jueves, 15 de enero de 2015

Circular por los diferentes cerros del macizo del Huenes. Sierra Nevada

Ruta realizada el día 18 del mes de Mayo del 2.014.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, buscando una ruta de nivel medio y huyendo de las calores que comenzamos a tener. Prácticamente, a partir de estas fechas, Granada y a lo mejor Los Alcornocales de Cádiz, son los que se pueden patear sin sudar “demasiado”.

Para realizar esta ruta, me orienté con el track de “karakorumdelsur” de Rafael Blasco, en Wikiloc, tras haber leído la entrada, en su blog, “Cresteando hasta el cielo”. Desde aquí agradezco que lo compartiese con todos, aparte de tenerlo en favoritos en mi navegador.

Nos levantamos temprano, desayunamos por el camino, llegamos a Granada procedentes de Sevilla y, circulando por la circunvalación, tomamos la salida a Sierra Nevada que, posteriormente abandonamos, hacia nuestra derecha, con dirección Ogijares y La Zubia. A esta última localidad nos dirigimos y entramos buscando la salida, hacia la urbanización de Cumbres Verdes, que dejamos a nuestra derecha y continuamos, ahora por carril de tierra, hasta que el camino nos llevó a una extensión, que se utilizaba como aparcamiento, junto al cerro de Sevilla y cortijo del mismo nombre.

Una vez fuera del vehículo, nos colocamos nuestras mochilas a la espalda y las botas de montaña en los pies y continuamos por el mismo carril que trajimos con el coche. Pasamos dos pequeñas barranqueras mientras que, al otro lado, contemplábamos El Tajo Colorado, cuyo pie formaba el Barranco de las Majadillas.




Continuamos caminando por un tramo del carril que se situaba en la parte inferior de la falda del principio de la ladera que se formaba por la Cuerda del Trevenque. Alcanzado el Arroyo del Huenes, lo atravesamos por el puente de los Siete Ojos.


Aquí, el carril continuaba con la misma dirección pero por la parte baja de la falda contraria, dirección al Jardín Botánico y el área de la Cortijuela, pero nosotros nos desviamos por un sendero muy claro y preparado, que tenía unos escalones iniciales realizados con piedras, señalado mediante un poste indicativo con dirección al cerro Huenes.


El sendero era muy montañero, muy bien trazado y sobre todo, claro. Nos subía rápidamente por la ladera del cerro del Sol, bordeándolo, hasta dejarnos sobre su poco definida cuerda. Entre tanto, paseábamos entre un gran pinar y vegetación de escaso porte, como jaras y romero entre otras,  principalmente.



Las vistas de toda la Cuerda del Trevenque, así como el propio pico, las tuvimos continuamente en la subida.


Justo en la cuerda del cerro Sol, nos encontramos con una bifurcación, señalizada mediante un poste indicativo, que nos marcaba una dirección hacia el Huenes que no tomamos, y otra hacia el pico de la Carne, que sí tomamos. Del cerro Sol, ni noticias, pero es la elevación existente siguiendo la cordal antes del indicado.




Próximos a la primera cumbre que pisaríamos, nos encontramos con un pequeño risco rocoso con una cruz metálica colocada en lo alto y una inscripción que no recuerdo ahora, aunque creo que no se trataba de ninguna placa en recuerdo o memoria a alguien.


Las vistas por encima del Trevenque de toda Sierra Nevada, casi con todo su manto blanco cubriéndola, era espectacular. Con ese fondo, quién no aprovecha para echarse unas fotillos??

En poco tiempo, encumbramos el Cerro del Sol con sus 1.728m de altitud, un mirador natural excepcional. Nos lo tomamos con calma, gozando de sus vistas y del precioso entorno.






El siguiente en el listado era el pico de la Carne, que lo teníamos en nuestro punto de vista. Sólo teníamos que recorrer la cordal que los une para llegar a su cumbre. Éste, poseía como un pequeño torreón rocoso en lo alto e intuía que había que trepar algo para poderlo pisar con todo el respeto, con nuestras botas.


Para allá que fuimos, por un perfecto sendero con mucha gravilla suelta pero sin demasiada pendiente salvo en el ataque final. Aunque ninguna cosa de otro mundo!!



Justo en el momento de realizar la última trepada, Mª José no lo vio demasiado claro. Tenía su punto aéreo y prefirió bordearlo. Yo subí y me autofotografié con el Trevenque, los Alayos y Sierra Nevada de fondo. Un entorno inmejorable, envidiable y gratificante.

Pico de la Carne conseguido, con sus 1.806m de altitud.




Bajé con cuidado de esta atalaya, pues el terreno era bastante resbaladizo y había que pisar con bastante precaución, uniéndome rápidamente de nuevo con ella para proseguir con nuestra ruta.


El siguiente en el listado era el Cerro Gordo que, pronto, engrosaría mi historial de picos conseguidos.

Para llegar a él, tras bajar del de la Carne, tuvimos que ir por una cordal con un sendero también bastante bien marcado pero muy pelado de vegetación. Solo existían esporádicas plantas, de pequeño porte, esparcidas y poco aglutinadas. La parte superior de la línea de pinos que se encontraban sobre las laderas, se quedaba a unos diez metros por debajo nuestra.




Era un firme compuesto de pequeñas piedrecitas grises y algo polvorientas. Un terreno incómodo para las grandes pendientes, sean de subida o de bajada.

