jueves, 8 de agosto de 2013

CIRCULAR POR LA PUNTA DEL BOQUERÓN

Ruta realizada el día 15 de Junio de 2013.

Ruta familiar para hacer con niños y bañarse, de camino, en las aguas del Atlántico.

Fuimos Fernando con Jara, Mario, Laura y Pablo y yo, Antonio, el que les escribe, con Elena.

Procedentes de Cádiz por la carretera que la une con San Fernando, y justo antes de entrar en ella, nos desviamos a nuestra derecha por la vía de servicio (donde hay una gasolinera) desviándonos, de nuevo a nuestra derecha en la rotonda, dirección playa de Camposoto.

Llegamos tarde y fue difícil encontrar aparcamiento en toda la inmensa recta con aparcamientos a ambos lados que dispone la playa de Camposoto. Paralela a ella, nuestro objetivo, o comienzo de ruta, se encontraba justo al final de esta carretera, donde hay un puesto de la Cruz Roja.

Pretendíamos almorzar en los bares situados en la playa de la Casería o Casería de Ossio (playa de fango y poco arenosa), lo que antiguamente se conocía por la costa o playa de San Fernando y, nuestro tope eran las 15,30h largas para llegar allí. No fuese que no nos permitieran comer y, menuda faena con la tropa de niños que nos trajimos.

Así que con una mochilita a la espalda, para llevar agua y crema protectora, y con sandalias en los pies (este comienzo de frase, me rompe los esquemas ¡!!) iniciamos nuestra ruta, algo más rápido y menos relajado de lo que en un principio pretendíamos.

Situados en el final de la carretera de servicio de la playa de Camposoto, cruzamos por su último puente que pasa el caño de la Calavera no sin antes pararnos y fotografiar una especie de babosa marina que nadaba en círculos, como confusa. Es la primera vez que veo como se mueve un bicho de esos!!! De camino, también fotografiamos los típicos albures o lisas que tanto frecuentan este caño.



Pasado el puente, justo a la izquierda, se encuentra un gran letrero informativo sobre la ruta a realizar cuyo final sería la batería de Urrutia y vuelta por el mismo itinerario. Una ruta lineal. Nosotros le daremos toda la vuelta, por la propia orilla del mar, para convertirla en circular.

El trazado se realiza por tableros de madera que nos acompañarán durante gran parte del recorrido de ida, aunque bastantes tramos se encuentran bajo las arenas que se van desplazando con el viento. Caminamos por la antigua vereda de Chiclana a Cádiz.



Pasamos junto a las salinas y granja marina de la Calavera y, más al fondo, vemos el paraje natural de las marismas de Sancti Petri mientras vamos caminando entre vegetación adaptada a las brisas y entornos marinos de las que nos informaba otro letrero informativo que nos indica las plantas más comunes existentes en ese entorno. Había muchísimos lirios blancos marinos.

Otro entretenimiento que tuvimos, durante el paseo, fueron los cangrejos violinistas que corrían despavoridos cuando los niños intentaban alcanzarlos y se introducían en sus cuevas agujero que tenían a lo largo de casi todo el recorrido.

Pasamos junto a la abandonada salina de San Nicolás y, la vegetación a nuestra derecha, era la barrera natural para acceder a la otra orilla de esta punta de arena, constituida principalmente por retama, por donde, en alguna otra ocasión, he llegado a ver incluso conejos.

Llegamos a una especie de terraza o tarima en alto, construida también completamente de madera, que disponía de un gran cartel que informaba sobre el castillo de Sancti Petri. Incluso desde este mirador se veía a lo lejos la citada edificación.

Cogimos un día de marea extremadamente baja y se veía perfectamente toda esa lengua, paralela a la costa, que llegaba hasta el propio castillo. La verdad es que incitaba a intentar acceder a él caminando.

Continuamos nuestro paseo y llegamos al cartel que indicaba fin del sendero. Estábamos en las ruinas de la batería de Urrutia, una de las varias baterías afincadas en esta punta. Tengo entendido, aunque no las vimos, que existen las baterías de San Genís y de Aspiroz pero, con los niños, casi no nos da tiempo de ver ni siquiera ésta, la de Urrutia, con sus dependencias (supongo que almacenes y zonas de guardias), con los techos agujereados y maltrechos y esas magníficas almenas y merlones describiendo un sutil arco.







La dejamos atrás y salimos al río o caño de Sancti Petri. Allí recuerdo que los dos niños se fueron como balas a la última población de cangrejos que nos topamos. Justo en frente estaba el puerto deportivo y, no sé si es que las regalan o las venden baratas, pero estaba toda la orilla por la que caminábamos llena de embarcaciones varadas y los ocupantes montando diferentes tinglados, entre sombrillas y toldos, para pasar el día.



Nos encontramos con una estructura de barco de madera (lo que quedaba de él) que, por primera vez, vi completamente fuera del agua. Siempre lo he visto semihundido.

Ahora llegó el momento de las dunas y … todos los niños a remontarlas para después tirarse rodando y revestirse de una capa de harina, Uy!! Estaría pensando en croquetas?? Como se pusieron!!! No sé quién tenía más arena, si los niños o toda la Punta del Boquerón.


Nada, tras varias subidas y bajadas rodadas de estas atractivas montañas arenosas, estaba claro que tocaba un baño. Pues ala, entre un barco y otro que en esos momentos quería atracar, nos dimos un baño en esas aguas bien frías al menos para mí porque, los enanos, digo niños, entraban y salían del agua como si nada.

En estos momentos, al mirar el reloj, nos dimos cuenta que no íbamos nada bien de tiempo y, en lugar de bordear por todo el perímetro como en otras ocasiones hemos hecho, directamente cruzamos a la orilla contraria, comiéndonos el mayor espacio posible, para adelantar algo de terreno y, por supuesto, tiempo.



Por esta manga de arena seca y caliente que te obligaba a ponerte las chanclas cogí varios huesos de jibia o de choco para mis pájaros.

Al estar la marea tan baja dejaba al descubierto, en el tramo de orilla ya de vuelta, unas losas de barro compactas que, al subirse en ellas, eran como una pista de patinaje. Se trataba de un barro gris muy compacto que, en ocasiones, se veía desperdigado a lo largo de la orilla de arena en pequeños bolos aislados.


Llegamos a la altura del primer bunker. Su estado, cada vez que lo vuelvo a ver, está peor, con más rajas o las que tenía más abiertas e incluso más volcado. Eso no impidió que los niños se subieran a él y les inmortalizara con esta instantánea aunque, casi sin parar el ritmo de regreso que nos habíamos impuesto.



Más tarde sobrepasamos el segundo bunker que estaba en peor estado que el anterior.

Así caminando llegamos al final del itinerario, justo al lugar desde donde partimos. 



Antes nos limpiamos algo los pies de arena en los servicios que allí hay, algo de agua en la fuente y, rápidamente, al coche para ir a comer al bar, que llegamos a las 16h, pero que tuvieron la amabilidad de atendernos y, la verdad, que comimos bien y a un buen precio.


Tras el almuerzo nos fuimos a Chiclana, a la playa de la Barrosa, donde nos dimos un buen y merecido baño. Ya muy relajados y, antes de regresar para Sevilla, unos helaitos reconfortantes.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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