viernes, 22 de enero de 2016

INTEGRAL POR LA SIERRA DE SAN JORGE. Villanueva del Trabuco

Ruta realizada el día 20 de Diciembre del 2014.

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio, a patear esta sierra a la  que ya le teníamos ganas desde hace algún tiempo.

Desde Sevilla y por la autovía de Granada, a la altura de Archidona, nos desviamos y tomamos hacia Villanueva del Trabuco. Pasada la población por la carretera comarcal MA-4100, en el kilómetro seis, pasada la Ermita Virgen del Pilar, nos desviamos a la derecha, según el sentido de marcha, por un camino de tierra, “Camino de los Poyales”, donde aparcamos nada más entrar, pegados en su margen.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos esta circular caminando de forma relajada por el camino de tierra en sentido Suroeste. No solemos realizar este tipo de comienzo, más bien, intentamos realizar, de entrada, lo duro y pendiente y dejar para el final, si es posible, la parte más cómoda pero, en esta ocasión, hicimos una excepción, aunque provocada también por el desconocimiento del terreno que íbamos a patear.


Pasamos próximos al cortijo de los Poyales y, más retirado, el del Higueral. De repente nos encontramos a nuestra izquierda la Fuente de los Cien Caños, diferentes caños situados a distintos niveles y aterrazados unas filas respecto a otras. Todo cubierto de una capa de musgo verde, síntoma de estar en continua humedad.




Según indicaba un cartel informativo situado junto a esta fuente, se trataba de la conducción del agua que emanaba de la entrañas de la Sierra de San Jorge y las conducía hacia el río Guadalhorce. Enfrente, al otro lado del carril, existía una inmensa explanada con multitud de asientos y mesas, supongo que será el lugar donde el cartel anunciaba la celebración del día de San Marcos por parte de los trabuqueños.

Tras las numerosas fotos, desde todos los ángulos posibles, a esos numerosos chorros de agua, proseguimos por el carril. Enseguida dimos con otros dos carteles informativos más, uno indicaba las diferentes zonas de escaladas que había por la zona, el otro informaba sobre un recorrido de senderismo, que catalogaba como de dificultad alta, para recorrer parte de esta sierra.

Seguimos caminando con vistas amplias en las que se distinguía, a lo lejos, el pueblo de Villanueva del Trabuco y las sierras de las Cabras, Torcal y Camorro Alto, entre otras, con un halo de niebla entre ellas que le configuraban un aspecto extraordinario.


Más adelante un nuevo cartel, éste con un cristal o un plástico similar, nos informaba sobre la práctica de parapente en esta sierra, así como de sus artimañas.


Proseguimos... Aquello tenía más anuncios que una peli en la uno a las once de la noche... je, je, es broma.

Contactamos con un carril de mayor anchura casi perpendicularmente, el “Camino de Archidona a Alfarnate, Realenga de Alfarnate”. Por supuesto, bajo la indicación de unos nuevos carteles, ja, ja… uno, que señalaba en sentido inverso al que llevábamos, la Ruta de los Nacimientos: Los 101 Caños y, otro metálico, que indicaba la dirección hacia los sectores de Escalada-Vía Ferrata y Camping y, en el mismo cartel, la dirección hacia la Fuente, Parapentes, Espeleología y senderismo aunque, esa última, también en dirección contraria a la nuestra. Y eso que nosotros estábamos haciendo senderismo, o ¿es que el cartel intuía que el senderismo como tal, no iba con nosotros? Más bien el senderismo extremo o el Cabra ¡!!


Se trataba de un amplio y perfecto carril o camino, por donde incluso pasaban vehículos a motor, como tuvimos la oportunidad de comprobar. Vimos a un pequeño camión, como de limpieza y mantenimiento del bosque. Siempre en continuo ascenso.


Pronto lo abandonamos para, por fin, meternos en un marcado senderillo que, aunque paralelo al mencionado carril, al menos, caminábamos en un terreno más agradable para nosotros.


Esta senda, al igual que el camino, bordeaba toda la zona Suroeste de esta sierra llevándonos por la parte baja de la ladera del Cerro del Tajo Tello.

A la altura de una edificación de curiosa planta y gran entramado de cubiertas de tejas muy elaboradas para esa zona, justo donde existía un desvío del camino principal, decidimos tirar para arriba por un sendero bien marcado que nos llevaba en la dirección del pico más alto de esta sierra y que yo, a falta de otra información, bautizaré como el San Jorge.



Fuimos dejando el pinar abajo y, por la parte más alta, encontramos encinas aisladas hasta que, en la parte superior, lo que había eran rocas calizas rodeadas de matorral bajo, principalmente esparto.

Las vistas iban siendo amplias y dejaban ver las sierras de alrededor, destacándose la Maroma que aún conservaba nieve en su parte alta. Tuvimos que superar un vallado que, durante un corto trayecto llevamos lateralmente, para acceder a su cumbre. Supongo que serían límites municipales.



Tras alcanzar una antecumbre, nos encontramos con una estupenda cordal caliza que tuvimos que ascender haciendo, a veces, uso de las manos. Cuando mirábamos hacia atrás, veíamos la sierra del Jobo, espectacular, así como la sierra Gorda. Ademas, estábamos rodeados de otras muchas, como la de En medio, Camarolos incluso Gibalto, al Norte nuestro.





Alcanzada y pisada nuestra más alta cumbre de la jornada, pico San Jorge, nos tomamos unas narajitas gozando de las maravillosas vistas que disponíamos desde allí y del claro día que tuvimos.



