras que facilitaban su localización. Me iba a conducir directamente al túnel del Horgazal.


Era un trazado algo laberíntico, siempre en ascenso,  formando muchas eses entre rocas. Sobre ellas, entre pequeños bosquecillos, te obligaban a agacharte en algunas zonas y había que caminar despacio para orientarse con el siguiente hito. Muy divertido y distraído.



Casi sin darme cuenta me di de bruces con el túnel donde estuve la semana anterior, pero localizándolo casi en sentido contrario.


Mis autorretratos y para arriba. A la espléndida cordal del Coargazal!!

Inmensos tajos y cortados casi a pico, con el Salto del Cabrero y la sierra de la Silla  al fondo.


La sierra del Pinar, de nuevo, vuelve a tomar un fuerte protagonismo. Las vistas son de primer orden.

Me fotografío por la cordal por la que caminaré y de fondo el macizo del Jauletas, mi tercer objetivo del día. 



En estos momentos me encuentro realizando mi ruta anterior, pero justamente en sentido inverso.


No había salido muy animado a la sierra este día ya que prefiero venir acompañado. Es más divertido y seguro pero, a medida que iba avanzando en este itinerario, me sentía más eufórico y contento de estar de nuevo en esta bella zona.

La principal ventaja de caminar en solitario es que vas al ritmo que te da la gana, bicheas lo que tú quieres y haces y deshaces a tu antojo. Como todas las cosas, tiene sus ventajas e inconvenientes.

Bajé del Coargazal, por la ladera que se dirige al collado que la une con el Jauletas, campo a través y bajando entre rocas y vegetación baja, aunque sin mayores problemas (siempre y cuando estés acostumbrado a este tipo de terreno)

Una vez en el collado (lugar de conexión o encuentro de las cuatro ramas del ocho proyectado) me dirigí directamente hacia el Jauletas por un sendero claro y con hitos de referencia. Se trataba de la senda de los Carboneros. Justo en lo alto de su collado tomé directamente su cordal por pura roca caliza como a mí me gusta y, en poco tiempo, estuve en su cumbre, marcada con un pequeño promontorio de piedras.




Allí piqué algo, empapándome de las magníficas vistas que se obtienen de este peculiar enclave.

A partir de este momento mi entusiasmo aumentó ya que, el resto del itinerario que me quedaba por realizar, era completamente nuevo para mí. Llevaba varios tracks, pero ninguno me ofrecía unas garantías plenas ni pasaban en su totalidad por los lugares que pensaba recorrer.

Desde aquí, agradecer a pavostrotones, yiklo61, pjluna y melkart, por compartir en wikiloc sus rutas, que yo utilicé para orientarme.

Retrocedí algo de lo caminado, por la preciosa cresta cimera, y me baje hacia la ladera, que estaba completamente colmatada de vegetación, prácticamente alineada con el comienzo de la cordal de subida al Jauletas.

Tenía grandes dudas de poder pasar por la zona. Mis compañeros habituales de ruta ya lo hicieron en una ocasión y me comentaron que tuvieron que ir, en algunos puntos, casi cuerpo a tierra para pasar entre los arbustos y plantas de la zona. La verdad es que no las tenía todas conmigo pero, orientado con los diferentes tracks y con intuición montañera, fui penetrando en ese espesor verde, sorteando los obstáculos y aprovechando las planchas de rocas calizas que afloraban continuamente.




Cierto es que, en algunos puntos, tuve que decidir los mejores pasos de entre los que se me ofrecían para una cómoda continuación y, donde las rocas desaparecían, intuir las mejores opciones para seguir adelante. 


El GPS, a pequeña escala y entre vegetación espesa, enredada y compacta, sólo orienta pero es casi imposible seguirlo.

No sé si fue la tensión o la total atención en buscar el mejor camino posible que, aunque el trayecto fue largo, cuando me di cuenta, me encontré en un gran valle despejado de vegetación donde te podías orientar claramente.


Se trataba de una zona llana y relativamente horizontal, situada a una cierta altitud superior a la vaguada, que recorría todo el lateral del macizo del Jauletas y quedaba alineada entre el Pajaruco y la casa del Dornajo con el macizo del Simancón, detrás.


Tras probar algunos senderillos que había por la zona, tomé uno que se abría entre dos piedras  dando acceso a dicha vaguada. De nuevo algo conocido (por aquí pasé cuando realicé la circular desde Benaocaz a Navazo Altoy por la casa de Fardela)


Bajé hacia esa larga vaguada y tomé sentido a casa Dornajo, dejando a mi espalda la zona del Pajaruco. 



