viernes, 25 de enero de 2013

RUTA LINEAL DESDE CORTES FRA. AL PEÑON DE LÍBAR


Ruta realizada el 4 Enero 2013.

Fuimos Guille, Rodri y yo, el que les escribe.

Desde Benaoján nos dirigimos hacia Cortes de la Frontera y, justo antes de entrar al pueblo, nos encontramos con una pequeña rotonda situada al lado del Instituto de enseñanza Secundaria Andrés Pérez Serrano. Tomamos la calle que, en subida, tira a la derecha y bordea por detrás el centro de enseñanza, aparcando junto a la cancela trasera de entrada al edificio.


El camino asfaltado termina justo ahí, a partir de este punto se convierte en carril de tierra.

Con las mochilas a la espalda y las botas de montañas bien amarradas y sujetas a los pies, iniciamos nuestra ruta.

Al momento dejamos a nuestra izquierda un solar, limitado por un muro de ladrillos, para albergar ganado. Siempre nos encontramos con perros guardianes que nos ladran a nuestro paso. 


De seguida nos topamos con una gran cancela, (que siempre la he visto abierta) para cerrar el paso del carril. Nosotros tomamos un sendero, que sale justo al lado por su derecha, desviándonos de la trayectoria que traíamos por el carril.


Pasamos junto a fincas particulares, dónde los dueños tienen en pequeños recintos a muchos perros, principalmente podencos, que nos están ladrando todo el tiempo.


El sendero comienza a tomar algo de pendiente y, así la mantiene hasta depositarnos de nuevo sobre el carril. Realmente se trata de un tramo para recortar la longitud dicho carril.


Por el camino nos entretuvimos cogiendo espárragos. Existen muchas esparragueras por este sendero que, por supuesto, terminaron en una buena tortilla con espárragos.

De nuevo sobre el carril, pronto vemos una fuente con abrevadero de construcción reciente y, al frente, ya observábamos la falda para subir a la cordal del Martín Gil.


Pasamos por más fincas privadas junto al cortijo del Valle, que se nos queda a nuestra izquierda, hasta llegar a una portilla grande que cierra completamente el camino.


Proseguimos hasta una curva acentuada que describe el carril, ahora con firme hormigonado, y nos desviamos por un sendero a nuestra izquierda, que funciona igual que el anterior, para ir recortando trayecto del carril principal.


Más arriba, nos deja de nuevo sobre el camino a la altura de una fuente con un gran abrevadero cerca del cortijo del Rosario. Lástima que en esta ocasión el gran abrevadero de esta fuente no estaba lleno por estar conduciendo el agua hacia regadíos, ya que aquí, siempre he tenido la suerte de ver pequeños tritones en su fondo.


Un poco más arriba, de nuevo nos salimos del ancho carril para tomar otro sendero que, en esta ocasión, no abandonamos hasta llegar al collado superior y, por supuesto por aquí, seguimos con la incansable tarea de recolección “esparraguil”.


Arriba, tras conectar por tercera o cuarta vez con el carril, (ya perdí la cuenta) nos encontramos con una bifurcación. Un camino tomaba dirección hacia el pico Pinos y el otro hacia los Llanos de Líbar que es por dónde continuamos. Recuerdo que existía una tercera dirección que se dirigía como hacia la falda por dónde se subiría hacia el Martín Gil.


Tenemos que abrir una nueva portilla para seguir nuestro camino.


Desde este punto ya vemos perfectamente el Peñón de Líbar aparentemente infranqueable pero, a medida que nos vamos aproximando caminando dirección a los Llanos, vamos contemplando el único paso posible para subirlo, una marcada línea en su falda, (como una línea de máxima pendiente de un plano) con un marcado color marrón que se diferencia del resto gris blanquecino de la roca kárstica que lo forma.



Seguimos andando hasta que observamos que el sendero por el que circulamos, a unos 15 metros, se une a un carril más ancho. En este punto hay que intentar dar con un senderillo que nos sale a nuestra izquierda y se dirige directamente hacia el Peñón.


Esta información os la doy porque fue a la vuelta, en la bajada del Peñón, cuando me di cuenta de este sendero y la verdad, es muy cómodo.

Para atacar al Peñón, nosotros emprendimos el acercamiento al inicio de la subida cuando estuvimos prácticamente enfrente de ella por lo que tuvimos que cruzar un gran caos de inmensas  piedras. Aunque, tengo que admitirlo, también fue bastante divertido y atrayente.









Una vez en la base, enfilamos la subida con tranquilidad, que aunque corta es intensa, parándonos en bonitos resaltes y echando multitud de fotos.








Todo empieza a cambiar!! Nos metemos poco a poco como en otro mundo y cambia totalmente la naturaleza. Del mundo verde de plantas, árboles, arbustos y algunas rocas, pasamos al mundo cien por cien pétreo. Parece mentira que arriba del Peñón lo que encontremos sea como un torcalito increíblemente bonito formado por multitud de hundimientos por los que puedes pasar de unos a otros y, todos ellos, formando la cumbre de este espléndido Peñón de Líbar.








He estado aquí arriba al menos tres veces y no me canso de patear, bichear, observar y llenarme completamente de este paisaje.






Ahora mismo, me estoy acordando de mi amigo y compañero de multitud de rutas, Juan José. Para él, su lugar preferido, y que no se cansaría de ir y de repetir, sería ese bello rincón de Las Jauletas, cerca del conocido Salto del Cabrero y, curiosamente para mí, sería este Peñón del que os escribo.

Es un lugar que no te imaginas que se encuentre allí arriba, tan diferente del resto de lo que le rodea.

Lugar para disfrutar, subir y bajar rocas, llegar a sus partes más bajas y luego a las más altas, escudriñar todos sus recovecos, descubrir otras encantadoras zonas justo detrás de las que en ese momento estás viendo e internarte en esos laberintos rocosos y pasillos, con la incertidumbre de no saber que te encontrarás después.

Bueno, bueno, que se me cae la baba. Se nota que es uno de mis lugares mágicos.

Prosigo que me pierdo. Encumbramos por supuesto su punto más alto, soltamos las mochilas en un lugar que, a priori, creíamos que era fácilmente reconocible y que, a la vuelta, nos hizo dar más de una vuelta para dar con él.















Tras comer varias piezas de frutas, bocatas y barritas de cereales, iniciamos el descenso.





Regresamos por el mismo camino de subida y, llegados al vehículo, nos cambiamos de calzado y tomamos dirección a nuestro pueblo imán, Montellano, dónde en esta ocasión, lo que cayeron fueron buñuelos con café y chocolate.



Todo un lujo y toque final, para un magnífico día.

En esta ruta, igual que me ocurrió con la anterior, no disponía de mi gps por avería, así que no puedo aportar ningún dato de interés técnico de la ruta aunque, si estáis interesados en visitar el Peñón, en: “Todas mis rutas en Wikiloc” podréis ver al menos dos, creo recordar, donde subo al Peñón de Líbar.


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