miércoles, 3 de febrero de 2016

CIRCULAR COMPLETA POR EL TORCAL DE SIERRA DE LA UTRERA

Ruta realizada el día 23 de Diciembre del 2014.

Fuimos Guillermo, Juan José y yo, Antonio, a patear este precioso torcal con la idea de crear unauta realizada d circular. Bordeándolo, primero, por el Canuto de la Utrera y, luego, por el río Manilva, terminaríamos cruzándolo completamente por medio de la Sierra de la Utrera.

De nuevo, aparcamos exactamente en el mismo lugar que lo hicimos en el otro trazado por esta sierra. 


Véase la anterior entrada:


Bajamos el Canuto de la Utrera en poco tiempo. Para mi, era la segunda vez que pasaba este recorrido pero, para ellos, fue la primera. Y yo, casi no me di cuenta!





Luego proseguimos por el cauce del río Manilva, escudriñamos la Ermita de San Adolfo, el puente para salvar la acequia, el río, los Baños Sulfurosos de la Hedionda y alcanzamos, como en el anterior recorrido, la poza de las Palomas.














Este recorrido lo he comentado muy por encima, ya que coincide con el que hice anteriormente (pinchar sobre la anterior entrada, si lo queréis leer más detalladamente) La vez anterior, regresamos por el mismo camino que el de ida pero, en este actual, buscamos el paso para continuarlo de forma circular.

En la Poza de las Palomas estuvimos intentando continuar por el propio cauce del río pero, ante el riesgo de un remojón o lo que es peor, un mal golpe, desistimos en nuestro intento de alcanzar la siguiente, la Poza del Diablo.

Retrocedimos unos 120m por el mismo camino que nos llevó a la poza y, en la margen Este, a nuestra izquierda según caminábamos de regreso, encontramos un hito y un claro sendero que, por esta margen, iba tomando progresivamente cierta altura respecto al cauce del río.


A unos trescientos metros del comienzo descubrimos unos miradores naturales, unos balcones pétreos colgados a unos cien metros de altura sobre la superficie del agua, que nos sirvieron de lugar privilegiado de oteo y observación de la Poza de las Palomas, así como de todo el valle, longitudinalmente, por donde discurrían las aguas del Manilva. Allí cayeron unas naranjas, ya que el lugar lo merecía.




Continuamos subiendo por el claro y marcado sendero y, a la altura donde suponíamos que podría estar la Poza del Diablo, nos asomamos por senderillos laterales al nuestro en dos puntos.

Nos quedamos asombrados de lo que vimos. Si hubiésemos querido podríamos habernos acercado algo más pero no era ese el objetivo principal de la ruta. Además no teníamos ni idea de cuánto tiempo nos iba a llevar nuestra aventura completa.

Se trataba de formaciones pétreas espectaculares; como dos torres que vigilaban el paso hacia la Poza, que en ningún momento pudimos divisar aunque sabíamos que estábamos sobre ella.

Un precioso arco rocoso, al que podríamos haber llegado, coronaba una de ellas. Un entorno magnífico.






Tras un buen rato fotografiando ese espectacular lugar, proseguimos por el sendero hasta que dimos con una cancela. Al abrirla, llegamos a los restos de un antiguo molino, Molino del Cancón, que bicheamos por sus ventanas. Dimos con un carril de tierra, justo en una curva a 180º. Teníamos que tomar el brazo izquierdo, según nuestra marcha, pero preferimos atravesar un puente, que atravesaba el río, que encontramos algo más a nuestra izquierda. Al final terminamos caminando sobre él.





Sabíamos que el camino realizaba una amplia curva e intentamos recortarla por el supuesto cortafuego, en la zona del Calero, que debería tener, longitudinalmente, el tendido eléctrico que pasaba por allí. Sin embargo, se trataba de un bosque denso impenetrable, así que no nos quedó otro remedio que continuar, pacientemente y cuesta arriba, por ese feo carril. Eso sí, con vistas a unas mansiones de lujo a la altura del Molino del Madrileño, totalmente integradas con el entorno y con una amplia caballeriza junto al camino. Todo un lujo de algunos señoritos.

Llegó un momento en el que tuvimos unas extraordinarias vistas del pueblo de Casares, pueblo natal de Blas Infante, Padre de la Patria Andaluza, y de toda la sierra Crestellina, que tuve la suerte de realizar semanas atrás. 


Véase la entrada:


Continuamos por ese camino hasta que, llegado un punto, nos salimos del mismo, lo abandonamos para pasar justamente por la parte superior del teórico cortafuegos.