El trayecto, no fue en línea recta como ocurrió con el anterior, sino que describía casi un arco de 180º, siempre por la divisoria de vertientes aunque, por nuestra derecha, era mucho más acusada. Terminado el arco descrito, nos encontramos con un pequeño peñón rocoso previo a la subida de la ladera de nuestro siguiente objetivo.

Subimos para realizarnos algunas fotos y, aunque el fondo prácticamente era el mismo que los mencionados anteriormente, parece como si, desde cada punto de vista diferente, fuese aún más espectacular. No nos cansábamos en absoluto de admirar ese bello paisaje.





Una ladera totalmente pelada, formada por diferentes calibres de roca, nos dejó en su cumbre. Un cúmulo de rocas apiladas con un palo torcido del que colgaba una prenda sucia y reseca, nos recibió como poste geodésico.

Vistas amplias e impactantes a 360º. Sin dejar de ser una ruta fácil para todo aquel senderista con experiencia, se trataba de una ruta que te envolvía, te iba pidiendo cada vez más. Una bonita experiencia para los sentidos. Muy aconsejable.

Bueno ¡!! Cerro Gordo conseguido, con sus 1.885 m de altitud. Se trataba de una elevación bastante curiosa ya que destacaba, sobre el entorno, por poseer todas sus laderas exentas de plantas y cubiertas por piedras de poco tamaño. De color gris amarronado, sobresalía sobre el verde de los cerros de su alrededor además de, por su mayor cota.



Bajamos por una de sus pequeñas estribaciones, casi por su máxima pendiente, con precaución por lo resbaladizo del terreno. Antes de subir al siguiente, el de las Minas, nos paramos un rato en la vaguada que formaban ambos y nos entretuvimos con unos postes caídos que encontramos allí. 

Supongo que serían antiguas estructuras para líneas telefónicas o, igual, eléctricas. Estoy detrás de conseguir un aislador de esos antiguos de vidrio o incluso de porcelana, no demasiado grande, para mis vitrinas murales donde tengo multitud de rocas y minerales cogidos de mis diferentes recorridos. Todos ellos etiquetados con una información detallada.

Continuamos hacia el cerro de las Minas que alcanzamos rápidamente y casi sin darnos cuenta. Con sus 1.849m de altitud, fue el único que no daba mucha sensación de elevación o, al menos, eso me pareció a mí.




Enseguida nos dirigimos hacia el siguiente, el principal de la zona, y motivo por el que realizamos esta circular.

Casi en línea recta caminamos, al principio, descendiendo con algo de pendiente para luego, continuar mucho más suave sobre la zona conocida como la Llanada del Chopo. Se trataba de un bosque, no demasiado denso, de pinos esbeltos donde, el sendero, a veces no estaba demasiado marcado. Todo el suelo estaba tapizado de una copiosa hierba que servía de pasto para el ganado doméstico que pudimos observar por la zona. Además de sus heces esparcidas, claro!!


Ya en ascenso, la loma herbosa se transformó en bloques pétreos y, sobre ellos, caminamos junto a plantas como cardos bravíos y cebolletas silvestres. Localizamos visualmente el poste geodésico del Huenes pero nos asomamos, primeramente, a la parte más elevada del promontorio situado más al Este, de 1.806m de altitud, donde teníamos unas inmejorables vistas de la ciudad de Granada, entre otras.






Retrocedimos algo por nuestros pasos para enfilar directamente, a continuación, el Huenes. Sorteando pequeños bloques de piedra y matojos alcanzamos, de forma rápida, el poste geodésico del pico Huenes con sus 1.798m de altitud.



Tras las fotos de rigor, bajamos de la atalaya, con dirección Sur, de nuevo por el bosque de pinos pero, a diferencia de antes, el firme eran las propias ramitas y agujas secas, lo que tapizaba el suelo.


Nuestro siguiente objetivo se llamaba Cerro de Tamboril y, entre éste y el cerro del que procedíamos, se abría un acusado barranco, denominado del Lobo, que nos obligó a tener que bordearlo ligeramente en lugar de abordarlo, directamente, en línea recta. Aquí si caminamos un tramo campo a través aunque sin ninguna dificultad que recuerde. Cortos trayectos de carril hasta que, cuando lo tuvimos cerca, lo atacamos directamente y lo encumbramos.


Cerro de Tamboril conquistado con sus 1.775m de altitud. Lo utilizamos  para reponer energías, como lugar de avituallamiento, aunque también recuerdo invertir un buen tiempo como fotógrafo de la naturaleza. Nos pasaban, y se nos paraban por los alrededores, multitud de mariposas de diferentes colores. Recuerdo haber estado entretenido un buen tiempo con ello, a ver si cazaba la imagen perfecta. Entre muchas, siempre sale alguna que merece la pena, je, je..







Con esta última elevación terminamos los objetivos de las diferentes cotas del recorrido. Salimos dirección Este cruzando, por su parte superior, el barranco de las Majadillas y conectando con el marcado sendero que nos llevaría de vuelta.

Recorrimos, en descenso, una atractiva y montañera senda, por la ladera Oeste del pico de la Carne, que nos condujo hasta el cruce donde, por la mañana, a la ida, nos desviamos hacia el pico de la Carne.


Ya sólo nos quedó recorrer el mismo trazado de la ida, aunque nos refrescamos algo con el agua del arroyo del Huenes, a la altura del puente de los Siete Ojos, que estaba fresca y cristalina.






Por carril de tierra llegamos al coche donde, tras cambio de calzado y alguna prenda, regresamos a Sevilla del tirón.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





 Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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