lunes, 1 de julio de 2013

CIRCULAR POR EL CANCHO DE ALMOLA

Ruta realizada el 19 de Mayo de 2013.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, el que les escribe.

Procedentes de Ronda, y por la carretera que se dirige hacia San Pedro de Alcántara, nos desviamos hacia Cartajima y, antes de llegar al pueblo, dejamos el coche junto a la carretera a la altura de un gran cortijo “Cortijo de las Aguzaderas”, aproximadamente sobre el kilómetro 3 que vemos a nuestra izquierda. 

Aparcamos al lado contrario, en una salida con cancela, del cortijo que está enfrente y situado en la margen por la que circulamos.

Con las mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, comenzamos nuestra ruta por un sendero-carril que se iniciaba tras pasar una cadena que impedía el paso y estaba sujeta a dos pilarillos de hormigón con el símbolo dibujado de sendero de corto recorrido (blanco y amarillo).


Atrás dejábamos el cortijo de las Aguzaderas plagado de cabras que estaban descansando en la zona reservada para ellas y, delante nuestra, se situaba nuestro objetivo: el Cancho de Almola, una tremenda “torta caliza” con paredones verticales bordeándolo.



Caminamos durante un corto trayecto paralelos al cauce de un arroyo seco temporal desde el que se observaba la carretera que trajimos.


Cruzado el cauce nos encontramos con una suave pendiente en ascenso correspondiente a la ladera de subida hacia la base del Almola. Estaba recubierta de hierba y de retamas aisladas  distribuidas aleatoriamente.

Fuimos subiendo por el mejor camino que nos iba pareciendo. Era fácil y cómodo, aunque a medida que avanzábamos la pendiente se iba incrementando.

Dejamos atrás el pueblo de Cartajima, que se veía al fondo. También dejamos atrás, y algo a la izquierda, al cerro de Malhacer, donde ya subí con Guillermo procedentes del pico Jarastepar.



Subíamos bordeando y dejando toda la mole del Almola a nuestra izquierda, buscando una pequeña portilla o, mejor dicho, un hueco en la valla, situada en su zona más exterior. 


Una vez superada, entramos en contacto de verdad con las piedras calizas. Un último vistazo hacia atrás para contemplar ese cono perfecto del Malhacer y proseguir con la ruta.


Pasado un pequeño caos de piedras grandes nos encontramos con un pequeño prado, antesala de la falda pétrea del Almola, por donde tuvimos que conducir nuestros pasos.

El terreno pasó de hierbas a rocas aisladas que cada vez iban siendo más frecuentes, al igual que la pendiente que, cada vez, se iba haciendo más exigente.





Pero en nuestro ascenso, nos ralentizó el ritmo una oquedad o abrigo que divisamos sobre una de las paredes verticales, y a la que decidimos visitar y explorar que, aunque curiosa, con el suelo repleto de tierra mezclada con excrementos (supongo que de cabras) e, incluso, con cierta profundidad, no dejaba de ser un abrigo amplio.



Tras esta corta visita continuamos con la ascensión y el porcentaje de roca iba aumentando. A veces caminábamos sobre placas amplias. Conectamos con un sendero que nos suavizó la pendiente gracias a los zigzag que formaba. En ocasiones nos tuvimos que ayudar de las manos.






En estos momentos nos encontrábamos de lleno en el paraíso de las rocas, muy próximos a llegar arriba de la plataforma, desde la que vimos la cantera que existe cerca de allí.


Una vez en lo alto, nos dimos cuenta que el Almola se trata de una enorme superficie con diferentes hundimientos y, toda ella, completa de un tapiz de rocas normalmente redondeadas cómodas de caminar (eso sí, siempre que se tenga experiencia en este tipo de firme)






Desde ese punto se observaba el cúmulo de rocas acumuladas en forma cónica que representaba su máxima altura pero decidimos hacer un recorrido circular por su superficie, por conocerla mejor y más ampliamente, antes de coronarla.

Mi idea inicial era la de seguir todo su perímetro pero, a Mª José, el tema de andar por las rocas no le va nada, “quiere y reivindica los senderos”, así que tuve que recortar bastante mi recorrido pensado.

En algunas zonas la roca era sustituida por pequeños y coquetos llanitos herbáceos, dando un toque de distinción a toda esta masa gris y dura.


Recuerdo un pequeño hundimiento, totalmente despejado de rocas, en cuyo fondo y centro existía una pequeña circunferencia, como fondo de alguna charca temporal.


Las vistas eran amplias y profundas y se veía, a lo lejos, hacia todas direcciones.


El contraste entre el verde y el gris blanquecino era espectacular. Cuando ibas caminando por extensas superficies de roquedo, de repente, te encontrabas con un diminuto llanito de hierba verde. Esas alternancias eran constantes.


Tras estar a unos 70m del borde vertical, por la zona norte del Almola, decidimos subir a su punto más alto.



Eso implicaba subir una cierta altitud perdida ya que, en la superficie del Cancho, aunque casi inaccesible desde la mayoría de los flancos, en su parte superior podía perfectamente presentar diferencias de altitud de unos 150m entre el punto más alto y el más bajo.

Divisada su cumbre nos dirigimos directamente hacia ella. Nos echamos nuestras merecidas fotografías, tomamos algo de comer y nos desplazamos hasta el borde oeste del macizo donde nos encontramos con verticales de vértigo y un brazo prominente conocido como el Caucón, según el IGN.




Algunas fotos por esta zona “cerca del borde de los abismos”, fotografías espectaculares y, tras regodearnos en este magnífico paisaje, decidimos regresar y dar por concluida la visita al Cancho. 





Para ello retrocedimos algo por nuestros pasos, de nuevo pasamos por su cumbre, y aprovechamos la ocasión para hacer la foto de pareja.


Recuerdo la preciosa vista desde aquí de la ciudad de Ronda y de su impresionante tajo.


Buscamos un nuevo punto para bajar, diferente al de subida, que habíamos visto cuando pasamos cerca de la zona y, para ello, recorrimos otros nuevos rincones, iguales o más bellos que los anteriores.




Ya en el punto de bajada, descendimos buscando un sendero que comenzó a bordear parte del Almola y que llevaba la dirección para unirse, más abajo, con el itinerario que usamos para subir por la mañana.



Una vez que realizamos el contacto, ya sólo nos quedó seguir el mismo trayecto de ida. Sólo en la parte final buscamos un regreso más directo y es por lo que el recorrido muestra una pequeña circular o pancita,  al principio o al final, según se mire.

Fotografié este extraño prototipo de avión cuando estábamos llegando al coche y realicé esta última foto al Cancho de Almola desde la carretera para tomarlo por completo y conservar el recuerdo del pico conquistado.




Por supuesto como casi siempre, raudo y veloz a por las ricas tapas y cervezas de nuestro ya clásico bar de Montellano.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, sólo tienes que pinchar sobre el siguiente enlace:

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