Caminé unos 350 metros y, donde la pared rocosa forma una especie de “bahía”, una hendidura curva con rocas con formas amorfas y caóticas y con algunos árboles creciendo en sus laterales (incluso una higuera sobre las fisuras en las rocas), a la altura de una encina cuyo tronco sale paralelo al suelo y no vertical, comencé de nuevo la subida, buscando los mejores pasos por una inmensa pared rocosa que, aparentemente, no me iba a facilitar mi osadía de pisarla. Buscaba mi cuarto y último objetivo del día, la zona conocida por el Hoyo.






Comencé a subir por donde mejor me pareció sin tener en ningún momento la seguridad de poder continuar con el ascenso pero, buscando por allí, probando por aquí, poco a poco, fui tomando altura. La pared rocosa me ofrecía sus tesoros y formas ocultas que, desde abajo, eran imposible de adivinar.





Cada vez me encontraba más nervioso, como cuando a un niño le ofrecen un regalo envuelto sin saber que juguete oculta, y de repente, sin tener claro en qué consistía el Hoyo, lo tuve claro, no tuve dudas.

Se trataba de un amasijo de rocas que limitaban una zona central. Un lugar muy especial, bordeado y flanqueado por arcos de piedras y murallones con fisuras, por las que te dejaba ver sólo parte del exterior que nos rodeaba.









Estuve un largo periodo de tiempo en este lugar fotografiándome por todos sus rincones. Oteando, bicheando, escudriñando, observando todos sus pliegues.

La verdad es que mereció la pena el subir hasta aquí aunque, también tengo que comentar que, no es un sitio apto para cualquier persona. Algunos pasos son delicados y, al menos una torcedura de tobillos, es lo mínimo que te podría ocurrir.

 A mi pesar, tuve que dejar ese maravilloso entorno y continuar ascendiendo algo más, siempre bordeando el macizo de las Jauletas.




Por fin dejé de trepar entre las rocas para alcanzar una zona más abierta y entré en el reino de los arbustos.

Caminando entre ellos conseguí llegar cerca del collado que separa el Coargazal del Jauletas.




Viendo que mi trazado comenzaba a tocar su fin y todos los retos planteados fueron superados y, además, aún disponía de tiempo suficiente, me quise brindar un último antojo, subir al peñoncillo rocoso que limitaba por el lado del Jauletas, el collado.

Hacia él me dirigí y, en poco tiempo, me estuve retratando en su cumbre. Tengo que advertir de algunos pasos expuestos no son nada complejos para un escalador, pero sí complicados para algunos senderistas.




Una vez descendido del promontorio y pasado el collado, me ocurrió lo inesperado.




Tenía la experiencia del trazado que hice la semana pasada y que la conexión realizada con el sendero que procedía del Salto del Cabrero no era la mejor ni muchísimo menos, así que llevaba preparada otra opción además de saber que, en aquella ocasión, tuvimos que desviarnos de un sendero relativamente marcado para, al final, tener que superar una valla algo expuesta.

Así que, tranquilo y convencido, bajé por el marcadísimo sendero donde creía que conectaría correctamente con el procedente del Salto del Cabrero pero, todavía no sé en qué punto me desviaría, que volví a otro vallado aún más expuesto que el anterior y, aunque intenté superarlo, me fue imposible por falta de apoyos y ubicación del vallado. Valoré el riesgo y retrocedí por mis pasos (lo he querido conservar en el track para que no se tome por otros senderistas)

Nada. En última instancia vuelvo a superar el vallado de la semana pasada - pensé - pero, al menos, tenía una segunda oportunidad. Probad el sendero que tomé la semana anterior pero sin desviarme hacia el citado vallado.

Para allá que me fui. Pero, mi gozo en un pozo, el sendero se terminó en unos cortados a pico de unos veinte metros, con lo que ya sólo restaba utilizar la salida de urgencias... A por el vallado de la semana anterior y por allí, de nuevo, conectar con el camino.


Ya, el resto del sendero, fue el mismo comentado en la entrada anterior.

Insisto. No sé en qué punto me desvié y llegué al primer vallado pero, siguiendo alineado a la dirección de bajada que llevé, debe existir la ansiada conexión. No sé si realizaré un tercer recorrido por la zona, (probablemente Juan José quiera conocer esa zona y supongo que vendré de nuevo) pero esa conexión la averiguaré como sea.





En el puerto del Boyar, casi a oscuras, cambio de calzado y ropa y, de un tirón, para Sevilla.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





 Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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