Continuamos con la ruta desplazándonos algo por su cuerda pero, pronto, realizamos un drástico giro para dirigirnos hacia el pico más representativo de esta sierra, bajo el que pasamos para acceder a éste último. Tomamos dirección Oeste, caminando por auténtica roca caliza, y volvimos a pasar el vallado anterior por un punto diferente.


Tal como íbamos bajando de esta cumbre, veíamos perfectamente el recorrido que nos quedaba por realizar hasta encumbrar nuestro siguiente objetivo. La zona rocosa se transformó en zona herbácea, con rocas diseminadas, donde se caminaba estupendamente.

Antes de la elevación principal había una intermedia que dejamos al lado por no tratarse de una significativa que nos fuese a aportar diferentes vistas. Pasamos por pequeños llanos, ubicados entre las diferentes elevaciones, casi como superficies similares a los campos de futbol si no fuese por algunas que otras piedras desperdigadas por la zona.



La subida al cerro del Tajo Tello fue por caliza, aunque no tan densa como en el primero. Vistas similares aunque, éste, aun siendo una elevación periférica (situada en su contorno) como el anterior, permitía unas profundas vistas hacia el Oeste que, en ese día, para mí, eran las más impresionantes, tratándose de un inmenso balcón natural que dejaba otear esas nieblas que, a lo lejos, se intercalaban entre las diferentes montañas que formaban el horizonte tratándose de un bello espectáculo.



Tras un tiempo en su cumbre, decidimos continuar. Tomamos dirección Noreste por una marcada lengua de tierra que dividía perfectamente toda la sierra de San Jorge caliza en dos partes diferenciadas  y con una lagunilla, en su fondo, muy marcada. Supongo que en verano no existirá rastro alguno de ella.




Bajábamos por la zona conocida del Quejigal, campo a través, en ocasiones, aunque de fácil caminar. Poco a poco descendimos hacia esa plácida llanura, con esa bonita laguna en su centro. Rodeada de multitud de animales domésticos: caballos, ovejas y cabras, principalmente.




Elegimos un buen quejigo y, a su sombra, dimos buena cuenta de nuestras viandas, algunos, regándolas con cerveza cruzcampo especial fresquita. Todo un lujo.

Tras el “almuerzo”, nos salimos de esta especie de manga y nos dirigimos hacia las elevaciones calizas que teníamos situadas al Norte. Se trataba de una serie de elevaciones ubicadas en el contorno de esta sierra, esta vez situadas en su parte Noreste, aproximadamente encima de la fuente de los Cien Caños.

De nuevo por firme rocoso calizo, subiendo por toda su cordal y recorriendo un pico tras otro. Disfrutando como enanos. ¿Qué haríamos sin crestas y cordales?


Teníamos enfrente el pico que subimos en primer lugar, al Sur exacto de  nuestra posición. También fotografié mi coche, que veíamos desde lo alto de ese maravilloso lugar. Una preciosidad, difícil de olvidar, realizar esa entretenida y disfrutona cordal.



Una vez realizada y descendida, nos encontramos con otro vallado que tuvimos que superar. Esta vez, se trataba del límite provincial de Villanueva del Trabuco.

Encontramos algunas hierbas cubiertas aun por escarcha en este tramo intermedio. Nos dirigimos hacia la siguiente serie de picos calizos que temblaban con nuestra llegada, ya que, pocos de ellos, se quedaron sin pisar.

Desde que subimos a las elevaciones anteriores, transitábamos campo a través, principalmente entre rocas. Ahora nos tocaba la zona del Penal, otra serie de piquitos rocosos que, uno tras otro, fuimos pisando, por supuesto, con los máximos respetos. Teníamos vistas alucinantes hacia todas partes hasta que llegamos al último pico de esta serie con la Sierrecilla, justo enfrente, al Este de nuestra posición. Otra cordal tentadora que habrá que preparar.









La luz diurna iba menguando y aun nos quedaba faena, pero eso ya es una costumbre u obligación en nosotros.

Descendimos de la última cumbre conquistada aprovechando una pequeña vaguada en dirección perpendicular a la Manga. Era una especie de vaguada formada por la Sierra de San Jorge con la Sierrecilla y por donde discurría un arroyo que alimentaba al río Guadlahorce y un claro carril de tierra que la recorría longitudinalmente.









Conectamos con un claro sendero que nos iba bajando progresivamente por la ladera contraria a la Sierrecilla y comenzaron a aparecer, cada vez más abundantemente, matas, matojos, arbustos y árboles.

Caminábamos paralelamente a una cota mayor aunque, poco a poco, nos íbamos nivelando respecto a la Manga. Recorrimos un largo trayecto por la ladera y pasamos, desde lo alto, a la altura del cortijo de la Manga, con la sierra de Gibalto al frente como la más representativa.





La noche nos estaba dando caza y, en esos momentos, era cuando pasábamos por un bosque más denso, lo que incrementaba la oscuridad. Recorrida casi toda la ladera correspondiente a la estribación por la que caminábamos, dejamos el sendero y nos dirigimos perpendicularmente al carril, recorriendo un vallado lateral, durante un tramo del trayecto.




Cruzamos el arroyo y alcanzamos, por fin y justo a tiempo, el carril, llegando a la cancela cerrada de Finca La Manga con carteles de vigilancia de campo y caza y con un vallado a prueba de saltos.


Continuamos por el carril, ya con la noche encima. Cruzamos el río Guadalhorce y conectamos con la carretera, que tuvimos que recorrer durante un kilómetro, con los frontales en la mano, como indicadores luminosos, para los pocos coches que por allí pasaban.



Una vez en el coche, cambio de calcetines, calzado y alguna prenda y, si no me equivoco, terminamos en Montellano. Eso sí que es afición!!!

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha en el siguiente enlace:

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