Pasamos una portilla. Ahora seguíamos un sendero, a veces maltrecho, que nos llevó, algún tramo, bajo los tendidos eléctricos; de hecho, llegamos a la base de una de esas estructuras metálicas.



El sendero dejaba al Norte, a nuestra derecha, un pequeño cerrillo, y nos conducía hacia la carretera que une Manilva con Casares, la A-377. Nosotros, a esa altura del recorrido, ya teníamos las primeras vistas e impresiones del precioso torcal y comenzábamos a sentir la idea de “ponernos el traje de faena”. A eso habíamos venido principalmente, a intentar hacer una incursión que atravesase todo este torcal.


Nos despedimos del senderillo y tomamos dirección Sur para enfilar, directamente, el mar de rocas típicas que forman los torcales, ese tipo de tortas o galletas superpuestas unas sobre las otras.

Se trataba de un torcal complementado con muchísima vegetación. Mi temor era más, a la vegetación tupida que no te permite progresar, que a los posibles desniveles y hundimientos que se producen en estos tipos de terrenos, pero todo estaba por descubrir.

El primer contacto con las piedras, fue muy grato y cómodo. Alcanzamos un sombrerete la mar de mono y, después, nos dirigimos hacia la nave espacial de la Guerra de las Galaxias “el Halcón Milenario”, la de los Buenos…. Allí picamos algo e hicimos el “gamba” un rato.







A continuación nos fuimos a un saliente situado al Este, como observatorio excelente. En este trayecto, ya dimos buena cuenta de lo que nos esperaba con la vegetación, enganchones, pinchazos, tropezones… Pero merecía la pena llegar hasta aquí. Vistas espectaculares de Manilva y toda esa parte de costa, con un mar Mediterráneo azul precioso.






También observábamos la caída de esa ladera hacia el río Manilva, espectacular. Hay que estar allí para poderlo comprender. Rodeados de rocas y planchas por todas partes y saltando de una a otras como cabras.




Me gustaría haber alcanzado la parte más alta del Torcal, que se nos quedó al Oeste, pero suponía mucho tiempo y la incertidumbre de lograrlo nos acobardó. Espero que se trate de una excepción y no vuelva a ocurrir más.

Proseguimos y es cuando descubrimos un hecho anecdótico. Durante nuestro recorrido descubrimos bastantes piedras de molino talladas en el lugar y por supuesto dejadas allí, ¡! a ver quién las sacaba ¡!



No entendíamos el porqué de esas piedras ¿Algo de presencia sobrenatural?? O es que iban a tallar por la zona aprendices de canteros?? Lo cierto es que, la primera que vimos, nos pareció una auténtica piedra de molino, aunque pensamos que se trataba de una casualidad y una semejanza bárbara, pero cuando comenzamos a ver otra y otra más, ya mosqueaba, je, je..

Progresábamos muy lentamente. Normalmente nos subíamos a alguna zona alta y, desde allí, intentábamos buscar un recorrido apto que, a veces, era truncado por un desnivel inaccesible o por existir vegetación tupida y pinchosa o, únicamente, por no tener claro por dónde tirar.








Aventura al cien por cien!! Arañazos (algunos sangrando por las manos y brazos), porrazos en los empeines, saltos de vértigo, fisuras de varios metros de profundidad y solo usar el GPS para ver la dirección a seguir ya que, metidos en faena, la desorientación era espectacular.

Por supuesto, todo tipo de formas pétreas, cada cual más increíble y luchando contra el reino vegetal constantemente. Nosotros, gozando como enanos y encontrando ruedas de molinos por todas partes y en los lugares más inverosímiles. Las vistas sobre el mar las tuvimos en muchas ocasiones, el contraste estaba asegurado.




Llegó un momento que se nos minó algo la moral. Muchos intentos nulos, progresiones en falso, roce continuo con los arbustos, incertidumbre continua, desniveles de todos los tipos, pero …. localizamos en esos momentos un muro realizado con piedras ¡ La mano del hombre !! Estábamos cerca de conectar con la zona en la que estuve hace algunas semanas atrás, y así fue. Dimos con los senderillos claros y marcados situados en la parte más Sur de esta sierra y, ya algo más relajados, nos dimos una vueltecita por ellos para ver algunas formas características de las que gocé en mi anterior escapada.



Ya solo nos quedó acercarnos al borde Sur, a su contorno, sobre el propio Canuto y con unas espléndidas vistas sobre la otra vertiente o lateral, Villa Vieja, y tomar una clara senda que nos bajaba, pasando por una pequeña y antigua cantera, hasta conectar de nuevo con el carril que, por la mañana, tomamos de ida.






Cambio de calzado y alguna prenda y disparados para Montellano a reponer sales y energía gastada y comentar los momentos vividos.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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